Más allá de la función técnica de salvar obstáculos naturales, algunos puentes han sido habitados mediante la construcción de viviendas. El primero que nos viene a la mente es el Ponte Vecchio de Florencia por su singularidad e historia. Pero a lo largo de los siglos han existido muchos ejemplos, desde asentamientos fortificados antiguos hasta propuestas contemporáneas.
Habitar un puente supone aceptar el riesgo, la ligereza y una relación directa con el paisaje. Por ello, en lugares donde la topografía impone los límites, esta tipología reaparece como una solución muy interesante que reinterpreta esa idea original. En la India encontramos unos de esos ejemplos contemporáneos de puente habitado, la Bridge House.
Un puente convertido en casa
En la zona rural de Karjat, en la India, el estudio Wallmakers llevó esta idea al límite con Bridge House, una vivienda de fin de semana que literalmente se extiende sobre un desfiladero de siete metros de profundidad.
El terreno estaba dividido en dos parcelas separadas por un aliviadero de 30 metros de ancho, atravesado por arroyos que debían mantenerse accesibles para maquinaria pesada. Construir una casa convencional en este contexto no solo resultaba complejo, sino prácticamente inviable.
El encargo inicial planteaba una vivienda amplia, de 418 m2 y cuatro dormitorios, pero pronto quedó claro que las restricciones técnicas y logísticas marcarían el carácter del proyecto.
La imposibilidad de apoyar cimientos dentro del aliviadero obligó a concebir una estructura elevada, anclada únicamente en los extremos. “Las dos parcelas de terreno tenían que estar conectadas, pero los cimientos no podían descansar dentro de los 30 metros de ancho del aliviadero, y tenía que haber suficiente espacio libre para que una excavadora pudiera limpiar los dos arroyos que había debajo”, explicó el estudio.
La solución fue una casa con forma de puente, sostenida por una estructura mínima de vigas y arcos de acero apoyados en cuatro puntos estratégicos. Sobre esta base se desarrolló un volumen continuo que no solo conecta ambos lados del terreno, sino que los convierte en un único espacio habitable suspendido en el aire.
Una estructura de paja y barro
Más allá de su audacia estructural, Bridge House destaca por el uso radical de materiales locales. Las dificultades para transportar materiales industriales comportó recurrir a recursos disponibles en el entorno más cercano. El resultado es un revestimiento íntegro de paja local mezclada con barro, aplicado sobre una compleja superficie paraboloide hiperbólica.
La cubierta y las fachadas se configuran a partir de una rejilla de cables de acero que define la geometría retorcida del puente. Esta malla se recubrió con una capa de barro que aporta resistencia a compresión y estabilidad estructural, además de servir como base para la capa exterior de paja, dispuesta en escamas que recuerdan la piel de un pangolín.
La construcción de techos de paja, aunque sostenible y térmicamente eficiente, ha ido en declive debido a problemas como la invasión de plagas, la falta de mano de obra cualificada, la deforestación y la molestia de tener que volver a aplicarla constantemente.
Sin embargo, el estudio subraya que esta reinterpretación del material tradicional resolvió esas limitaciones: “En este proyecto en particular, la nueva versión del compuesto de paja y barro ha sido capaz de eliminar todas las fisuras en la armadura”, destaca.
En el interior, el barro queda visto en paredes y techos, generando espacios continuos y envolventes que el estudio describe como “en forma de capullo”. La textura del acabado revela la huella de la estructura de acero subyacente, creando un diálogo directo entre técnica y expresión.
El espacio central del puente alberga una zona de estar alargada, situada bajo un gran óculo abierto que deja entrar la luz, el aire y la lluvia, intensificando la experiencia de habitar sobre el vacío.
A ambos extremos, dos volúmenes angulares de dos plantas contienen los dormitorios, proporcionando mayor privacidad y estabilidad visual. La cocina y el comedor se ubican en un volumen acristalado con forma de proa que se proyecta hacia el paisaje, frente a una piscina triangular y el bosque circundante.
Los elementos ligeros, como pantallas translúcidas de inspiración shoji, dividen los espacios interiores, mientras que las redes suspendidas junto a la zona de estar funcionan como áreas de descanso tipo hamaca. Todo ello refuerza la sensación de ligereza y suspensión que define toda la vivienda.
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