Hace 10 años, la ciudad más grande de Nueva Zelanda, Auckland, comenzó a sufrir una grave crisis de vivienda. El auge económico disparó la inmigración de chinos e indios en busca de trabajo y un lugar donde vivir, unido al regreso de muchos neozelandeses de Sídney y Londres. Para los urbanistas de Auckland la solución fue mirar hacia arriba, es decir, dejar de construir casas unifamiliares para levantar viviendas en altura. La ciudad, cuya población ha pasado de 1,3 millones en 2010 a 1,8 millones en 2025, ha urbanizado en la última década el 75% de sus terrenos residenciales, lo que ha permitido sustituir las viviendas unifamiliares de una sola planta, con césped y garaje, por edificios más altos y estrechos: casas adosadas que comparten zonas comunes y bloques de pisos.