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Los mercados de Barcelona, las joyas ocultas de la Ciudad Condal

Autor: Cuántico Visual (colaborador de idealista news)

Amanece en Barcelona y la Rambla se despereza. Quioscos, floristerías, mimos. Todos se preparan para una nueva jornada con miles de turistas paseando por la calle más famosa de la Ciudad Condal. Pero hay un tramo especial, frente al número 91, donde se levanta el mercado de la Boquería, uno de los más antiguos de la ciudad que se ha convertido en una atracción estrella.

“La relación de Barcelona con los mercados se remonta al siglo XIX. Tanto nivel histórico, arquitectónico, urbano pero sobre todo los mercados son catalizadores de ese espacio social de encuentro, de lugar donde se comercia”, relata el profesor de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), Emili Manrique.

El mercado de la Boquería es el más conocido por los turistas. Su nombre original, mercat de Sant Josep, hace  referencia a la fecha de su inauguración, el 19 de marzo de 1840, el día de San José.  Aunque sus orígenes son anteriores ya que ese era el lugar que ocupaban los vendedores ambulantes de carne de la ciudad en el siglo XIX.

“Estos mercados se colocaron en lugares donde antiguamente había conventos o grandes explanadas donde se reunían la gente. Eran lugares que generaban polos de comercio”, asegura Manrique.

Hoy el mercado de la Boquería representa la variedad multicultural que conforma Barcelona y aunque está asediado por turistas, mantiene también su carácter local.

Sustituir un convento por un mercado

La Boquería no es el único. Barcelona esta plagado de grandes mercados que conforman incluso el carácter del barrio donde se ubican. Es el caso del mercado de Santa Catalina.  Este es el mercado cubierto más antiguo de la ciudad. Se construyó entre 1844 y 1848 sobre un antiguo convento que fue derribado en 1837 al verse afectado por la desamortización. Se ubica muy cerca de la Vía Layetana y la Catedral y se caracteriza por la reforma integral que llevó a cabo el arquitecto Enric Miralles.

“El proyecto que planteó Miralles era una gran cubierta que envolvía todo el mercado. Era una gran plaza cubierta que se extendía hasta llegar a Vía Laeitana que abría las puertas a una intervención urbana que hizo el propio Miralles en el barrio de la Ribera”, explica el profesor Manrique.

De la reforma, lo más característico es el tejado que recrea unas líneas ondulantes que en algunos puntos llegan a convertirse en arcos parabólicos. La cubierta está sostenida por una encaballada de madera, allí donde las ondulaciones son menos pronunciadas, y por vigas de hierro. Por la parte interior está forrada de madera pero externamente está cubierta por un mosaico cerámico de 4.200 metros cuadrados con los colores de las frutas y las verduras.

Fuera del centro de la ciudad

Ya fuera del centro de la Ciudad Condal, se levanta el mercado de San Antoni, uno de los más grandes de Barcelona. Está localizado en una de las manzanas del Ensanche, donde antiguamente se encontraba el Baluard de Sant Antoni, una de las principales entradas a la ciudad amurallada.

“El Mercado San Antoni forma parte de la memoria colectiva de Barcelona porque tiene ese mercado de domingo, de segunda mano, de anticuario.  Una especie de rastro madrileño que aún se sigue celebrando. Además es un mercado que une la ciudad antigua y la nueva y por su potencia se ha convertido en un polo comercial que da de vivir a todo su entorno”, desgrana Manrique.

El mercado original fue diseñado por el entonces arquitecto municipal Antoni Rovira i Trias, en 1882. Utilizó el hierro forjado como técnica constructiva y diseñó un espacio que no era totalmente cerrado para que estuviera ventilado y bien iluminado. En 2007 el Ayuntamiento convocó a un concurso para remodelarlo, donde el proyecto seleccionado fue el del taller de arquitectura Ravetllat Ribas Arquitectes. La rehabilitación se inició en 2009 y su reapertura fue en mayo del año pasado.

La Boquería, Santa Catalina y San Antoni son solo tres ejemplos de la intensa relación de Barcelona con los mercados y con la forma de entender el espacio público y el comercio. Una fórmula que no parece pasar de moda y que adaptando horarios y usos sigue siendo demandado por los ciudadanos. 

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