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La historia de Muebles Lufe, el ‘rival’ vasco de IKEA que nació con una inversión de 2.000 euros

Mitad ingeniero y mitad psicólogo. Un empresario que mantiene el espíritu de un joven emprendedor y que usa unos vaqueros y una camiseta con el logo de su negocio como uniforme de trabajo.

Así es Enrique Arrillaga, el alma máter de LUFE, un fabricante de muebles de madera maciza que nació en 2014 y que ha saltado a la fama tras ganarse el apodo del ‘IKEA vasco’. Natural de Éibar (Guipúzcoa) y con 50 años recién cumplidos, ha conseguido en apenas 36 meses y con una inversión de 2.000 euros lo que no logró durante su larga trayectoria en la empresa familiar.

Arrillaga lleva en la sangre el tratamiento de la madera. Sus bisabuelos ya trabajaron con ella y las siguientes generaciones siguieron ese camino. La empresa de sus padres le sirvió para iniciarse en el mundo laboral, aunque la crisis se la llevó por delante.

Estudié ingeniería mecánica y en 1992 me incorporé a la empresa familiar. Teníamos un aserradero y con la madera que serrábamos fabricábamos embalaje y tableros alistonados que vendíamos a los almacenistas de madera. Era un negocio que ya estaba destinado al mundo del mueble y, aunque desarrollamos diferentes productos (estanterías, puertas de madera maciza…), económicamente no funcionó. Cuando se hundió la construcción, empezamos a tener muchos impagos que nos llevaron al concurso de acreedores. Hice lo posible por salvar el negocio usando todos los recursos personales que tenía, pero no fui capaz de sacarlo adelante”, recuerda.

A pesar de que la empresa murió, Enrique tenía una confianza ciega en los productos que había desarrollado en los últimos años y no se dio por vencido. Tras pedir ayuda económica a familiares y amigos, decidió darse otra oportunidad y lo intentó de nuevo.

“Justo antes de cerrar, estábamos fabricando unas piezas de embalaje para Fagor Electrodomésticos parecidas a las lamas de las camas y decidimos desarrollar unas muy baratas. La idea no salvó el negocio familiar, pero empezamos a llamar la atención. Ya después del concurso de acreedores, pedimos ayuda a los más allegados y empezamos a funcionar en la localidad de Azpeitia (Guipúzcoa), donde seguimos actualmente. Así creamos una página web nueva con la que arrancó LUFE en 2014”, cuenta entre sonrisas.

LUFE responde a las siglas de Local, Universal, Funcional y Ecológico y es la seña de identidad de la empresa. “Son muebles de fabricación local, universales porque sus precios son para todo el mundo, sus diseños son funcionales y, además, completamente ecológicos”, argumenta su fundador.

La compañía vende por Internet camas, cómodas, mesas, cabeceros y sillas a unos precios muy económicos. En su catálogo digital encontramos la cama individual Testa que cuesta 30 euros, el cabecero individual LUFE, de 20 euros; o la cama nido sofá Lufe, cuyo precio es de 100 euros, igual que la cómoda Raspa.

 “Yo creo que funcionamos bien porque ofrecemos lo que la gente necesita: un mueble de madera maciza, totalmente responsable con el entorno y a un precio que puede pagar todo el mundo. Además, usamos una estética de estilo nórdico que hoy en día está bastante de moda”, afirma. 

El creador de LUFE explica orgulloso que sus muebles son de madera de pino insignis, que cuenta con el sello PEFC (el sistema de certificación forestal más extendido en el mundo). En el País Vasco hay unas 200.000 hectáreas de esta especie que llegó desde Montreal (México) a mediados del siglo XIX para contrarrestar la deforestación que provocó la revolución industrial. Su principal ventaja es que crece mucho más rápido que el roble o la haya, lo que permite que el bosque siempre esté vivo. 

Sin embargo, el empresario también reconoce que no basta con tener un buen producto y una materia prima de calidad: la visibilidad es indispensable para tener éxito. El suyo llegó cuando los medios de comunicación se hicieron eco de su modelo de negocio y le bautizaron como ‘el IKEA vasco’. Un apodo que marcó un punto de inflexión para LUFE. “Además de lo mucho que hemos trabajado y seguimos trabajando, también hemos tenido suerte. Estamos aquí gracias al boom mediático porque nos ha puesto en el mapa”, recalca.

A pesar de que LUFE nació con una plantilla de tres personas, actualmente mantiene 18 puestos de trabajo. La empresa ha pasado de tener 20 pedidos al día a alcanzar el centenar, y de contar con unas 2.000 visitas diarias a su web a recibir 100 veces más. Pero el salto no ha sido sencillo: los picos de actividad fruto de la fama han llevado a la compañía a replantearse su ‘modus operandi’ para poder atender la demanda.

“Empezamos a incorporar plantilla y a tirar del stock de productos que teníamos almacenado, pero se nos agotaron las existencias y tuvimos que tomar medidas. Hemos ampliado el plazo de entrega y hemos retirado temporalmente de la web muchos productos (las cunas, las mesas, las sillas, los bancos, el armario, la cómoda…) porque no dábamos abasto. Sufrimos un montón, porque tomar esta decisión cuando toda la vida estás buscando la venta cuesta lo que no está escrito”, sostiene.

Además, la compañía ha tenido que parar las ventas en el extranjero. Desde el boom mediático, LUFE solo atiende la demanda nacional tras paralizar los pedidos que llegaban desde Bélgica, Holanda y parte de Francia. Entre sus planes, no obstante, está retomar la actividad internacional e incluso franquiciar su modelo. De hecho, ya están trabajando para expandirse por otros países europeos y latinoamericanos.

Pero esos no son sus únicos proyectos de futuro. A corto plazo, su principal objetivo es reactivar los productos retirados de la web, contratar a más personas, buscar unas instalaciones de mayores dimensiones, reducir a 24 horas el tiempo de salida de los productos de su nave y desarrollar muebles nuevos. “Antes del boom estábamos trabajando en unos proyectos para incorporar tecnología en nuestros muebles y no los vamos a dejar atrás. Cuando asimilemos nuestra situación los desarrollaremos. No sé si empezaremos por los troncos con bluetooth para escuchar música, el cabecero con un USB para cargar el móvil, la mesilla con cargador inalámbrico… También tengo muchas ganas de lanzar hamacas para exterior y un sofá individual. Todavía tenemos que hacer mucho”, explica.

Para sacar al mercado su futura nueva línea de muebles, LUFE se servirá del ecosistema empresarial local, como ha hecho hasta ahora. Trabaja con un aserradero cercano, con barnizadores de la zona y proveedores de cartón y herrajes. El transporte de los pedidos hasta el domicilio del cliente lo realiza una empresa externa, mientras que las labores de comunicación las realiza una agencia especializada. Entre sus numerosos ‘colaboradores’ también está una diseñadora de San Sebastián que les “ayuda a dar un toque diferente” a los productos.

Arrillaga no solo está satisfecho de haber creado una red empresarial en el País Vasco, sino también de no haber cometido con este proyecto algunos errores del pasado. “La diferencia es que estamos cobrando todo por adelantado debido a la experiencia de los impagados que nos hicieron cerrar la otra empresa. Los productos que desarrollamos están pensados para la materia prima que tenemos y no nos desviamos de nuestro objetivo. También es importante que en mi trayectoria empresarial siempre he empezado con deuda, con unas obligaciones de pago que me forzaban a tomar decisiones que, de otra forma, quizá no habría tomado, pero en LUFE nunca ha pasado eso: hemos empezado con muy pocos recursos y con eso estamos saliendo adelante. Es una diferencia brutal”, opina.

Esta nueva estrategia, sin embargo, no ha cambiado su carácter. Gracias a los estudios que inició en psicología y a las charlas sobre motivación a las que acude con frecuencia junto con otros empresarios de la zona, ha aprendido a calibrar los éxitos y los fracasos empresariales. “¿Que qué he aprendido de todo esto? Lo resumiría con el poema ‘’If” (“Si…”) de Rudyard Kipling, que para mí es el credo. Dice que hay que tratar el triunfo y la desgracia de la misma manera, porque al final todo está en ti. Depende de cómo te tomes las cosas que te vienen vas a ser feliz o un desgraciado. No te tienes que asustar ante el esfuerzo, ni ante lo que dicen los demás, sino vivir intensamente y creer en todo lo que haces”, concluye. 

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