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Daroca 15 o cómo darle una segunda vida a un taller de costura de los años 50

Autores: @Lucía Martín (colaborador de idealista news), @luis manzano

El silencio y la oscuridad fueron la única compañía de aquellas miles de bobinas de hilos de todos los colores. Bueno, el silencio y varias cajas de ropa, una ristra de ejemplares de revistas italianas masculinas, máquinas de coser que otrora trabajaron para grandes clientes, montañas de botones, patronajes, chaquetas vistiendo a maniquíes descabezados… Aquello era como un museo de la costura, y es que nada dejaba entrever que tras aquella anodina fachada cerca de la madrileña Avenida Daroca, no muy lejos del cementerio de La Almudena, se encontraban aquellas joyas. 

Joyas que estuvieron trabajando desde los años 50 hasta principios de los 90, cuando definitivamente echaron el cierre los Talleres Chavarrías, que en su momento de máximo esplendor, cuando vendían mucho de su género de punto a Estados Unidos, emplearon a unas 80 personas. Pero claro, quién iba a mantener ese personal cuando precisamente las empresas estaban deslocalizando su producción a Asia…

Y aquello hubiera seguido cerrado, acumulando polvo y olor a humedad de no ser por la cabezonería de David Moraleda, de la empresa Daroca 15. Moraleda es propietario de otro local cercano (en Daroca 15, precisamente) que antaño fue un taller de escultura de los años 30 y que ahora acoge eventos de lo más dispares.

Buscando por el barrio, cual cazador de tesoros, dio con esta fachada de ladrillo visto: “Nos costó meses, llamábamos al propietario y nunca nos devolvía las llamadas. Ten en cuenta que esto era un negocio familiar, los dueños habían echado aquí los dientes, les costaba mucho deshacerse del local”, confiesa.

Los antiguos propietarios lo utilizaron además como almacén, dejando allí los trastos que no usaban pero de los que tampoco querían deshacerse. Seguro que esto te suena: el guardamos por si acaso… : “Imagínate lo que nos costó entrar, según íbamos accediendo íbamos encontrando auténticas joyitas. Era casi misión imposible, tanto que había gente que nos llamaba locos por entrar allí. Nos decían que esto jamás podría quedar bien”, explica Moraleda.

Algunas piezas de la maquinaria del taller habían sido construidas por los antiguos propietarios, que fueron también los primeros invitados al nuevo espacio el día que se inauguró. Y casi no podían dar crédito a sus ojos: del 'tótum revolutum' mezcla de taller y de almacén familiar, ante sus ojos aparecía un espacio preparado para acoger eventos pero que no había renunciado a su magia. Así, los viejos ventiladores que intentaban, mal que bien, sofocar el calor de los trabajadores, ahora formaban parte de la decoración, colocados estratégicamente en una pared. Las bobinas de hilo, varios ejemplares de revistas italianas, botes de botones junto a un maniquí, estaban también dispuestos armoniosamente, cual museo, en otro rincón.

En definitiva, habían conservado el encanto del negocio, algo que gusta mucho a los clientes que lo alquilan: “Era uno de los compromisos que adquirimos, conservar la mayor parte de elementos posibles. Hemos guardado otras cosas como carros antiguos, no lo podemos poner todo porque entonces no quedaría espacio para los eventos propiamente dichos”, comenta.

La capacidad del local, de unos 235 m2, depende del montaje, oscila entre las 100 y las 200 personas: “Está gustando mucho a empresas, para reuniones de ejecutivos, presentaciones de productos... Hemos tenido desde un rodaje para HBO a presentaciones de Iberia, El Corte Inglés, Adidas, Altadis, Santander…”.

La remodelación del local, sin contar el coste de la compra, no llegó a los 120.000 euros. “No ha sido un coste muy elevado porque el propio espacio en sí es el que llama la atención, cualquier intervención que hubiéramos hecho habría sido una pena, este suelo, que está hecho polvo, es precisamente lo que gusta, su estado original”.

Estos rescatadores de talleres del siglo XXI disponen además, aparte del taller de escultura situado al lado, de un convento franciscano del siglo XV en la sierra norte de Madrid que también se utiliza para organizar eventos.