Nacieron en 1850 en una pequeña localidad de la provincia de Cáceres. Hoy son unos de los pocos fundidores de campanas artesanales que quedan en nuestro país y en Europa y reparten sus campanas a lo largo y ancho del mapamundi. Podríamos pensar que el clero es su principal cliente pero no es así: lo fue en el pasado pero en la actualidad son las empresas los que más les demandan. Les llaman pidiendo relojes y carrillones. Los Rivera tienen campanas repartidas por los cinco continentes: en África, Argentina, Corea del Sur, India, México, Australia… En España son suyas las de la catedral de Segovia, de Salamanca, la de San Sebastián y una bien grande, de más de mil kilos, en la entrada de su propia nave industrial que anuncia las medias horas y las horas.