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El cambio climático sobrecalentará dos veces más las viviendas que no inviertan en aislamiento

Autor: Juanjo Bueno (colaborador de idealista news)

El nuevo Código Técnico de la Edificación (CTE) marcará las reglas que tendrán que seguir las promotoras y empresas del sector para adaptarse al modelo de construcción europeo, que tiene su origen en el fomento de los edificios de consumo de energía casi nulo (EECN). Una exigencia que afectará a cualquier solicitud de licencia de obra que se presente, ya sea para nueva construcción o para una intervención importante en edificios existentes.

Para llegar a unos mínimos de eficiencia energética, las promotoras estarán obligadas a incluir en el proyecto y en la propia construcción equipos más eficientes y sostenibles y una mejora en la calidad de las envolventes térmicas. Instalaciones capaces de alcanzar unas condiciones adecuadas de confort con el mínimo gasto energético para el usuario.

El objetivo marcado por el Gobierno es que los edificios nuevos tengan una alta eficiencia, que, sumado a una mayor contribución de energía procedente de fuentes renovables, consiga una reducción de aproximadamente un 40% de media en el consumo de energía primaria.

Sin embargo, levantar un edificio de consumo casi nulo, o lo que es lo mismo, construirlo siguiendo la normativa del CTE de 2020, conlleva un diseño bien ejecutado, atendiendo a su orientación y uso, para que la demanda de energía sea lo más baja posible.

En este sentido, un estudio pionero liderado por el Laboratorio de Control de Calidad en la Edificación del Gobierno Vasco, analiza no sólo el grado de confort de un bloque de viviendas según la normativa EECN del CTE, sino también el comportamiento de este tipo de edificios y, más concretamente, el riesgo de sobrecalentamiento que puede tener en su interior causado por el cambio climático. La última actualización de este documento se ha realizado en base a la modificación del CTE que el Consejo de Ministros aprobó el pasado mes de diciembre.

El estudio “Confort térmico y riesgo de sobrecalentamiento en viviendas plurifamiliares EECN –Edificios de Consumo de Energía Casi Nulo” compara, mediante una batería de 12 simulaciones dinámicas, las condiciones interiores de las 32 viviendas de este bloque construido en 2014 con otro edificio gemelo mejorado en el que se incorporan medidas pasivas y equipos eficientes. El Laboratorio centra este estudio en Madrid por tener un clima dual con alta demanda de calor y frío.

El informe emplea unos indicadores clave y los analiza tanto en el edificio base como en el mejorado: demanda energética de calefacción y refrigeración, temperaturas interiores y confort térmico.

“A este diseño base de EECN le añadimos algunas mejoras sencillas para ver si manteniendo el diseño arquitectónico convencional podíamos reducir su consumo y mejorar el confort térmico a la vez. Para ello se decidió añadir más aislamiento en las fachadas, unas protecciones solares automáticas y una ventilación con recuperador de calor de elevada eficiencia energética”, explica Juan María Hidalgo, autor del estudio y experto del Área Térmica del Laboratorio de Control de Calidad en la Edificación del Gobierno Vasco.

Pero, ¿por qué aplicar estas medidas y no otras? Según Hidalgo, “se podrían haber utilizado otras mejoras, como cambiar las ventanas, la distribución, etcétera, pero eso supondría repensar el diseño global del proyecto y el objetivo del estudio era precisamente mostrar qué potencial de mejora existe, manteniendo el diseño arquitectónico actual”.

Con las mejoras consideradas, un edificio EECN mejorado consigue ahorrar la mitad del consumo de refrigeración. Por ejemplo, el tiempo de sobrecalentamiento sin utilizar el aire acondicionado es menor gracias a las medidas propuestas en el estudio, llegando a reducir el periodo de calor a menos de dos meses. En viviendas sin aire acondicionado, el edificio base se sobrecalienta el doble que el mejorado.

Ahora bien, Juan María Hidalgo no descarta la necesidad de disponer de aire acondicionado en la mayoría de las viviendas en bloques como medida complementaria para garantizar el confort durante las olas de calor.

Sorprende, además, que uno de los aspectos más interesantes del estudio es que las mejoras dependen mucho del tipo de usuario y de cómo refresque su vivienda en verano. “Si consideramos un usuario promedio, que abra algunas ventanas para refrescarse en las noches de verano, estamos hablando de reducir el aire acondicionado un 50% y la calefacción un 38%. Esto supone además una mejora muy importante en el confort interior todo el año, reduciendo el disconfort por calor entre un 52% y un 95%”, destaca el autor del estudio.

Y es que las tecnologías, como son los protectores solares dinámicos y la ventilación con recuperador de calor, ayudan, pero un usuario que comprenda cómo utilizar mejor su vivienda conseguirá más confort y gastará menos energía y dinero. Sirva este ejemplo: aunque la normativa ya presupone una ventilación en las noches de verano para refrescar, el estudio corrobora que si no se ventila, el disconfort interior se puede disparar y superar fácilmente las temperaturas interiores de 30 ºC. “Esto es algo que la mayoría de los expertos ya sospechábamos pero no teníamos la comparación hecha para edificios modernos EECN”, apunta Juan María Hidalgo.

En cualquier caso, según este informe, un edificio dotado de protecciones solares, sistemas de ventilación de alta eficiencia y una fachada bien aislada permite un ahorro en la factura eléctrica del 38% en calefacción y de un 52% en refrigeración.

Además del uso de los equipos domóticos, su combinación con una envolvente opaca bien aislada es fundamental para conseguir los objetivos de eficiencia energética en línea con los marcados por la normativa europea.

En este sentido, el comportamiento del EECN mejorado con la fachada ligera, certificada por el Instituto Passivhaus, es notablemente superior que el EECN en base al CTE a lo largo de todo el año.  “El estudio permite observar cómo la temperatura en el interior de la vivienda del edificio se mantiene constante a lo largo del año y en los meses de verano apenas pasa de los 25 ºC de manera puntual. Mientras, en el edificio diseñado en base al CTE, la temperatura fluctúa durante todo el año y casi llega a los 30ºC en la temporada estival”, mantiene Oscar del Rio, director general de Knauf Insulation Iberia, una de las compañías promotoras del informe, junto a Knauf, Griesser y Zehnder. “Esto puede generar en el usuario una sensación de disconfort térmico y que haga uso de la refrigeración, con el consecuente aumento del consumo de energía”, añade.

El nuevo CTE afectará a los edificios nuevos, pero también a los que se amplíen o reformen casi con las mismas exigencias. Visto lo cual, ¿se podría aplicar este estudio en edificios antiguos? “Sería necesario conocer cada caso en concreto, pero probablemente las conclusiones generales si serían válidas para edificios existentes que sean reformados íntegramente al nivel EECN”, afirma Juan María Hidalgo. Es decir, que la mayoría de edificios pueden encontrarse con muchos problemas de sobrecalentamiento o con un alto gasto en refrigeración (y menor confort para sus ocupantes). Cada proyecto tendría que analizar su caso y tomar medidas pasivas adecuadas para que el consumo de refrigeración sea asumible por los usuarios. Básicamente, se debería revisar cómo equipar el aislamiento de forma adecuada (con puentes térmicos minimizados), montar protecciones solares suficientes y equiparse de una ventilación mecánica adecuada, al menos, recomienda Hidalgo.

El informe sugiere que las medidas planteadas (sistema de ventilación de alta eficiencia, aislamiento continuo en toda la envolvente y persianas graduables que evitan la incidencia directa de la radiación solar) hay que ejecutarlas conjuntamente, y en su fase de diseño, para combatir el cambio climático y reducir la demanda energética y que el consumo de energía sea prácticamente nulo. “El calentamiento climático y la contaminación de las ciudades nos lleva a repensar el diseño pasivo fundamental de los edificios y plantear estas cuestiones desde el inicio, que es cuando son más baratas de implementar”, manifiesta Juan María Hidalgo.

Este estudio, concluye su autor, desea concienciar sobre el uso de mejoras sencillamente aplicables, que consiguen reducir enormemente la factura energética. “No quiere decir que las cifras de este estudio sean aplicables a todos los edificios, sino que hay un gran potencial de mejora y deberíamos ponernos manos a la obra, con visión global y de futuro en edificios nuevos y también en rehabilitación”, finaliza.