Información sobre vivienda y economía

Así esconde Río de Janeiro a sus pobres para ofrecer una imagen de ciudad perfecta durante los JJOO

Autor: Redacción

La carretera que lleva desde el aeropuerto de Río de Janeiro a la playa de Copacabana discurre en paralelo a uno de los barrios más pobres y conflictivos de la ciudad, Maré. Allí habitan en torno a 130.000 personas en unas condiciones penosas.

Esta visión ‘estropearía’ la imagen de ciudad renacida que la administración local y el Gobierno brasileño desea que los atletas y turistas se lleven cuando terminen los Juegos Olímpicos el próximo 21 de agosto de 2016. Por eso las autoridades han decidido esconder la pobreza detrás de una opaca barrera acústica.

“La gente que vive allí no tiene agua corriente ni sistema de alcantarillado, ni siquiera tienen que llevarse a la boca, pero las autoridades están preocupadísimas por sus oídos de la gente pobre y la contaminación acústica que producen los coches que pasan por la autopista”, denuncia Tomás Ramos, miembro del parlamento local de río.

Esos ‘muros de la vergüenza’ que impiden ver la parte ‘fea’ de Río se tornan en transparentes cuando la vía pasa por el Campus de Maré, un nuevo y reluciente centro educativo de 40.000 m2 inaugurado en febrero de este mismo año y en el que estudian 1.400 niños y adolescentes de los barrios más desfavorecidos.  

Pero Río no solo esconde a sus pobres detrás de los muros: 11 líneas de autobuses han cambiado de ruta, y durante la celebración de las olimpiadas no pasarán cerca de las zonas más desfavorecidas y conflictivas.

Además, más de 77.200 personas han sido ‘reubicadas’ desde que en octubre de 2009 se anunciase que Río de Janeiro albergaría los Juegos Olímpicos de 2016, según los propios datos del Gobierno brasileño.

Cientos de familias que vivían en pequeñas comunidades autoconstruidas en el barrio de Barra, donde está situada la villa olímpica, han sido desahuciadas y ‘trasladadas’ a viviendas públicas situadas a varios kilómetros al norte, muy alejadas de la vista de cualquier curioso extranjero. Sin embargo, uno de estos asentamientos, Vila Autódromo, está resistiendo hasta las últimas consecuencias.

Cerca de 20 de las 600 familias que allí vivían todavía luchan, literalmente, por salvar sus infraviviendas. A pesar de que no es un lugar conflictivo –no hay violencia ni tráfico de drogas– el ayuntamiento los quería fuera antes de que empiece la competición. La razón: sus ‘chabolas’ afean la Villa Olímpica y el paisaje que verían los atletas desde sus residencias.

Al final, el ayuntamiento de Río ha cedido y les ha permitido quedarse con la condición de que las familias permitiesen que se derribase sus viviendas y se construyesen unas nuevas relucientes. Cualquier cosa vale con tal de que la comunidad internacional no vea la pobre realidad de la ciudad brasileña.