Información sobre vivienda y economía

Stone Garden, el edificio más curioso que se está levantando en Beirut y del que brota la naturaleza

Lina Ghotmeth
Lina Ghotmeth
Autor: Vicent Selva (colaborador de idealista news)

La capital de Líbano es mágica, enigmática, misteriosa. Un nexo entre el mundo occidental y oriental que ha sido asediada por la guerra.Destruida y enterrada una y mil veces, las mismas que las que con orgullo ha resurgido de entre sus cenizas.

Es un punto de encuentro de culturas que se refleja en sus calles, en las que conviven religiones y costumbres muy diferentes. Puente entre la tradición y la modernidad, donde el encuentro entre ‘hijabs’ las minifaldas muestra dos formas muy diversas de entender el mundo y la sociedad.

En la capital de este pequeño Estado de Oriente Próximo, ubicado entre Siria, Israel, Jordania y el mar Mediterráneo, viven alrededor de un millón de personas, es decir, la quinta parte de la población de todo el país. Su historia es tan dramática como apasionante.

Los fenicios la fundaron hace unos 5.000 años y desde entonces diversas civilizaciones han pisado su suelo: helenísticos, romanos, árabes y otomanos. A lo largo de su extensa vida, la ciudad de Líbano ha sido destruida y enterrada hasta en siete ocasiones. La primera de ellas en el año 140 a. C. como consecuencia de la guerra entre los seléucidas y los sirios. Desde entonces ha pasado mucho tiempo, una parte importante del cual Líbano fue un país sometido a la tutela de otras potencias, tanto occidentales como árabes. En 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, Francia le concedió la independencia. Desde entonces, y hasta bien entrado el siglo XX, no se ha visto totalmente libre de conflictos y tensión, tanto internos como con los países vecinos.

Esta turbulenta historia tiene se refleja en sus calles, su arquitectura y su arte, que permiten leer, conocer y respirar la historia del país. Todavía hoy, los edificios abandonados cubiertos de naturaleza salvaje contrastan con los techos de tejas rojas de las casas mediterráneas tradicionales. Y en ese entorno emerge la creación de la arquitecta Lina Ghotmet, el edificio Stone Garden.

El paisaje urbano contemporáneo de Beirut es producto de la situación geopolítica del país y de las tensiones políticas atormentadas. La violencia ha dejado su huella en las pieles de los edificios de la ciudad, ahuecándolos. Hemos dejado que la naturaleza invada un esqueleto concreto para cambiar la concepción de lo que podría significar una apertura de fachada para este contexto, difuminando el límite entre la ventana articulada y el recuerdo de un evento violento”, explica Ghotmeh en su página web.

Esta nueva estructura arquitectónica se alza entre las ruinas de la ciudad y las casas tradicionales, como un intento de dar un sentido a la historia y de lanzar un grito desesperado de esperanza en el futuro. Stone Garden materializa esta historia de Beirut, una forma construida de vida y muerte, presencia y ausencia, evanescencia y atemporalidad, belleza y crudeza …”, afirma.

El concepto del edificio es sencillo. Se basa en un esqueleto de concreto del que, como contrapunto a su sobriedad, se deja brotar la naturaleza, cuyo verde contrastará con el ocre de la estructura. “Hemos dejado que la naturaleza invada un esqueleto concreto para cambiar la concepción de lo que podría significar una apertura de fachada para este contexto, difuminando el límite entre la ventana articulada y el recuerdo de un evento violento”, explica la arquitecta libanesa.

El edificio se ubica cerca del puerto industrial de la ciudad, uno de los más importantes de Oriente Pŕoximo. La tierra orgánica y textural con la que se ha recubierto el concreto explica los tonos ocres de su fachada, en la que se observan aberturas de varias alturas y tamaños, y balcones pensados para que de ellos emerja la naturaleza. La asimetría de las aberturas es uno de sus elementos característicos, ya que “anima la fachada y hace que las viviendas en cada uno de los pisos sean totalmente únicas, su propio espacio”.