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La mansión de un millonario americano que tiene pasadizos secretos y una iglesia con historia

el matrimonio Phillips compró la casa en 2002 y al hacer la reforma encontraron pasadizos secretos y una capilla

SOTHEBY'S INTERNATIONAL REALTY
SOTHEBY'S INTERNATIONAL REALTY
Autor: Redacción

En un lluvioso día de abril de 2002, Maxine Davis Phillips y Steve Phillips, fundador de Phillips Food y presidente de Phillips Seafood Restaurants, visitaron un convento abandonado en Annapolis, Maryland (EEUU). El anuncio de venta decía que tenía 26 habitaciones, pasajes secretos y una iglesia. Pagaron por la mansión, construida en los años 20, 2,5 millones de dólares.

Reformar la casa les costó 32 millones de dólares tras más de cinco años de obras. Ahora, 18 años después de comprar la vivienda han decidido venderla, a través de TTR Sotheby's International Realty por 24,9 millones de dólares.

La vivienda fue construida en la década de los años 20 por un empresario que se dedicaba a la fundición de casquillos para cañones durante la Primera Guerra Mundial. Posteriormente fue comprada por un grupo de frailes franciscanos en 1945. Estos construyeron una bolera en el sótano y también una cancha de tenis, así como varios hornos para hacer pizza.  

Ante la curiosidad del matrimonio Phillips al descubrir espacios tan pintorescos, siguió reformando la casa para ver si encontraban más elementos curiosos. Descubrieron una caja fuerte y detrás de esta una puerta falsa que daba acceso a un túnel que llevaba agua. También encontraron una capilla, aunque posteriormente la derribaron.

La bolera fue reemplazada por una piscina climatizada y un spa. También construyeron un pequeño funicular que los llevaran desde la casa hasta la costa. También levantaron una biblioteca. Rehabilitaron la sala de billar e hicieron una nueva cocina al aire libre. En total, la casa tiene 7 dormitorios, 8 baños y docenas de espacios para el entretenimiento.

Hace ocho años pusieron la casa a la venta por 32 millones de dólares, pero, aunque tuvieron varios compradores, el dueño de Phillips Food, no quería venderla, así que la sacaron del mercado.

Sin embargo, hoy en día, con el pasar de los años, el matrimonio ya está dispuesto a vender la finca de nuevo.

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