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Contadores y pantallas inteligentes: ¿Te crearán problemas con los compañeros de piso?

Flickr/Creative commons
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Autor: Hoja de Router (colaborador de idealista news)

El 31 de diciembre de 2018 el sistema eléctrico español en su conjunto deberá utilizar los nuevos contadores de la luz inteligentes, tal y como indica el Plan de Sustitución de Equipos a Medida. Pero el nuestro no es el único país que adoptará de forma generalizada los nuevos dispositivos. Es también el caso, por ejemplo, de Reino Unido, cuya fecha límite para que toda la población los adopte está prevista para 2020. 

La intención es clara: los contadores inteligentes pueden ayudar a reducir el consumo innecesario. Sin embargo, en las islas británicas el movimiento contra los contadores inteligentes es muy fuerte, y ha dado a luz a iniciativas como ‘Stopsmartmeters’, que piden el cese inmediato del programa de implantación de estos dispositivos. Sostienen que este tipo de aparatos genera radiaciones que afectan a la salud de las personas "cambiando de forma radical la naturaleza del organismo humano".

Es posible que hayan sido este tipo de críticas – o simplemente el debate que se abierto en el país respecto al tema -, lo que ha llevado a un grupo de investigadores de la Universidad de Nottingham a abordar un tema poco estudiado hasta el momento: las posibles repercusiones que estas máquinas pueden tener sobre el comportamiento humano.

Datos específicos sobre el consumo de energía

Habitualmente, los contadores inteligentes proporcionan datos muy generales, pero cada vez son más comunes las alternativas que permiten desglosarlos para obtener información muy diversa (por ejemplo, aplicaciones como AlertMe o eSight). “Tal vez este no sea un escenario generalizado a día de hoy, pero lo será en el futuro”, explica Caroline Leygue, una de las participantes del proyecto, a idealista News.

 
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Además, otras aplicaciones permiten hacer un análisis específico de cada aparato eléctrico en cada momento, lo que permite saber si, por ejemplo, tu compañero de piso utilizó el termostato de la ducha a las 20.00 horas del lunes (porque el consumo de electricidad repuntó). 

Es una cuestión de psicología y convivencia

Fueron los profesionales relacionados con la psicología social los que propusieron analizar los efectos que este tipo de dispositivos tienen sobre el comportamiento cuando la electricidad es compartida entre varias personas y debe ser pagada – en principio - a partes iguales.

“Queríamos saber si la forma de usar la energía puede llegar a cambiar las interacciones sociales”, las formas de convivencia y el trato entre los habitantes de una misma casa o entre quienes comparten un entorno laboral. ¿Por qué? Es muy sencillo: si varias personas comparten espacio, cuando una de ellas ve a la otra intentando ahorrar energía, al final las dos terminarán haciendo lo posible por consumir menos. Pero antes de lograr una conducta parecida, es posible que haya habido alguna que otra disputa.

 
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Leygue y sus compañeros hicieron un experimento tomando como referencia a un grupo de voluntarios que compartieron casa y factura de la luz. Habían acordado un gasto medio que no podían sobrepasar, pero cuando finalizó el mes se dieron cuenta de que habían superado con creces sus límites de consumo.

En cada fase del experimento se les asignaba un contador de energía con características diferentes: uno de ellos solo mostraba el uso medio de la casa, otro mostraba el uso individual – de forma anónima – y otro el consumo individual con el nombre de los habitantes de la vivienda (algo que en realidad aún no existe, pero que Leygue considera el futuro). 

Comprobaron que su planteamiento inicial no estaba equivocado: cuanta más información tuviera la pantalla, los miembros del hogar “tendrían más intención de sancionar a quien más había consumido”. Quienes menos electricidad utilizaban exigían a los más derrochadores que se hicieran responsables de sus gastos. Por eso, explica la investigadora, se acababan produciendo fricciones entre ellos.

 
 

Cambios de comportamiento 

En todos los casos "aumentan las emociones negativas", explica la investigadora. Por un lado, cuando hay más datos, la gente se enfada pronto y necesita culpar a los causantes y descargar su ira contra ellos. “Las pantallas inteligentes pueden hacer el conflicto más probable que en otra situación”, asegura.

Por otro lado, cuando hay menos datos, la gente siente culpa y miedo, porque espera que en los próximos meses la factura siga en aumento y porque quien más gasta teme posibles represalias. Todo eso lleva a cambiar el comportamiento con la intención de reducir dicho consumo. A veces, incluso, deriva en una especie de obsesión por el control de la energía.

Por eso no hay que ser del todo pesimista. Los contadores inteligentes pueden convertirse en una herramienta eficaz para evitar el despilfarro de energía. Además, ya que se conocen los datos exactos de en qué se está malgastando, es posible ir directamente al origen del problema (¿Un electrodoméstico averiado?) Y solucionarlo con rapidez. Tienen, como todo, sus luces y sus sombras.