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Los 10 pasos que tiene que dar una ciudad para adaptarse al futuro

Arch Daily
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Autor: Redacción

El 67% de la población mundial vivirá en una ciudad en 2050, según la ONU, y hasta un 14,4% lo hará en megaciudades, aquellas con más de 10 millones de habitantes. Los gobiernos, tanto nacionales como regionales ya tendrían que estar trabajando por empezar a adaptar las actuales urbes a la capacidad que van a tener en apenas 30 años. Desde la eficiencia a un desarrollo urbano sostenible, aquí van 10 consejos para políticos, empresas y ciudadanos.

La Fundación La Casa que Ahora ha desarrollado un decálogo de recomendaciones para llegar a la ‘Ciudad 10’ para adaptarse a los grandes retos de las urbes del futuro, que pasan por adaptarse a la llegada de cada vez más población en temas de salud, seguridad, eficiencia o comodidad. La Organización de Naciones Unidas (ONU), ya ha advertido que 2 de cada 3 personas residirán en urbes cada vez mayores en 2050. Y otro 14,4% lo hará en megaciudades con más de 10 millones de habitantes

Una ciudad baja en carbono

La lucha contra el cambio climático requiere del esfuerzo conjunto tanto de entidades públicas y privadas como de los ciudadanos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que provocan los desórdenes atmosféricos y climáticos.

En las ciudades, se debe prestar especial atención a determinados sectores como la edificación y la movilidad, en los que resulta clave reducir su consumo energético y las emisiones asociadas, apostando por reducir sus necesidades energéticas, haciendo más eficientes los parques inmobiliario y vehicular. En la edificación, los edificios de energía casi nula contribuirán a alcanzar ciudades y economías bajas en carbono.

Una ciudad saludable

El medio ambiente que nos rodea es un factor determinante para nuestra salud. Vivir en presencia de ruidos, expuestos a la contaminación del aire o en condiciones de temperatura y humedad inadecuadas en nuestros lugares de trabajo y hogares pueden agravar o ser origen de problemas de salud.

Una ciudad que no sea vulnerable a sufrir pobreza energética

La energía es un recurso fundamental para las familias, necesarios para usos tan elementales como la cocina, la higiene, la iluminación, las comunicaciones o, especialmente, la climatización de los hogares. Las ciudades deben avanzar hacia edificios que faciliten que la energía sea un bien accesible y asequible para todos los ciudadanos, es decir, hacia edificios que protejan nuestra salud independientemente del nivel de renta.

Una ciudad segura y resiliente

Los fenómenos climáticos extremos, las inundaciones o los incendios son catástrofes capaces de ocasionar graves daños humanos y materiales. Habitar en ciudades que se cimenten bajo requisitos exigentes como la protección contra el fuego, siendo compatible con la eficiencia energética y la protección a la presión acústica, aumentará la seguridad y la resiliencia de todos los ciudadanos frente a las graves e inevitables consecuencias del cambio climático.

Una ciudad accesible

Una ciudad moderna debe ofrecer mecanismos para que todos sus ciudadanos puedan disfrutar de sus servicios de forma plena. No podemos olvidar un efecto como el envejecimiento de la población, y en concreto la Tercera Edad, por lo que debe avanzarse en adecuar los edificios y el entorno urbano de modo que garanticen una accesibilidad sensorial, motriz y cognitiva.

Los procesos de rehabilitación de edificios y de regeneración urbana deberán actuar en la mejora de la accesibilidad, pero sin olvidar la calidad de vida en el interior de los espacios habitables.

Una ciudad con un modelo de movilidad sostenible

Una movilidad basada en priorizar y adaptar la ciudad al uso del coche privado tiene nefastas consecuencias en términos de contaminación atmosférica, ruido, ocupación del espacio público y/o de convivencia con otros medios de transporte. La apuesta por el transporte público, los espacios peatonales o la bicicleta, así como la introducción de alternativas de uso compartido del coche como el ‘carsharing’ o la apuesta por vehículos ‘limpios’, son la oportunidad para alcanzar ciudades que dejen de estar diseñadas por y para el coche privado y pasen a ser ciudades para las personas.

El urbanismo y la nueva edificación tienen mucho que decir al respecto, donde elementos como el vehículo eléctrico necesitarán de una edificación preparada para la generación de energía y la recarga de los mismos. Pero no nos olvidemos de adaptar lo existente…

Una ciudad integrada en su entorno

Las ciudades modernas deben crecer y evolucionar en armonía con su entorno geográfico, incorporando en su planificación urbanística los elementos naturales que forman parte de ella como ríos, playas, y otros accidentes geográficos. La integración de elementos naturales en las infraestructuras que componen la ciudad y la aplicación, entre otros, de criterios de arquitectura bioclimática en nuestros edificios, permitirán mejorar la calidad de vida y mejorar la biodiversidad urbana.

Una ciudad eficiente en el uso de recursos

Aprovechar los recursos naturales ‘no finitos’ y apostar por una economía circular también es una cuestión que corresponde a las ciudades. La edificación ha desarrollado un gran potencial en este aspecto, aprovechando recursos como las energías renovables o las aguas pluviales, apostando cada vez más por erradicar el uso de materiales de origen finito y/o incorporando el reciclado, además de contribuir así a una mejor gestión de los residuos.

Una ciudad conectada con sus ciudadanos

Cada vez los ciudadanos demandan canales que les permitan ser parte activa de la planificación del entorno urbano. Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación permiten usar canales que, por un lado, informen en tiempo real sobre la calidad del ambiente urbano y sus servicios y que, por otro, ofrezcan vías de opinión y participación para los ciudadanos.

Un urbanismo adecuado

Cada vez más se sustituye a una población más estable por otra flotante, o turística, y que convierte el centro neurálgico en un área puramente comercial, no de vida cotidiana. Algunos lo denominan ‘gentrificación 2.0’ o ‘turistificación’, y es ya una realidad en muchas ciudades. Algunos aportan datos de hasta un 70% en algunas de ellas. En ausencia de una regulación en materia legal y fiscal, muchas viviendas se están convirtiendo en hoteles o residencias, con las consecuencias urbanísticas que ello trae consigo, tanto por lo que respecta a la escasa calidad edificatoria para un ocupante temporal no exigente, como de servicios o instalaciones que se requieren.

Esto tiene efectos colaterales como la movilidad interurbana y el crecimiento otras ciudades para acoger a los ‘expulsados’.