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Cómo evitar los problemas más comunes que surgen en las piscinas comunitarias

Foto: Pixabay
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Autor: @Lucía Martín (colaborador de idealista news)

Es tiempo de refrescarnos del calor, aunque este año el verano se haya hecho esperar. Y las piscinas son una opción idónea: si tienes niños, son un descanso para tenerlos un rato entretenidos y vigilados. Y si no, te permuite desconectar un rato de la rutina diaria. Pero, por desgracia, es común que este lugar de esparcimiento se convierta también en foco de conflictos entre los vecinos. Hoy veremos cuáles son los problemas más comunes de estos espacios compartidos.

Antes de abrir la piscina de cara al verano (esto suele suceder a mediados o finales de junio), se debe comprobar que se encuentra acorde a la normativa vigente, para así, evitar posibles contratiempos. Esto incluye el mantenimiento del espacio, el control técnico sanitario (calidad del agua, las sustancias químicas que se usan en el tratamiento, etc) y la contratación del socorrista.

¿Es obligatorio contratarlo? La normativa sobre la obligatoriedad o no de un socorrista en piscinas comunitarias varía según el municipio y la CCAA, así que habrá que ver en cada caso. En Madrid, por ejemplo, es obligatorio contratarlo en urbanizaciones que superen las 30 viviendas, según estipula el decreto 80/1998.

Está claro que para que la piscina no sea un 'tótum revolutum' debe tener unas normas de uso claras y concisas, pero, ¿cómo se fijan? Los horarios y las normas de uso deben recogerse en las normas de régimen interno de la comunidad, que requieren de una mayoría para ser aprobadas. Lo normal es establecer el horario de baños que tendrán vigilancia, así como las prohibiciones adoptadas.

¿Cuáles suelen ser las más habituales? Pues la de no entrar sin calzado, no comer en el recinto de baños o no bañarse cuando la piscina esté cerrada. Se suele exigir además, que los menores vayan acompañados de un adulto y también se prohíbe la entrada de perros en la mayoría.

¿Quién puede usar esa piscina? En las urbanizaciones puede haber locales comerciales, por ejemplo, y por norma general sus propietarios no pueden utilizar esas zonas de baño pero en todo caso, esto estará claramente reflejado en los estatutos de la comunidad.

Suele suceder lo mismo cuando se trate de dueños de plazas de garaje sin vivienda en la urbanización. Pero, ¿si eres inquilino de un piso, puedes utilizarla? Lo lógico es que así sea: suelen ser los inquilinos los que disfruten de la piscina y del resto de instalaciones comunitarias y no los dueños de esa vivienda arrendada, y no suele estar permitido (aunque una vez más nos remitimos a los estatutos) que el arrendador y arrendatario utilicen esa piscina al mismo tiempo.

Y vamos ahora a una de las cuestiones más peliagudas que más problemas entre vecinos suele ocasionar: los invitados. Evidentemente, quien tiene un amigo con piscina en una gran ciudad, tiene un tesoro y a todos nos gusta que nos inviten a piscina ajena (o invitar a algún amigo si somos el afortunado propietario), pero, evidentemente, debe haber unas normas al respecto porque si no, no serían unas piscinas de urbanización sino públicas.

Para evitar problemas a este respecto, lo mejor es que haya un sistema de control para esos invitados: no parece lógico prohibir que alguien pueda invitar a otra persona, pero sí que haya un número determinado de invitaciones. Y esto se soluciona con pulseras, tarjetas de visita, etc. Habitualmente, las piscinas de urbanización suelen tener un encargado en sus accesos que comprueba esas invitaciones.

Y por último, otra cuestión que suele generar problemas ya no tanto en las piscinas sino en los espacios comunes: es cierto que es verano, puede que estemos de vacaciones y nos apetezca hacer una fiesta. Pero hay que entender que quizás no todo el mundo esté de vacaciones y que no es de recibo que los vecinos estén sin dormir hasta las tantas por nuestra juerga… Las celebraciones de fiestas suelen estar prohibidas aunque puede que se permita la consulta a la comunidad para algo puntual.

En todo caso, y por el bien de la convivencia, bastaría con que fuésemos más cívicos y que tuviéramos conciencia de que nuestro hogar no empieza solo en la puerta de casa, sino en la puerta del edificio. Si así fuese, todo sería más fácil, con piscina o sin ella.