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Cómo refrescar la casa en verano y que tu bolsillo no acabe tiritando

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Autor: Redacción

Artículo escrito por Sandra Barañano, directora técnica de Cuida Tu Casa

El verano trae consigo el calor, y con él las luchas para intentar evitar derretirnos en casa como un helado a pleno sol. Sin embargo, los peores sudores de esta época pueden ser los que empapan las facturas de la luz al comprobar el uso indiscriminado que se ha hecho del aire acondicionado. Para evitar esto, es muy importante contar con un sistema de refrigeración eficiente, con el que se puede ahorrar hasta un 60% en el gasto de los hogares.

El consumo en refrigeración de un hogar medio supone, aproximadamente, hasta un 10% del consumo energético de la vivienda. Por ello, es muy importante tener en cuenta el sistema utilizado para conseguir la mayor eficiencia y lograr de este modo reducir el consumo. No todos los sistemas permiten la misma eficacia a la hora de combatir las altas temperaturas, por lo que resulta primordial valorar varios factores antes de decidirnos por un sistema u otro.

Tal vez una de las cuestiones prioritarias en los hogares es su aislamiento térmico. Y es que aunque todos conocemos la importancia de un buen aislamiento cuando pensamos en el frío del invierno, conviene dejar claro que es igual de necesario ante el calor del verano. No solo el aire acondicionado vale, cuando por cada grado que se mueve el termostato, la factura eléctrica se incrementa un 7%, según datos de Danosa.

Por eso, en casa la temperatura siempre debe rondar los 19º/20º en invierno y los 26/27º en verano y si no se consigue de forma natural –sin climatización extra-, habrá que poner remedio, con soluciones como los Sistemas de Aislamiento Térmico por el Exterior (SATE) que consiguen ese efecto aislante sin alterar la vida en el interior de nuestros edificios.

Además, otro aspecto fundamental consiste en conocer bien el inmueble. Algunas casas están más tiempo expuestas al sol y se calientan más, por lo que es necesario un sistema de refrigeración que pueda contrarrestarlo. No obstante, la buena orientación de algunos hogares airea corrientes que pueden enfriar la casa sin necesidad de encender el aire acondicionado.

De hecho, la ubicación de la vivienda o su grado de aislamiento, antes tratado, son algunos de los aspectos clave que determinan la mayor o menor demanda de energía para refrigerarla. Además, también resultan importantes los equipos que estén instalados, ya que su antigüedad puede ser clave en su rendimiento y hay que comprobar si es necesario renovarlos.

Por otra parte, los hábitos del día a día de los inquilinos son una parte fundamental a la hora de ayudar a reducir el gasto. Con costumbres sencillas como bajar las persianas durante las horas de mayor sol o ventilar los hogares cuando las temperaturas son inferiores, se contribuye mucho a mantener fresca la vivienda.

Por último, es importante tener en cuenta sistemas de refrigeración para los hogares más allá de los aires acondicionados. Por ejemplo, gracias al empleo de ventiladores podemos conseguir rebajar la sensación térmica en unos cuatro grados centígrados, refrescando así la casa sin que nuestra cartera acabe ‘tiritando’.