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Los datos que muestran los problemas reales de los jóvenes para acceder a una vivienda

Autor: Redacción

España va de crisis en crisis. Tras superar el revés económico y financiero, ahora está haciendo frente a la problemática de los jóvenes para acceder a la vivienda.

Lo dicen los promotores, los tasadores y los datos de mercado, y el último estudio que ha publicado el Consejo de la Juventud muestra a través de datos cuál es la envergadura de esta situación, qué motivos están detrás y qué efectos está teniendo. En líneas generales, la tasa de emancipación está en mínimos históricos, los jóvenes son el colectivo con el índice de pobreza y exclusión social más elevados y está creciendo el número de los que viven en una vivienda cedida, como consecuencia de las precarias condiciones laborales que ya llevan arrastrando una década. Esto es lo que dicen las cifras:

1. La tasa de emancipación toca mínimos

En 2018, 81 de cada 100 menores de 30 años vivía en casa de sus padres, una proporción inédita desde que el Consejo de la Juventud recopila datos. Esto significa que la tasa de emancipación se sitúa en el 19%, aunque en algunas autonomías incluso se sitúa por debajo del 17%. Es el caso de Andalucía, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura y el País Vasco.

Según el estudio, la proporción de jóvenes emancipados estuvo creciendo año tras año entre 2001 y 2008, aunque en 2009 la crisis revirtió la tendencia y, desde entonces, no ha dejado de caer hasta regresar a cotas similares a las que se registraron a mediados de la década de los años 90.

Consejo de la Juventud de España
Consejo de la Juventud de España

2. En riesgo de pobreza y exclusión social

Otro de los mensajes que lanza el estudio es que los jóvenes de entre 16 y 29 años forman el colectivo con el índice de pobreza y exclusión social más elevados de la población, tras registrar el mayor incremento en la última década. Una losa que pesa tanto sobre los que logran emanciparse como los que siguen residiendo bajo el techo familiar.

En 2017, sin ir más lejos, más del 40% de los jóvenes emancipados estaba en riesgo de pobreza o exclusión social, mientras que el porcentaje en el caso de los no emancipados superaba el 30%. En 2009, en cambio, su peso estaba por debajo de dicho nivel en ambos casos. Actualmente, en el caso de los extranjeros, el riesgo de exclusión se dispara por encima del 50% de los menores de 30 años.

“Diversos estudios señalan que, en los países del sur de Europa o con un régimen de bienestar ‘rudimentario’, el retraso del momento de abandono del hogar familiar permitía antaño a las personas jóvenes acumular los suficientes recursos para no ver alterado sustancialmente su nivel de vida y perseverar en el ideal de una movilidad social ascendente. Sin embargo, en 2017 se puede observar que se ha abierto una importante brecha entre la tasa AROPE (At Risk of Poverty and/or Exclusion) de la población joven emancipada y no emancipada, al mismo tiempo que se ha acortado la tradicional diferencia entre la población joven de nacionalidad española y de nacionalidad extranjera, independientemente de si han logrado o no emanciparse”, sostiene el organismo.  

Dicho de otro modo: no solo son menos las personas jóvenes que pueden llegar a establecerse en una vivienda distinta a la del hogar de origen (permanente o provisionalmente) sino que, cuando lo consiguen, tienen más probabilidades de hallarse en situaciones de vulnerabilidad económica y social.

3. La precariedad laboral hunde sus posibilidades

El empleo entre los jóvenes poco a poco va mejorando. Por primera vez desde 2010, la tasa de empleo de los menores de 30 años ha superado el 40%. Sin embargo, el hecho de tener trabajo no es una garantía para poder emanciparse.

Y es que hay varios factores que lastran sus posibilidades. Una de ellas es la temporalidad, que todavía es muy elevada. Según el estudio, “a finales de 2018 el 55,5% de la población joven asalariada en España tenía contratos temporales, casi diez puntos más que en el mismo trimestre de 2010 (45,8%). La temporalidad entre la población joven registraba las máximas cotas, por encima del 60%, en Andalucía, Cantabria, Extremadura, Murcia y el País Vasco. En el mejor de los escenarios (Islas Baleares, Cataluña y Madrid), no bajaba del 46%”.

En segundo lugar, que los que encuentran empleo están entre las categorías laborales con los salarios más bajos. “Más de cuatro de cada 10 personas jóvenes empleadas pertenece a dos de las categorías ocupacionales con las retribuciones salariales más reducidas, las que la Clasificación Nacional de Ocupaciones (CNO) de 2011 denomina como ‘ocupaciones elementales’ y los ‘trabajadores de los servicios de restauración, personales, protección y vendedores’. Es justamente en esta última categoría en la que la presencia de las personas jóvenes es mucho más preponderante que en el resto de la población ocupada”, agrega el Consejo de la Juventud.

Por último, hay que tener en cuenta que el trabajo a tiempo parcial es mucho más frecuente en la actualidad que antes del estallido de la crisis. Y las cifras sitúan en el 19% el peso del empleo a tiempo parcial entre los hombres jóvenes y por encima del 33% en el caso de las mujeres. En este sentido, el estudio puntualiza que “asumir jornadas por menos horas de trabajo no es sinónimo per se de precariedad o inseguridad laboral, pero cuando se combina con las percepciones subjetivas de la población a la que afecta, las conclusiones pueden llegar a ser distintas”.

4. La cesión de viviendas, su única salida

A pesar de que el alquiler está ganando peso en España frente a la propiedad, en el caso de los jóvenes se está produciendo la tendencia inversa. “Si en 2017 el 60,6% de las personas jóvenes emancipadas vivía de alquiler, en 2018 lo hacía el 59,2%. El descenso no ha sido brusco, pero supone romper con una tendencia ascendente de varios años”, señala el documento.

Y es que no podemos olvidar que en varias ciudades el precio del alquiler está en zona de máximos históricos, lo que implica que un joven inquilino deba destinar hasta el 91,2% de su salario a pagar la renta mensual, sin incluir los gastos que conlleva hacerse cargo de una vivienda. Incluso contando con el poder adquisitivo medio de un hogar joven, el alquiler tampoco es factible, ya que implica tener que destinar el 41,2% de la renta disponible, por encima del 30-35% máximo que recomiendan los expertos.

Esta caída del peso del alquiler tampoco se está materializando en un repunte de los propietarios menores de 30 años, ya que la mayoría de los jóvenes no tiene capacidad de ahorro. La banca está endureciendo los requisitos para conceder hipotecas y actualmente es necesario contar con un empleo estable y un ahorro previo equivalente a 4,3 veces el salario anual de una persona joven o a 2,2 veces los ingresos que percibe un hogar joven cabo al cabo de un año entero para poder comprar una casa

Así pues, y teniendo cerradas las dos alternativas residenciales tradicionales, lo que está ganando peso es la cesión de viviendas (por ejemplo, casas de familiares que se alquilan gratis o a un precio muy reducido), que ya alcanza el 12%. El estudio califica de sorprendente que esta modalidad, que era residual en el pasado, esté cogiendo tanto protagonismo. Y es que actualmente son más los menores de 30 años emancipados en viviendas cedidas que en viviendas de propiedad sin pagos pendientes.