Aunque las casas prefabricadas sostenibles se han puesto de moda durante los últimos años, y sobre todo en España, la verdad es que llevan un largo camino recorrido. En la década de 1980, el arquitecto Michael Jantzen diseñó unas viviendas modulares eficientes que se podían montar en cualquier lugar.
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La idea del arquitecto era crear espacios habitables flexibles que pudieran ser construidos en poco tiempo por dos personas. Además, Jantzen planteó el proyecto para que se pudieran montar con herramientas sencillas, sin necesidad de equipo pesado. Esto provocó que la NASA se fijara en él y decidiera comprarle una de sus viviendas, ya que su posible uso en las misiones espaciales era más que prometedor.
Para conseguir que la vivienda fuera duradera y fácil de construir, la estructura tenía que ser muy resistente y los componentes muy ligeros, pero con excelente aislamiento para reducir el consumo de energía que se necesita para calentar y enfriar los interiores.
Jantzen cuidó todo hasta el más mínimo detalle. El arquitecto diseñó todos los elementos de las viviendas para que se ensamblaran con facilidad y que después se pudieran acoplar para crear edificios de diferentes tamaños y formas. Para ello, las casas debían contar con sus propios marcos modulares de acero y así se prescindiría del uso de cimientos convencionales. Además, diseñó todos los componentes de forma que no necesitaran clavos, tornillos o pernos.
Las casas del arquitecto estaban pensadas para montarse en terrenos inhóspitos, por lo que era necesario que fueran capaces de funcionar completamente fuera de la red, algo pionero para su tiempo y que ha cobrado protagonismo durante los últimos años. Para ello, almacenaban y cosechaban energía solar a través de paneles solares y contaban con sistema de recolección y depuración de agua. A sus diseños se les podía añadir otro tipo de instalaciones de recolección de energía, como turbinas eólicas.
El diseño final del arquitecto se basó en la fabricación de una serie de paneles estructurales de madera aislados que se unían para formar arcos y medios arcos, que al mismo tiempo creaban bóvedas y medias bóvedas. Estas estructuras se montaban sobre marcos de aceros modulares que encajaban entre sí y que eran sostenidos sobre soportes estructurales y zapatas ancladas en el suelo.
Los paneles de madera podían cubrirse con diferentes tipos de revestimientos resistentes a las inclemencias del tiempo, incluido el plástico reciclable termoformado que se empleó en el diseño de los primeros prototipos.
Estos elementos de plástico termoformado se enganchaban a los paneles estructurales de madera aislados y se solapaban de forma que no requerían ningún tipo de sellado adicional para la impermeabilización.
El interior seguía los mismos principios que el exterior. Al ensamblarse los paneles estructurales, se formaban conductos en los que se podía colocar la fontanería y el cableado. Algunos de los paneles interiores poseían luces e incluso contaban con muebles que podían plegarse para su uso, es decir, que formaban parte de la pared.
A modo de resumen, lo novedoso de su diseño fue que ideó un sistema modular de fácil montaje que podía cambiar de forma y tamaño para adaptarse a terrenos complicados y que podía construirse con tan solo dos personas.
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