España es un país con un riquísimo legado arquitectónico. Junto a sus construcciones cargadas de historia, atesora también innovadores diseños construidos en décadas más recientes. En esta serie, queremos recorrer cada semana una comunidad autónoma para reivindicar esos edificios más actuales y carismáticos de sus respectivas provincias. Esta semana, empezamos con cuatro ciudades andaluzas.
Casa de las Mariposas, Almería
En el kilómetro cero de la provincia, en pleno centro de la capital almeriense, en la calle Puerta de Purchena, 6, se encuentra un símbolo de la ciudad y toda una joya de la arquitectura burguesa. La Casa de las Mariposas o Casa Rapallo Campos, fue construida a principios del siglo XX, y con sus cuatro plantas fue durante años el edificio más grande de Almería.
La Casa de las Mariposas, declarada Bien de Interés Cultural, es el mejor ejemplo de la transformación que sufrió el centro de la capital almeriense con el auge de una nueva clase adinerada en los primeros años del pasado siglo. Es en ese contexto en el que surge la familia Rapallo Campos, que decide adquirir una antigua posada para derruirla y levantar en esos terrenos la nueva mansión familiar.
Uno de los arquitectos más demandados del momento, Trinidad Cuartara, se encargó de diseñar un edificio que no solo estaba destinado a proporcionar techo a la citada familia, sino que debía, además, evidenciar su poder económico e influencias políticas. Por ello optó, en la línea de lo que se tendía en la época, por un estilo ornamental y sobrecargado.
El palacete se inauguró en 1911 y a nadie dejó indiferente. Un siglo después, sigue deslumbrando con los grandes aleros de su cornisa, sus ventanas y balcones, su decoración modernista o ese castillete construido, dicen, como guiño a la minería, actividad fundamental de la época.
La Casa de las Mariposas cuenta también con un elemento arquitectónico del todo inusual: un vaso. Al terminar las obras, los dueños de la casa, el arquitecto y los obreros compartieron un poco de vino para celebrarlo. Pero solo tenían un vaso, así que este fue pasando de mano en mano y, apurado el vino, uno de los niños peones lo llevó con él hasta colocarlo boca abajo sobre la cúpula del castillete, coronando así el edificio. Ni temporales, terremotos, ni siquiera los terribles bombardeos sufridos por la ciudad durante la Guerra Civil lograron derribar el vaso. Cuando el edifico fue rehabilitado en 2011 por su centenario, el vaso fue retirado durante las obras, pero volvió a su lugar al finalizar estas.
Casa del Infinito, Cádiz
Todo edificio que se precie debe contar con un diseño que tenga en cuenta su entorno para lograr la integración más adecuada. Y hay entornos de ensueño que permiten hacer volar la imaginación. Es el caso de la Playa de los Alemanes, al sur de Zahara de los Atunes, donde la Casa del Infinito recoge siglos de legado histórico para proyectarlos hacia la modernidad.
Próximo a este lugar se encuentran las ruinas de Baelo Claudia (en Bolonia), una antigua ciudad romana que supone uno de los restos arqueológicos mejor conservados de Andalucía. En honor a este lugar, y con él muy en mente, Alberto Campo Baeza concibió la Casa del Infinito, que el propio arquitecto define como “la casa más radical que jamás hemos hecho”.
“Al borde mismo de las aguas del Océano Atlántico, donde el mar une el nuevo y el viejo continente, surge una plataforma de piedra. En el lugar por el que cruzaban y cruzan todas las naves que vienen del Mediterráneo a abismarse en el Atlántico”, describe Campo Baeza: “Allí hemos levantado una casa como si de un muelle frente al mar se tratara. Una casa que es un podio coronado por un plano horizontal superior. Sobre ese plano horizontal rotundo, despejado y desnudo, nos situamos frente al horizonte lejano que traza el mar por donde se pone el sol. Un plano horizontal en alto, construido en piedra, en travertino romano, como si fuera de arena, un plano infinito frente al mar infinito. Nada más y nada menos”.
Como una acrópolis de piedra se levanta ahora este hogar, un puñado de siglos después de que los romanos establecieran en los alrededores de Bolonia sus factorías pesqueras, donde elaboraban el garum y donde levantaron templos a sus dioses.
Centro de Creación Contemporánea de Andalucía, Córdoba
Desde 2013, la ciudad eterna de Córdoba cuenta, en el Parque de Miraflores, con un espacio museístico de 10.000 metros cuadrados y vestido con paneles de hormigón que, pese a lo que pudiera parecer, establece numerosos lazos con el otro gran edificio de la ciudad: la Mezquita. La fachada perforada (y multimedia) del Centro de Creación Contemporánea de Andalucía (también conocido como C3A) está inspirada en la intrincada trama de las celosías que eran elemento arquitectónico recurrente en los antiguos asentamientos árabes de la península ibérica. Se encuentra en la calle Carmen Olmedo Checa, s/n.
Ese es solo uno de los elementos que demuestran que la cultura hispano-musulmana, latente aún en Córdoba, ha supuesto algo más que una nota al margen en la propuesta del estudio de arquitectura Nieto Sobejano. “Desconfiando de la supuesta eficacia y flexibilidad del contenedor neutro y universal, adoptado tan comúnmente hoy en día, imaginamos un edificio estrechamente vinculado a un lugar y a una lejana memoria, en el que cada espacio se configura individualmente, a un tiempo que es susceptible de transformarse y expandirse en secuencias de diferentes dimensiones, usos y cualidades espaciales”, explica el estudio en la memoria de este edificio.
Los responsables del diseño aseguran haber admirado la sencillez de las “ocultas leyes geométricas por medio de las que aquellos artistas, artesanos y alarifes de un remoto pasado cordobés eran capaces de generar el espacio múltiple de la Mezquita, el complejo ‘faceteado’ de bóvedas y mocárabes, las permutaciones de los motivos ornamentales de celosías, pavimentos y atauriques, o bien las reglas y ritmos narrativos implícitos en los poemas y cuentos de la tradición islámica”.
A imagen de aquellos, estos arquitectos del siglo XXI concibieron este proyecto a partir de un sistema generado por un patrón geométrico “autosimilar”, originado en una forma hexagonal, que contiene a su vez tres tipos diferentes de salas, de 150 m², 90 m², y 60 m². Como un juego combinatorio, las permutaciones de estos tres recintos generan secuencias de distintas salas que eventualmente pueden llegar a configurar un único espacio de exposición.
Centro de educación La Inmaculada, Granada
El barrio residencial de Almanjáyar, la zona de expansión de Granada por el norte, se caracteriza por el predominio de vivienda colectiva en altura, y hasta hace poco tiempo apenas existía actividad pública, lo que ofrecía la oportunidad perfecta para construir un edificio con vocación de hacer ciudad. Así fue como surgió el Centro de Magisterio La Inmaculada, perteneciente al Arzobispado de Granada y situado en la calle Joaquina Eguaras, 114.
El estudio granadino de Rafael Fernández-Alonso fue el responsable de concebir este impresionante edificio cuyo revestimiento cerámico dota de un carácter excepcional a este diseño. Su juego de volúmenes y luces genera un movimiento fascinante para este centro educativo.
El edificio está estructurado en cinco niveles: dos bajo rasante, destinados a aparcamiento y tres sobre rasante para albergar las aulas y oficinas además de, en la planta baja, las areas vestibulares, cafetería, biblioteca, salón de actos, gimnasio, supermercado-tienda, oratorio.
Según explican los responsables, el diseño pretendía “proporcionar una arquitectura cercana en la composición de espacios, concediendo especial protagonismo a la luz y a la textura exterior, creada a través de una cobertura cerámica y amplias pantallas de cristal a modo de ventanales que recorren completamente las fachadas laterales de cada uno de los bloques que forman el edificio”.
El trabajo de Fernández-Alonso fue nominado al Premio de Arquitectura Contemporánea Mies van der Rohe de la Unión Europea en 2013, y seleccionado para los Premios ADCV de Diseño Industrial y por el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España (CSCAE), como la mejor obra de Arquitectura Española en el bienio 2011-2012, habiendo recibido el Premio ASCER de Interiorismo en 2012; y el Coverings Installation and Design Awards en 2013.
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