El destino de la pequeña localidad italiana de Civita di Bagnoregio cambió el 11 de junio de 1695. Ese día un terremoto de 8 grados en la escala Richter asoló la zona centro de Italia. Aunque únicamente dejó 31 muertos, marcó el principio del fin de este pueblo que quedó aislado en lo alto de un pequeño monte y muriendo lentamente víctima de la erosión. Desde entonces, a Civita di Bagnoregio se la conoce como ‘la ciudad que muere’.
Situado en la región del Lacio, a menos de dos horas en coche de Roma, a este pueblecito solo se puede acceder por un larguísimo y empinado puente peatonal. Solo 12 personas residen allí todo el año, y viven del turismo responsable impulsado por los visitantes alemanes y británicos. Desde 2006 figura en la lista de ‘los 100 lugares más amenazados del planeta’ del Fondo de Monumentos Mundiales.
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