España es un mar de contrastes: playas de arena blanca o calas y arenales flanqueados por bosques, montañas majestuosas, pueblos detenidos en el tiempo y ciudades con historia en cada esquina, incluso existen desiertos.
Aunque los míticos destinos como Madrid, Barcelona o la Costa del Sol siguen atrayendo a millones de turistas cada verano, existe una España menos transitada, pero igualmente digna de admiración. Una España que esconde tesoros por descubrir.
Si este año quieres evitar las multitudes y explorar lugares con encanto, a continuación te mostramos 10 destinos turísticos poco conocidos para este verano.
1. Aínsa, Huesca
Aínsa se encuentra en el corazón de la comarca de Sobrarbe, al norte de la provincia de Huesca, y es uno de los pueblos medievales mejor conservados de España. Su casco antiguo, declarado Conjunto Histórico-Artístico, se asienta sobre una colina con vistas al río Cinca y al embalse de Mediano. De calles empedradas, casonas de piedra y una impresionante plaza mayor porticada, este destino nos trasladará al pasado.
Durante el verano, Aínsa sirve como punto de partida para rutas de senderismo por el cercano Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, además que se pueden realizar toda suerte actividades de aventura, como rafting o barranquismo. Su ambiente tranquilo y su riqueza natural lo convierten en una base ideal para explorar los Pirineos aragoneses sin el bullicio de zonas más turísticas.
2. Luarca, Asturias
Situada en el occidente asturiano, Luarca, parada del Camino de Santiago del Norte, es un pintoresco pueblo costero que conserva intacto el espíritu marinero. Conocida como “la villa blanca de la costa verde”, su silueta de casas blancas y tejados grises se despliega entre colinas y acantilados, rodeando un puerto donde todavía faenan los barcos pesqueros.
Uno de sus rincones más emblemáticos es el cementerio sobre el mar, considerado uno de los más bellos de España y también uno de los más fotografiados, donde descansan los restos del Premio Nobel Severo Ochoa. Pero Luarca también invita a perderse entre sidrerías, a disfrutar de paseos junto al puerto, a relajarse en playas como la de Portizuelo o la de Cueva, y a embarcarse en rutas marítimas para observar delfines y otras especies. Es un destino ideal para quienes buscan autenticidad, paisajes espectaculares y la calma de un verano al ritmo del Cantábrico.
3. Cazorla, Jaén
Cazorla se enclava a los pies de la Sierra de Cazorla. Este pueblo blanco de calles estrechas y empinadas es la entrada principal al mayor espacio protegido de España: el Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, ideal para escapar del calor andaluz entre ríos, embalses, bosques de pinos y senderos.
El castillo de la Yedra, el pintoresco barrio del Castillo o el balcón panorámico del río Cerezuelo son solo algunos de sus puntos de interés, pero posee mucho patrimonio histórico que merece la pena visitar. Y para los más deportistas, existen rutas en kayak por el embalse del Tranco o rutas a caballo o trekkings de alta montaña
4. Morella, Castellón
En el interior de Castellón, a más de 1.000 metros de altitud, se alza esta ciudad amurallada dominada por un castillo, declarado como monumento histórico-artístico en 1931, que parece sacado de una película medieval. Sus murallas, torres, iglesias, callejuelas y ermitas han convertido a Morella en uno de los pueblos históricos más relevantes del Levante español.
Morella, además de por su patrimonio histórico, cuenta con otros atractivos, por ejemplo, su clima fresco en los meses de verano o su gastronomía, en la cual posee gran importancia la trufa y el cordero.
5. Frías, Burgos
Situada sobre un promontorio rocoso junto al río Ebro, Frías ostenta el título de ciudad desde el siglo XV, pese a contar con menos de 300 habitantes. Desde 2014, está catalogado como Uno de Los Pueblos Más Bonitos de España por la asociación homónima.
Declarado Conjunto Histórico-Artístico, su casco urbano conserva la estructura medieval original, con calles empedradas, murallas, y casas colgadas que parecen surgir de la roca. Estas viviendas, construidas en toba y madera, se apoyan unas en otras y se integran en el acantilado como si fueran una extensión natural del paisaje.
El castillo de los Velasco corona el pueblo, con su torre del homenaje aislada y su foso excavado en la roca. Desde sus almenas se obtienen algunas de las mejores vistas del valle. A sus pies, la iglesia de San Vicente y el antiguo puente medieval de 143 metros —con torre defensiva incluida— completan la postal. Frías también conserva parte de una antigua calzada romana y palacios como el de los Salazar.
6. Muxía, A Coruña
Mucho menos conocida que Finisterre, Muxía comparte con ella el título de “fin del mundo” para muchos peregrinos. Su Santuario da Virxe da Barca, situado sobre las rocas junto al Atlántico, es un lugar místico donde se mezclan el culto cristiano y las tradiciones celtas.
Además de su valor espiritual, Muxía ofrece a los viajeros playas tranquilas, rutas costeras, puestas de sol inolvidables y una cocina deliciosa basada, como no, en marisco fresco que bien vale el viaje. Si buscas mar, tranquilidad y eres fan de la comida del norte de España, este es tu lugar.
7. Valverde de los Arroyos, Guadalajara
Un destino pensado para la calma, alejado del bullicio, solo para quienes buscan desconectar en un entorno rural. Situado en plena Sierra Norte de Guadalajara, Valverde de los Arroyos es uno de los pueblos más representativos de la conocida como arquitectura negra, un estilo constructivo tradicional que utiliza la pizarra como elemento principal. Tejados oscuros, muros de piedra y una integración casi orgánica con el paisaje hacen que caminar por sus calles sea como adentrarse en un museo al aire libre de la arquitectura rural castellana.
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El verano transforma los alrededores del pueblo en un mar de prados verdes y montañas salpicadas de senderos. La ruta al Chorro de Despeñalagua, una impresionante cascada de más de 120 metros de altura, es una de las excursiones más populares.
Este destino es perfecto para una escapada rural con encanto, donde disfrutar de la gastronomía local —migas, calderetas o dulces caseros— y del silencio que solo ofrecen los pueblos que aún se resisten al paso del tiempo.
8. Bocairent, Valencia
Al sur de la provincia de Valencia, en la vertiente de la Sierra de Mariola, se enclava Bocairent, un pueblo que parece haber sido cincelado directamente en la roca. Su casco histórico es un entramado de calles empinadas, plazas escondidas y fachadas centenarias que conservan el espíritu árabe y medieval.
Una de las visitas imprescindibles son las Covetes dels Moros, más de 50 pequeñas cuevas con ventanas excavadas en un acantilado vertical. También destaca el monasterio rupestre, excavado en piedra viva, y el antiguo barrio medieval, declarado Bien de Interés Cultural.
En los alrededores, el Parque Natural de la Sierra de Mariola cuenta con un sinfín de rutas de senderismo entre fuentes, masías y vegetación en la que predominan las plantas aromáticas. Bocairent es un excelente punto de partida para descubrir el interior valenciano, mucho menos conocido que su costa pero igual de cautivador.
9. Zahara de la Sierra, Cádiz
En pleno corazón del Parque Natural de la Sierra de Grazalema, Zahara de la Sierra se alza sobre un peñón con vistas a un embalse de aguas azul turquesa. Su silueta, con el castillo nazarí en lo alto y las casas blancas escalando la ladera, forma uno de los paisajes más bonitos de la provincia de Cádiz. Zahara de la Sierra es, sin duda, uno de los pueblos más bonitos de la Ruta de los Pueblos Blancos.
El castillo, construido en el siglo XIII, conserva su torre del homenaje y desde él se puede ver el embalse de Zahara-El Gastor. En sus alrededores, el área recreativa de Arroyomolinos ofrece una zona ideal para darse un baño de agua fresca, hacer pícnic o practicar deportes acuáticos como kayak o paddle surf.
Zahara también es sinónimo de gastronomía andaluza, con tapas sabrosas, aceites de oliva locales y dulces típicos. Y por las noches de verano, sus calles iluminadas por faroles y su aire fresco de sierra crean un ambiente perfecto para una escapada romántica o familiar lejos del bullicio.
10. Agulo, La Gomera
Este municipio del norte de La Gomera se asienta sobre una terraza natural muy próxima al mar y cuenta con unas vistas increíbles que permiten ver el Teide, el volcán más alto de España situado en la vecina isla de Tenerife. Sus casas de colores se alinean entre calles empedradas y jardines floreados, componiendo un paisaje digno de admirar una vez en la vida.
Desde Agulo se puede llegar fácilmente al Parque Nacional de Garajonay, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, que alberga uno de los bosques de laurisilva mejor conservados del mundo. También destaca el mirador de Abrante, con su famosa pasarela de cristal suspendida sobre el vacío, ideal para los amantes de las vistas vertiginosas.
Menos transitado que otras localidades canarias, Agulo es el destino perfecto para quienes buscan unas vacaciones tranquilas, con alma rural y autenticidad canaria, entre senderos, acantilados, y cielos limpios donde las estrellas brillan.
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