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El arquitecto atacado por los okupas por levantar un nuevo hotel en Lavapiés explica su proyecto

Javier González Herráez, señalado como ‘enemigo de Lavapiés’, se defiende y afirma que “generamos valor para el barrio”

Uno de los carteles que se pueden encontrar en Lavapiés acusando a Javier González Herráez de especulador.
Uno de los carteles que se pueden encontrar en Lavapiés acusando a Javier González Herráez de especulador.

Un propietario con más de 80 años que quiere vender, una promotora que desea comprar y varios operadores hoteleros que buscan instalarse en el distrito de Lavapiés. Esta ecuación -fácil para algunos y complicada para otros- es la culpable del sufrimiento del arquitecto y promotor Javier González Herráez. El dueño de Urbex -empresa que ha comprado los edificios del números 1 y 3 de la calle Cabestreros (Lavapiés) para construir un hotel- contempla todos los días su foto impresa en varios carteles pegados por el barrio donde se le acusa de especulador.

González Herráez no piensa emprender acciones legales porque cree que es una pérdida de tiempo, pero reconoce que se ha cansado de que sólo se escuche la versión de los movimientos okupas del barrio. “Hay que luchar contra la infantilización que señala a la actividad económica como algo malo”, se defiende el empresario en idealista/news.

González Herráez, arquitecto y promotor, levantó un Hotel Ibis en un solar de la calle Valencia (Madrid) y ahora pretende hacer lo propio -todavía no se conoce el operador- en el número 1 y 3 de la calle Cabestreros, en el barrio de Lavapiés. Urbex, empresa que encabeza González Herráez, pagará 3,5 millones al propietario de estos dos edificios donde ahora se instala una pensión -deja de operar en mayo- y un bar senegalés -clausurado-. El empresario ya ha solicitado la licencia de obra al Ayuntamiento de Madrid y espera tener todo en regla para este verano.

Los movimientos okupas lo tachan de especulador, pero la realidad es que son muchos los vecinos que le dan las gracias por revitalizar esta zona de la ciudad, según afirma el propio arquitecto.

Por este motivo, González Herráez narra a idealista/news los problemas de la compra de dos edificios -una pensión y un restaurante- que pasarán a ser un hotel de bajo coste en poco más de un año. 

De pensión y restaurante a hotel 'low cost'

Ahora, con la inminente transacción de los números 1 y 3 de la calle Cabestros han resurgido las rencillas con movimientos okupas, además de con algún otro como la ‘La Quimera’. Los carteles en los que se tacha de especulador a González Herráez no tienen autoría, pero el arquitecto sospecha que provienen de estos grupos. En paralelo, ya se han formado varias asambleas para impedir y torpedear esta venta que tiene como objetivo construir otro hotel ‘low cost’. “Intentamos crear valor para el barrio, no especular”, afirma el promotor.

Restaurante senegalés que será vendido junto a la pensión -también transaccionada- que colinda con este activo.  / Google Maps.
Restaurante senegalés que será vendido junto a la pensión -también transaccionada- que colinda con este activo. / Google Maps.
La parcela donde se levantará este activo cuenta con cerca de 400 m2 de parcela y 1.800 m2 de edificabilidad. Ya se ha dado una señal para cerrar una transacción fijada en 3,5 millones de euros. “Es un proyecto más de los muchos que tenemos en cartera, no sólo en Lavapiés”, argumenta González Herráez, que intenta tomarse con humor los ataques hacia su persona. “Mis hijos hasta se ríen cuando ven los carteles”, explica en un intento de quitar hierro al asunto para no caer en provocaciones y en descalificaciones hacia sus detractores.

“Nosotros no sólo compramos y vendemos… lo que hacemos es transformar. En este caso, una pensión que ya no cumple ni siquiera con las licencias en un hotel de bajo coste que responde a la oferta del barrio”, sentencia el arquitecto.

De todos modos, esta no es la primera vez que González Herráez tiene problemas con estos colectivos. De hecho, el germen de estas disputas se encuentra en la transacción de un solar okupado hace más de un lustro. En el año 2014, este arquitecto venido a promotor decidió adquirir un terreno ubicado en el número 8 de la Calle Valencia (Lavapiés, Madrid) para levantar después un hotel Ibis, que ya opera en este terreno. Una superficie con mucha historia detrás.

La ineficiencia de la Administración y una okupación

“La construcción de la línea 3 de Metro que une Embajadores con Lavapiés hundió el edificio construido en este número, que era propiedad de una familia. La Comunidad de Madrid decide comprar este activo para después levantar viviendas asequibles y en el contrato promete a los propietarios la explotación de los bajos (locales comerciales)”, afirma González Herráez.

El problema es que el Gobierno Regional no ejecuta ninguna obra en el solar y los antiguos propietarios deciden reclamar porque la Administración no ha cumplido su promesa. “Ante esta situación la Comunidad de Madrid decide devolver los terrenos a esta familia”, explica el empresario. En este escenario es en el que aparece el dueño de Urbex que detecta una deficiencia de tejidos turísticos en el barrio -reglados, no pisos turísticos sin licencia- y determina comprar el suelo para levantar un hotel ‘low cost’, que más tarde fue transaccionado a unos franquiciados de la cadena Ibis.

Hasta aquí todo parece normal. Un terreno, la habitual ineficacia de la Administración, unos propietarios que pretenden vender, un promotor que busca construir y un operador hotelero interesado en instalarse en uno de los barrios más castizos de Madrid. En definitiva, una de las muchas operaciones urbanísticas que se producen en la ciudad con el mayor movimiento -junto a Barcelona- económico de España.

Entonces, ¿dónde está la complicación? Sencillo, en la actividad que tuvo el solar durante el tiempo que estuvo en las manos -inoperantes- de la Comunidad de Madrid. En ese impás hubo un movimiento vecinal-okupa llamado Solarpies que se apropió del terreno para diferentes actuaciones culturales, entre ellas, un cine de verano. “Yo me reuní con ellos para explicarles la situación y parece que hubo entendimiento, pero lo cierto es que semanas después del encuentro comenzaron los ataques -nunca físicos- hacia mi persona”, explica el propio afectado. A pesar de todo, el activo hotelero se construyó, aunque la herida entre estos colectivos y el empresario quedó abierta.