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El dudoso manual inmobiliario que Trump quiere aplicar a la Presidencia

Imagen de los edificios inacabados del Trump Farallón Estates / Bloomberg BusinessWeek
Imagen de los edificios inacabados del Trump Farallón Estates / Bloomberg BusinessWeek
Autor: @Jairo Mejía

El Trump Farallón de Punta Cana (República Dominicana) parece en los días nublados un complejo de búnkeres de la II Guerra Mundial frente a las aguas del Canal de la Mancha. Estaba llamado a convertirse en el gran resort del Mar Caribe de la Trump Organization, la empresa que lideró con desigual fortuna Donald Trump hasta que se convirtió en presidente el pasado 20 de enero.

Al igual que el Trump Farallón, un proyecto que se han comido las malas hierbas, las aventuras inmobiliarias de Trump han sido ejemplos de negocios fallidos, en parte por un modelo de gestión de este promotor inmobiliario convertido en líder del mundo libre, que ahora aplica a su liderazgo desde la Casa Blanca y parece tener asustados a los mercados.

Cuando trabajaba en el sector privado, Trump protagonizó varios fiascos que le llevaron a buscar financiación en oscuros recovecos del mundo de las finanzas y los negocios internacionales, con especial incidencia de Rusia y algunas repúblicas exsoviéticas.

El mayor de ellos fue la bancarrota de sus casinos en Atlantic City (Nueva Jersey) en 1990, un desastre, que según una investigación de la revista Fortune, el magnate ignoró hasta que el nivel de deuda hacía imposible otra opción que la renegociación de sus líneas de crédito y la condonación de parte de la deuda.

En su aventura inmobiliaria, el magnate ha tenido sentado junto a él a su yerno Jared Kushner, el hijo de una adinerada familia judía de Nueva York que en su tiempo de estudiante en la Universidad de Harvard se dedicó a comprar y vender casas en Cambridge (Massachusetts), mientras el universitario medio buscaba trabajos de becario en Boston.

La visión del mundo y de la negociación de Trump se articula a través del prisma de su experiencia inmobiliaria, marcada por un talento para mostrar intransigencia y mano dura en momentos claves, pero una debilidad por las propiedades trofeo y ruinosas.

Como gestor inmobiliario, Trump no ha destacado por operaciones brillantes. En 1988, compró el emblemático Hotel Plaza de Nueva York por más de 400 millones -principalmente mediante préstamos- y lo vendió en 1995 por 325 millones, después de que perder parte de las acciones del hotel por la acumulación de la deuda.

Ante la mala suerte como promotor, optó por poner su marca -sinónimo de lujo rococó- a propiedades hoteleras para que otros hicieran lo más arriesgado del negocio inmobiliario: compar terrenos, navegar legislaciones, proveedores y satisfacer plazos y presupuestos.

Trump con su hija Ivanka en la Trump Tower / Trump Hotels
Trump con su hija Ivanka en la Trump Tower / Trump Hotels

Una de las pocas operaciones brillantes de Trump, que en la última década tuvo más suerte con la organización de Miss Universo o el “showbusiness”, fue la venta en 2008 de una mansión en Palm Beach (Florida) que nadie quería comprar por más del doble de su precio (98 millones de dólares frente a los 40 millones que gastó Trump) al llamado “Rey del Fertilizante” ruso. Dmitry Rybolovlev, cuya cercanía al Kremlin lo ha convertido en persona de interés en la investigación sobre la posible colusión de la campaña de Trump con Moscú, fue el responsable de cerrar la que hasta aquel entonces fue la compra de vivienda más cara de la historia de Estados Unidos para posteriormente demoler todo lo construido y reformado por Trump.

Pese a que Trump prometió a los estadounidense que se cansarían de "tanto ganar", y después de que los mercados celebraran la llegada de un presidente con experiencia en el sector privado con fuertes subidas, lo cierto es que Trump aún no ha conseguido que el Congreso (que controlan los republicanos) haya aprobado ninguna ley de peso.

El fracaso en reforma sanitaria priva a Trump de fondos para una reforma fiscal, mientras que la ausencia de un marco fiscal no permite poner en marcha el ambicioso plan de inversión en infraestructura que prometió Trump, que se vendió como un promotor inmobiliario genial e infalible. Algo que cada vez tiene más difícil de probar.