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Así es Gingerbread City, la ciudad sostenible del futuro construida con galletas y regaliz

Foto: Museum of Architecture
Foto: Museum of Architecture
Autor: Hoja de Router (colaborador de idealista news)

El mundo es cada vez más urbano, y las ciudades van ganando espacio y población. En Europa, más de dos tercios de sus habitantes ya viven en este tipo de áreas. El desarrollo de los centros urbanos ha sido siempre difícil y complicado. El resultado es que, en la actualidad, la planificación urbana es un elemento fundamental y una de las prioridades con el objetivo de promover la sostenibilidad como un valor real.

El cemento y el asfalto son materiales que predominan en cualquier ciudad. Afortunadamente, los parques y las zonas verdes ocupan más espacio, al tiempo que la utilización de nuevos materiales, más agradables, estéticos y respetuosos con el medio ambientes, se está generalizando. ¿Te imaginas una ciudad construida íntegramente con este tipo de materiales?

Un material alternativo y sostenible: la galleta de jengibre

Foto: Museum of Architecture
Foto: Museum of Architecture

Pues bien, en Londres podemos encontrar un buen ejemplo de este nuevo tipo de ciudad. Allí se ha desarrollado un innovador proyecto que apuesta por un diseño urbano cuyo factor de referencia sea la sostenibilidad. La parte más innovadora es el material básico sobre el que se sostiene toda la ciudad: las galletas de jengibre. Sí, como lo oyes. Y, además, como complementos, encontramos regaliz, polvo de azúcar y otros sabrosos materiales de construcción. Por ello, no cabe duda de que, además de la sostenibilidad, la dulzura es otra de sus características.

En realidad, este divertido y delicioso proyecto es una iniciativa del Museo de Arquitectura de Londres. Consiste en planificar, diseñar y construir una ciudad, con parámetros innovadores y sostenibles y dotándola de todos los servicios necesarios, para demostrar que las ciudades pueden ser lugares más habitables y agradables.

Este sabroso centro urbano está compuesto por más de sesenta edificios, cada uno de ellos con sus funciones y características propias. Para construirlo han participado especialistas de diversas disciplinas, como arquitectos, ingenieros diseñadores y, cómo no, algún pastelero. Esta pequeña ciudad apuesta por un transporte sostenible, con sus largos carriles bici y sus pasos de peatones, marcados con polvo de azúcar.

Para los momentos de relax, se ha habilitado un pub, y, para disfrutar del ocio, una sala de cine y un estadio deportivo. Un teleférico se encarga de llevar a los visitantes a la parte más alta de la ciudad, con el fin de que puedan fotografiar este precioso y dulce paisaje. En su apuesta por la sostenibilidad, incluso se ha añadido una huerta en la azotea con dulces verduras y un refugio para personas sin hogar. Su extensión es considerable: ocupa toda una sala del Museo de Arquitectura, lo que la convierte en una gran microciudad.

Educar, concienciar y alegrar

Foto: Museum of Architecture
Foto: Museum of Architecture

Este proyecto ha salido adelante gracias al trabajo del Museo de Arquitectura de Londres, en colaboración con el estudio Tibbalds Planning and Urban Design. Los creadores afirman que con esta muestra es posible llamar la atención sobre cuestiones urbanas que afectan a todos, pero hacia las que muchas veces no prestamos el suficiente interés, concienciando de una forma alegre y divertida. En definitiva, se pretende demostrar que es posible, e incluso necesario, vivir en lugares bien diseñados, atractivos y animados. Eso sí, usando materiales que ofrezcan una mayor durabilidad que las galletas de jengibre, muy sensible a los ataques de hambre.

A pesar de sus aspectos más divertidos, la construcción tuvo momentos complicados y serios. Tuvieron que extremar las medidas de seguridad, para evitar ataques de golosos que quisieran comerse algún elemento estructural de los edificios, o devorar el carril bici, lo que habría sido supuesto un grave perjuicio arquitectónico y urbanístico.

Este proyecto forma parte de The Gingerbread City, una exposición anual donde diferentes profesionales participan con ideas, diseños y construcciones. El objetivo es, aprovechando las fiestas navideñas, crear una ciudad entera con pan de jengibre, con la que ofrecer una ventana a los problemas de las ciudades y las posibles soluciones, basadas en la innovación y la sostenibilidad. Este 2018 celebran su tercera edición, cuyo tema central es Imagining the Future City (imaginar la ciudad futura). Los fondos que se recaudan con este proyecto son utilizados para ayudar a financiar las actividades que el Museo de Arquitectura realiza a lo largo del año.

Así que ya sabes. Si vas a disfrutar de tus Navidades en la capital británica no dejes pasar la oportunidad de visitar esta edulcorada pequeña gran ciudad. Sus puertas estarán abiertas para las visitas hasta el 6 de enero.

Bergen, desde 1991

Si no vas a estar en Londres, pero piensas visitar Noruega, tenemos una alternativa. En este escandinavo y frío país también existe una ciudad construida con galletas de jengibre. Para conocerla, deberás desplazarte a la idílica Bergen.

En ella se han reproducido, poco a poco, todos los elementos reales de la ciudad, por lo que se pueden encontrar los históricos almacenes del muelle de Bryggen, recubiertos con polvo de azúcar que imita la nieve. Pero también, todos los edificios y las casas del centro. En el pequeño pueblo de galleta conocen la tecnología, como demuestra el maravilloso juego de luces y un pequeño tren que recorre la ciudad de punta a punta. Un espectáculo digno de ver, para niños pequeños y no tan pequeños.

Se considera que esta es la ciudad de galleta de jengibre más grande del mundo. Su construcción comenzó en 1991 y, durante estos casi treinta años, se ha ido agregando una pieza cada año, hasta alcanzar su tamaño actual.

Saná, una ciudad real

Foto: Wikipedia
Foto: Wikipedia
En el mundo árabe existen ciudades de verdad que parecen construidas con galleta de jengibre, con ese peculiar color marrón al que se añaden elementos blancos, como si se tratase de polvo de azúcar espolvoreado.

Saná, la capital de Yemen, es uno de los mejores ejemplos de este tipo de arquitectura. El centro histórico de esta preciosa ciudad, que parece extraída de ‘Las mil y una noches’, está rodeado por una espléndida muralla. La Ciudad Vieja de Saná fue declarada en 1986 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Si prefieres las ciudades reales a las reproducciones, y te gusta más el calor sofocante del desierto que el frío nórdico, puedes visitar esta maravillosa urbe. Eso sí, no se te ocurra comerte ninguno de estos edificios, porque, aunque lo parezca, no están construidos con galleta.

Aunque es cierto que la zona no destaca en los últimos por su tranquilidad y estabilidad política, el Gobierno del país está realizando un considerable esfuerzo por situar esta ciudad en el mapa turístico y relanzar su economía, excesivamente dependiente del petróleo.

Así que ya sabéis, la innovación y las nuevas tecnologías pueden ser la base para construir ciudades más sostenibles en el futuro. Mientras lo conseguimos, aprovechemos las galletas de jengibre para divertirnos, concienciarnos y endulzar el presente.