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Una original biblioteca con forma de caracola para promover la lectura en plena calle

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Autor: Vicent Selva (colaborador de idealista news)

Leer es un hábito muy aconsejable, tanto para adquirir conocimientos como para abrir la mente. Incluso nos permite disfrutar y viajar a lugares y tiempos lejanos sin necesidad de moverse físicamente. En definitiva, muy pocos dudan hoy de que leer es muy saludable para el desarrollo de las personas.

Las bibliotecas han jugado un papel fundamental en la historia de la humanidad. Al principio, como espacios reservados a determinadas élites culturales, en las que se atesoraba el bagaje cultural e intelectual de grandes pensadores y autores, como, por ejemplo, aquella mítica Biblioteca Real de Alejandría, la más grande de su época, con más de 900.000 manuscritos, que en algún momento de la antigüedad se convirtió en pasto de las llamas, con la pérdida irreparable que ello supuso.

Más tarde, la invención de la imprenta por parte del alemán Gutenberg hizo posible dar un paso más en favor del acceso a la lectura y a la cultura de estamentos sociales que, hasta el momento, no tenían acceso a gran parte de los saberes escritos. Desde aquel momento, la lucha contra el analfabetismo se convirtió en una prioridad, que alcanzó su culmen en el siglo XX, en el marco del desarrollo de los estados democráticos y de derecho, en el que la cultura ha pasado a ser considerada como un derecho más, al que toda persona debe tener acceso. Por eso, hoy, al menos en los países occidentales, es fácil observar cómo prácticamente, cada ciudad y pueblo dispone de una biblioteca, con el objetivo de fomentar el maravilloso hábito de la lectura, especialmente en los más pequeños.

Sin embargo, y a pesar de sus beneficios, es evidente que el ejercicio de la lectura no se practica tanto como sería aconsejable. Muchos factores influyen en ello, como la falta de tiempo o la existencia de otras alternativas de ocio, entre otras.

Es por eso que siguen surgiendo ideas innovadoras para fomentar la lectura. Y una de las iniciativas que llegó a buen puerto fue la desarrollada por un grupo de jóvenes arquitectos en Varna, la tercera más importante del país y conocida como la “capital marina de Bulgaria”, por su ubicación costera, junto al mar Negro: la biblioteca de la calle Rapana. La idea en la que se basa el proyecto es muy sencilla: proporcionar a los lectores acceso a libros y un espacio adecuado para sentarse a leer. Además, cuenta, incluso, con un pequeño escenario que permite disfrutar de otras artes, como la música o el teatro.

Yuzdzhan Turgaev, Boyan Simeonov, Ibrim Asanov y Mariya Aleksieva, de Downtown Studio, son los creadores de esta peculiar estructura. El diseño está inspirado por la naturaleza y sus formas orgánicas. De hecho, se contemplan los aspectos más importantes de la identidad de la ciudad: el mar y su valor para sus habitantes. Es por ello que la forma de la estructura se asemeja a la de una caracola, lo que mantiene la coherencia con su ubicación en una ciudad marítima. "La construcción abstracta se desenreda desde un solo punto focal y se desarrolla en un semicírculo mientras se crea un espacio público y estantes para colocar libros al mismo tiempo".

El proyecto, una forma natural ondulada que se desarrolla en un semicírculo, está construido por una serie de módulos de madera que proporcionan un espacio público con estantes para almacenar y compartir libros.

Para darle forma a esta biblioteca callejera, se utilizaron las herramientas del diseño paramétrico Rhinoceros 3D y Grasshopper, que permiten a los arquitectos la posibilidad de probar diferentes formas y variaciones. Usando este software, el equipo hizo más de 20 variaciones, cambiando el número de piezas de madera verticales y horizontales y su anchura y altura. Antes de dar con el diseño final, y comenzar los trabajos para hacerlo una realidad, fue necesario ajustar el presupuesto y el propio concepto de biblioteca abierta.

Para la construcción, se utilizaron 240 piezas de madera, material principal de la construcción, creadas con una máquina CNC de 250 x 125 cm. El resultado fue una estructura de madera, liviana y transportable, formada por diferentes módulos de madera, con una forma natural ondulada que se desarrolla en un semicírculo, además de proporcionar un bonito y agradable espacio público urbano, sus estantes abiertos permiten albergar más 1.500 libros, a los que cualquiera puede tener acceso de forma gratuita. 

Como anécdota, la ciudad de Varna ya tuvo un papel relevante en el mundo de la literatura. Y es que su espacio urbano sirvió como escenario de una parte de la obra de Drácula, de Bram Stoker. Aquí, el equipo del Doctor Van Helsing esperaba la caja llena de tierra que el famoso vampiro necesitaba trasladar a Londres. Sin duda, el escritor británico eligió esta ciudad por su cercanía con el ‘lugar de residencia’ de Vlad y porque en aquella época era ya uno de los principales puertos de la región lo que la convirtió en una ciudad muy viva, con gran trasiego de gentes y muy misteriosa. A raíz de esto, su fama se expandió tanto que a finales del siglo XIX se convirtió en destino turístico para muchos curiosos que querían conocer de primera mano qué había de verdad en las leyendas de vampiros que existían en la zona.