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Historia de un edificio ‘okupado’

Tiene cierta ironía –e incluso algo de justicia divina– que tras los muros de la antigua sede del Ministerio de Trabajo se ofrezca alojamiento a personas en paro que han perdido su hogar. Y es que detrás del portón de chapa del edificio de ladrillo naranja, situado en el número 41 de la calle Bretón de los Herreros de Madrid, existe un pequeño mundo compuesto por una treintena de jóvenes entre 18 y 34 años que presumen de ofrecer techo a 12 familias desahuciadas y comida a más de 150 hogares con dificultades económicas.

Melisa, una joven de sólo 25 años que coordina todo lo que sucede en este edificio de cinco plantas rebautizado como Hogar Social Madrid ‘Ramiro Ledesma’ (HSM), nos franquea la entrada a este inmueble adquirido por la gestora de cooperativas Domo a la Administración el pasado mes de diciembre por algo más de 7,5 millones de euros.

La idea de los actuales propietarios es rehabilitarlo para construir 29 viviendas de entre 66 y 135 m2, con precios desde 205.933 euros más IVA. Sin embargo, en los planes de Domo se cruzaron de manera inesperada Melisa y sus compañeros del HSM, que ‘okuparon’ el edificio sólo una semana después de la adjudicación. Desde entonces batallan por mantenerse allí y, de momento, ya han conseguido frustrar el primer intento de desalojo.

“Somos conscientes de que la ocupación es ilegal, pero queremos crear un debate en la sociedad sobre las pocas ayudas que reciben los españoles en dificultades”, asegura Melisa, que no duda en calificar el negocio inmobiliario como “despiadado”.

Problemas con los vecinos

Esta joven estudiante beligerante y locuaz es consciente de que la suya es una aventura con fecha de caducidad: el pasado mes de septiembre ya fueron desalojados de otro edificio similar en el vecino barrio de Tetuán. Justifican que aquella ‘okupación’ se hizo en un edificio “en el que la trama de Gao Ping blanqueaba dinero”. 

Después de una turbulenta convivencia con los vecinos, en la que no faltaron enfrentamientos y acusaciones de agresión, abandonaron el inmueble escoltados por la policía. Pese a todo, los jóvenes del HSM defienden que no son violentos.     

“Dicen que somos nazis, homófobos y xenófobos que jugamos con el hambre de la gente y nos aprovechamos de sus necesidades para expandir un mensaje racista”, recita de memoria Melisa como si un profesor le estuviese tomando la lección. La coordinadora del Hogar Social Madrid asegura que únicamente se definen como “social-patriotas” y asegura que “nos molesta que digan que somos de derechas”. 

De hecho, justifica que nunca han causado daño alguno a los ciudadanos de a pié. “Entre Tetuán y éste ocupamos otro edificio, pero estuvimos solamente cuatro días porque vino el propietario, que tenía una imprenta, junto con tres de sus empleados y nos explicó su difícil situación económica y que necesitaba alquilar ese edificio para poder pagar a sus trabajadores. Nos fuimos el mismo día”, asegura.

Guantes y libros

En Chamberí llevan ya cuatro meses. En todo este tiempo nadie les ha cortado la luz o el agua, lo que les ha permitido limpiar y reacondicionar un edificio que acumulaba toneladas de polvo después de años cerrado.

Han creado un gimnasio con sacos de boxeo improvisados con viejos neumáticos, una biblioteca con más de 1.000 libros y salas de estudios. Las habitaciones para las familias son austeras, pero funcionales, con palés haciendo las veces de somier.

Un par de días a la semana hacen reparto de alimentos a las familias necesitadas y ofrecen ropa a quien no puede pagarse un vestuario nuevo. Eso sí, “solo a españoles”, aclaran. También organizan actividades culturales y hasta una ludoteca con actividades infantiles para que los niños de las familias que acuden a los repartos puedan divertirse. 

La otra cara de la historia

Pese a todo, saben que por ayudar a algunas personas están causando daño a otras tantas. Como toda historia, la de este edificio 'okupado' también tiene dos caras. Domo espera que la situación se encauce cuanto antes y espera poder iniciar las tareas de rehabilitación del edificio próximamente, para que los trabajos no sufran retrasos y los cooperativistas no se vean afectados.

En este sentido, Melisa pide a la gestora cierta comprensión y es que, según asegura, “el día que nos desahucien habrá gente que se tenga que volver a dormir a un cajero”. Por eso aprovecha idealista news para tratar de generar un acercamiento con los propietarios del edificio que están ocupando ilegalmente.

“Me encantaría que pudiésemos sentarnos a negociar con Domo”, afirma. La coordinadora del HSM les pediría que “nos dejen estar aquí hasta que terminen las obras de los solares que compraron en Raimundo Fernández de Villaverde y la antigua sede de Metro de Madrid –dos de los solares más cotizados de la capital–, porque los compraron antes. Entonces, nos iríamos sin ningún problema”.