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Las autoridades locales surcoreanas se olvidan de sentimentalismos y continúan con los cambios en la urbanización de Seúl, donde viven dos tercios de la población de Corea del Sur. A los pies del monte Namsan, en el centro de la capital, se planea derribar las casas bajas de los barrios más humildes para levantar torres de apartamentos de 20 plantas.

Los distritos de Bogwang-dong y Hannam-dong de Seúl viven rodeados de casas bajas y callejuelas intrincadas que alcanzan los límites del parque a los pues de Namsan, la montaña que se erige como mirador de la capital surcoreana. Unos barrios que pronto pasarán a la historia, mientras se ven arrollados por la modernización y gentrificación de una de las grandes capitales asiáticas.

Pronto se verán sustituidas por torres de apartamentos de 20 plantas, más bajas de lo que se puede encontrar en otras partes de la ciudad, donde se llega a las 40 plantas. Seúl vive un problema de población, como muchas de las grandes ciudades del planeta, donde viven dos tercios de toda la población de Corea del Sur.

Así que los barrios antiguos, aquellos que empezaron a urbanizarse en los años 60 y 70, en una época de gran expansión tras la Guerra de Corea, viven un proceso de gentrificación. Seúl es una ciudad que ha vivido muchos cambios durante el último siglo, obligada por las circunstancias, y como ave fénix es capaz de renacer de sus cenizas.

Durante la ocupación japonesa entre 1910 y 1945 se reconstruyó la ciudad, que fue prácticamente destruida durante la guerra que dividió la península de Corea en dos. Tras la división, tocó reorganizar a la población y la necesidad de acomodar a los residentes se impuso a la preservación del tejido histórico de la ciudad, por lo que prácticamente se levantó de nuevo. Desde entonces, la ciudad se ha habituado a las demoliciones a gran escala.

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