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Openfield House es una casa rural diseñada por el estudio neozelandés Keshaw McArthur en colaboración con Matheson Whiteley.
Openfield House Biddi Rowley y Samuel Hartnett

Los techos metálicos se han convertido en un elemento esencial de la arquitectura rural debido a su adaptabilidad y posibilidad de cubrir grandes espacios, como graneros, corrales o porches. Tanto es así, que incluso en viviendas rurales levantadas de nueva planta se introduce este material como tributo a la arquitectura existente en la región.

Pero no estamos hablando de edificios realizados sin una reflexión. Hay muchos ejemplos donde estas viviendas con elementos populares dan lugar a espacios minimalistas e, incluso, futuristas.

El techo metálico corrugado recuerda a las estructuras históricas de la región, como las cabañas de los mineros y los cobertizos agrícolas.
Techo metálico Biddi Rowley y Samuel Hartnett

Como la conocida como Openfield House, una casa rural diseñada por el estudio neozelandés Keshaw McArthur en colaboración con Matheson Whiteley, en la cual se introduce un sofisticado sistema de muros móviles capaz de borrar, en segundos, la frontera entre interior y exterior.

Un guiño a los cobertizos agrícolas con alma contemporánea

Lejos de refugiarse tras muros gruesos, la Openfield House se alza con un techo metálico corrugado que recuerda a “las estructuras históricas de la región, como las cabañas de los mineros y los cobertizos agrícolas, con una cuadrícula racionalizada para facilitar la apertura y el cierre de los espacios interiores en función de las necesidades de los ocupantes”, expresa el estudio.

El gesto que define la experiencia diaria es el sistema de puertas correderas de vidrio a altura completa combinado con pantallas de listones de madera.
Sistema de puertas correderas Biddi Rowley y Samuel Hartnett

La propuesta del proyecto es como un “diseño sencillo y honesto”. La estrategia pasa por reducir la paleta de materiales a los imprescindibles para alcanzar una estética cruda, sin artificios.

Estos materiales son el hormigón visto en dos núcleos estructurales, la madera local en listones y paneles, y acero ondulado en la cubierta. El resultado es un volumen cuadrado que se inspira en la austeridad de las granjas, aunque no renuncia a la precisión milimétrica de la arquitectura contemporánea.

Cuando las puertas correderas están abiertas, la vivienda se convierte en un pabellón permeable donde el viento recorre el interior y las montañas parecen entrar en el salón.
Espacio abierto Biddi Rowley y Samuel Hartnett

“La vivienda familiar está diseñada como un vehículo para vivir en el contexto natural, un diálogo curado entre lo orgánico y lo inorgánico, una celebración de la conexión auténtica con la tierra”, explican desde el estudio.

En cuanto a su planta, la casa se organiza alrededor de dos bloques de hormigón: uno engasta la chimenea que preside la sala de estar; mientras que en el otro se ubican la cocina, el comedor y una banda de armarios que protegen la intimidad del dormitorio principal.

Estos elementos estructurales de hormigón se han alejado del borde de la casa para crear un espacio abierto alrededor del perímetro. Esta composición se inspira en un engawa o veranda japonesa, que se abre a zonas exteriores protegidas por los grandes aleros del techo.

Los materiales se han reducido a hormigón visto, madera en listones y paneles, y acero ondulado en la cubierta para un diseño sencillo y honesto.
Diseño sencillo y honesto Biddi Rowley y Samuel Hartnett

Muros corredizos

El gesto que define la experiencia diaria es el sistema de puertas correderas de vidrio a altura completa combinado con pantallas de listones de madera. Estos paneles se deslizan sobre un reborde perimetral de hormigón y permiten transformar la vivienda.

Cuando están cerrados, es un refugio compacto; cuando están abiertos, la vivienda se convierte en un pabellón permeable donde el viento recorre el interior y las montañas parecen entrar en el salón.

La casa se organiza alrededor de dos bloques de hormigón, en uno está la sala de estar y en el otro la cocina, el comedor y el dormitorio principal.
Dormitorio principal Biddi Rowley y Samuel Hartnett

El estudio añade, “cuando está abierta, la repisa de hormigón permanece en su sitio, mientras que la carpintería se pliega con precisión junto a ella, convirtiéndose al instante en un elemento fijo de la propia pared y difuminando la distinción entre lo permanente y lo dinámico”.

La pureza del plano se materializa en esa mecánica exacta. Cada listón de madera filtra la luz, regula la ventilación y ofrece protección solar sin interrumpir las vistas. Una escalera lineal conduce al altillo en buhardilla, donde un segundo dormitorio y un baño disfrutan de la claraboya circular; situada a baja cota, enmarca las montañas lejanas como si se tratara de una postal perpetua.

En conjunto, la vivienda responde a la consigna de sus autores: “es una respuesta de diseño sencillo y honesto, en sintonía con la poderosa energía de la tierra, sustentada en la idea poética de conectar a las personas con su experiencia humana”.

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