Teruel es, desde hace décadas, uno de los símbolos más visibles de la despoblación en España. La dureza del clima, la escasez de servicios, la falta de oportunidades laborales y el progresivo éxodo rural del siglo XX vaciaron decenas de aldeas y núcleos dispersos. Y es que, lo que en otro tiempo fueron comunidades activas, hoy son ruinas silenciosas. Descubre 8 pueblos abandonados en Teruel que puedes visitar.
Mas del Labrador
En la comarca del Matarraña, dentro del término de Valjunquera, se alzan los restos del Mas del Labrador (o Lo Mas del Llaurador en catalán). Fue un pequeño núcleo con entidad propia: llegó a tener ayuntamiento, escuela, iglesia, hostal y una veintena de viviendas. Durante el siglo XIX tuvo incluso categoría municipal independiente.
La Guerra Civil marcó un antes y un después. Situado en zona de frente, el caserío sufrió graves daños y muchas familias optaron por no regresar. La falta de servicios básicos aceleró la marcha de sus últimos vecinos en la década de 1960. Hoy, la iglesia de San Juan Degollado, bien conservada, es el principal vestigio.
Minas de Libros
Al sureste del municipio de Libros (cerca del Rincón de Ademuz) se desarrolló el complejo minero de La Azufrera. Desde el siglo XVIII se explotaron aquí yacimientos de azufre que alcanzarían su máximo rendimiento a finales del siglo XIX. En torno a él, surgió un poblado con viviendas.
El declive llegó tras la Guerra Civil y, sobre todo, con la competencia exterior y los cambios en la industria química. A mediados del siglo XX la explotación cerró definitivamente y el poblado quedó abandonado. En la actualidad permanecen en pie la ermita de Santa Bárbara, el antiguo almacén y numerosas ruinas industriales.
La Salce
Antigua aldea vinculada a Villahermosa del Campo, en la comarca del Jiloca, La Salce cuenta con referencias históricas que se remontan al siglo XIII. Durante la Edad Media formó parte de la Comunidad de Aldeas de Daroca y aparece mencionada en documentos eclesiásticos y administrativos.
Sin embargo, ya a lo largo del siglo XV comenzó un progresivo declive demográfico. Las dificultades económicas y la pérdida de vecinos debilitaron su viabilidad hasta quedar convertida en pardina dependiente de otras localidades.
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El Cañigral
En plena Sierra de Albarracín, a más de 1.400 metros de altitud, se encontraba este pequeño conjunto de viviendas levantadas junto al barranco homónimo, donde la ganadería ovina constituía el eje de la economía. Algunas de sus familias practicaban la trashumancia hasta Murcia durante el invierno, soportando nevadas y aislamiento.
Nunca dispuso de luz eléctrica ni agua corriente, lo que, unido a su exposición durante la Guerra Civil y la posterior emigración masiva hacia Barcelona, precipitó su abandono. A finales de la década de 1970 se cerró la última casa.
Hoya de la Carrasca
Situada en Arcos de las Salinas, en un enclave fronterizo con la provincia de Cuenca y muy próximo al Rincón de Ademuz, Hoya de la Carrasca fue un pequeño núcleo con función estratégica. En la Edad Media albergó una aduana que regulaba el tránsito de mercancías entre los antiguos reinos de Aragón y Valencia.
Con el paso de los siglos perdió población hasta quedar reducida a apenas unos pocos habitantes en el siglo XX. Aunque no desapareció por completo de forma repentina, su decadencia fue evidente.
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La Estrella
En el municipio de Mosqueruela, junto al límite con Castellón, se encuentra La Estrella. Sus orígenes se remontan a la Edad Media, cuando se asentó población en la margen del río Monleón, probablemente vinculada al cultivo de la vid. Con el tiempo se consolidó en torno a su santuario mariano.
Durante siglos mantuvo actividad agrícola y celebraciones religiosas, pero el progresivo envejecimiento y la falta de oportunidades condujeron a su despoblación definitiva en 2023. Aun así, el santuario del siglo XVIII sigue en pie y continúa siendo destino de romerías.
Venta de la Jaquesa
En el término de Albentosa, cerca también del límite con Castellón, se ubica la Venta de la Jaquesa. Su historia está ligada al control de paso entre Aragón y el Reino de Valencia, ya que en la Edad Media funcionó como punto de recaudación y vigilancia del tránsito de ganados y mercancías.
Con el tiempo perdió su función administrativa y quedó reducido a un pequeño caserío vinculado a las vías de comunicación que atraviesan la zona. La construcción de carreteras y ferrocarriles modificó su entorno, pero no logró consolidar población.
Las Dueñas
También cerca de Arcos de las Salinas se levantaba Las Dueñas, la mayor de sus pedanías y también la más aislada. Superó el medio centenar de viviendas y rondó los 200 habitantes en sus mejores tiempos. La agricultura cerealista y la ganadería sustentaban la economía local.
El acceso complicado, la ausencia de servicios básicos y el cierre de la escuela en los años cincuenta sellaron su destino. Las familias fueron marchándose, principalmente hacia Valencia, hasta que en 1963 quedó vacía. Hoy apenas se mantiene en pie la torre de la iglesia, rodeada de ruinas invadidas por la vegetación.
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