A veces la riqueza puede venir de un recurso totalmente inesperado, algo que resulta anodino y que de repente vuelve rico a quien lo descubre. Es lo que pasó en esta diminuta porción de tierra de 21 kilómetros cuadrados, el tercer país más pequeño del planeta junto con el Vaticano y Mónaco. Estamos hablando de la isla de Nauru, en el corazón del Pacífico, una isla de ensueño, al menos en apariencia, donde un australiano descubrió en 1899 un tesoro que vino a cambiar la renta per cápita de sus habitantes e incluso, sus índices de obesidad. Estos últimos a peor, no crean.
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Resulta que en este islote abundaban los excrementos de aves marinas. Sus aguas transparentes eran ricas en peces, el entorno era tranquilo con lo cual, las aves abundaban y con ellas, sus excrementos. Albert Fuller Ellis, según nos dice la Wikipedia, fue la persona que descubrió grandes depósitos de fosfato en Nauru gracias a una roca que acabó en su despacho de Sidney en 1899.
El guano es el sustrato natural formado por la acumulación masiva de excrementos de aves, murciélagos y focas. Este compuesto es rico en nitrógeno y fósforo y se utilizaba para potenciar el crecimiento y floración de las plantas, es decir, como fertilizante. Un fertilizante natural que en este peñasco abundaba y que Ellis descubrió en aquella anodina roca en su oficina.
Y así empezaron a explotarlo en lo que en esos años era una colonia australiana: las minas de extracción de este compuesto cambiaron el paisaje de esta pequeña nación y su población empezó a hacerse de oro: en Europa y Estados Unidos se necesitaba mucho fertilizante porque se vivía una auténtica revolución agrícola.
Varios años después, en 1968, Nauru logró su independencia: en esa época, su renta per cápita solo era superada por la de Arabia Saudí, imaginen el panorama, algo más de 11.000 habitantes que habían visto cambiar su entorno paisajístico y también, doméstico, el de sus casas, y nadaban en la abundancia. Había tanto dinero que el país abrió una representación en Australia, la impresionante Nauru House de Melbourne que en su día fue el edificio más alto de la ciudad, o en varios hoteles en Sydney.
El Gobierno siguió explotando los depósitos de fosfato pero según iban engordando sus bolsillos, iban perdiendo recursos propios para comer. Sí, tenían una aerolínea nacional, coches, alcohol, electrodomésticos caros y televisores pero ya no disponían de tierras donde cultivar y se veían obligados a importar alimentos: se habían hecho ricos con las minas pero éstas habían acabado con la agricultura. Y así llegaron los ultraprocesados y la comida basura: los habitantes cambiaron su dieta habitual, equilibrada y sana, por toda la comida que llegaba de fuera. En esa época dorada coincidió además un factor cultural: se asociaba la gordura con el éxito y la opulencia, así que nadie se percató de que la báscula cada vez señalaba más kilos…
El país con más obesos del mundo
Llegó un momento en que esta isla ocupó otro ranking. Si antes había sido el de la riqueza por habitante, ahora era el del país con más obesos del mundo. Un 94% de su población tenía sobrepeso y más de un 60% de las personas de 55 años sufría diabetes. Estas cifras hicieron que muchos medios de comunicación extranjeros se asomaran a esta pequeña nación para entender qué había pasado y así se hicieron documentales, artículos…
A la pésima situación sanitaria se añadió que, como sucede con casi todos los recursos, el guano era finito: las aves ya no encontraban este lugar tan paradisiaco y las reservas fueron mermando. Las arcas públicas, antaño rebosantes, iban disminuyendo hasta que al final la economía entró en bancarrota. La solución, o eso le pareció a sus dirigentes, fue convertirse en paraíso fiscal que atrajo a mafiosos rusos y a Al Qaeda, lo que le valió una sanción de EEUU y grupos contra el blanqueo internacional con lo cual, se vieron obligados a aprobar leyes contra el blanqueo de dinero.
Lo último en la historia de esta nación ha sido un acuerdo con Australia por el que Nauru se convierte en centro de detención para los refugiados que llegan a la primera, centro no exento de polémica debido a las condiciones en las que viven las personas en búsqueda de asilo. ¿Se atreven a vaticinar qué será lo próximo?
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