Las autoridades tributarias están revisando las ganancias obtenidas en el extranjero por las inversiones en bienes raíces, acciones, oro, criptomonedas y otros activos pertenecientes a ciudadanos chinos con alto patrimonio.
Las autoridades fiscales de China han empezado a realizar una campaña global de recaudación de impuestos sobre los activos de ciudadanos con alto patrimonio en el extranjero, con el objetivo de aumentar los ingresos públicos y reforzar el control sobre la salida de capitales.
Según Financial Times, las autoridades chinas están analizando las ganancias obtenidas en el extranjero por inversiones en bienes raíces, acciones, metales preciosos, criptomonedas y otros activos. Los bancos chinos y otras instituciones financieras han recibido instrucciones de revisar las inversiones internacionales de clientes con alto patrimonio y verificar si sus ingresos han sido declarados a las autoridades tributarias chinas.
En algunos casos, las instituciones financieras colaborarán con las autoridades fiscales para congelar cuentas bancarias hasta que los contribuyentes paguen los impuestos y las multas correspondientes a las ganancias de capital obtenidas de activos, cuentas y fideicomisos en el extranjero, con algunos que se remontan hasta el año 2000.
Esta situación se produce en un contexto de creciente presión sobre las finanzas públicas chinas. Los ingresos, fuertemente dependientes de la recaudación de impuestos, disminuyeron un 1,7% hasta alcanzar los 21,6 billones de yuanes (unos 2,7 billones de euros) en 2025, mientras que los ingresos procedentes de la venta de terrenos, tradicionalmente una importante fuente de financiación para los gobiernos locales, cayeron a 4,15 billones de yuanes (532.000 millones de euros), menos de la mitad del máximo registrado en 2021.
Pekín ya anunció nuevas normas para las administraciones establecidas en el extranjero, eliminando un mecanismo frecuentemente utilizado por familias adineradas para aplazar o reducir el pago de impuestos.
Según las nuevas normas, los ingresos generados por estos vehículos estarán sujetos a un tipo impositivo del 20% en diferentes fases, como un impuesto del 20% sobre los dividendos e intereses de las pólizas de seguros contratadas en el extranjero. Estas medidas acercan el régimen fiscal chino al modelo estadounidense, que grava a los residentes sobre los ingresos obtenidos en todo el mundo.
Esta campaña forma parte de una estrategia más amplia de Pekín para reforzar el control sobre la salida de capitales, en un momento en que busca frenar la transferencia de activos al extranjero.
Abogados y consultores citados por el Financial Times afirman que el creciente uso de herramientas de inteligencia artificial permite a las autoridades chinas analizar grandes volúmenes de información financiera con mayor rapidez, acelerando la identificación de una posible evasión fiscal.
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