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La verdadera digitalización de la vuelta al 'cole'

Vuelta al cole/ Microsoft
Vuelta al cole/ Microsoft

Nuestro presidente se harta de anunciar a bombo y platillo que se va a gastar un montón de miles de millones en digitalizar España. Se basa en el dinero que va a recibir de Bruselas y, todo hay que decirlo, en el que está tomando prestado vía emisión de deuda, préstamos SURE, etc. El resultado final será que España se endeudará hasta niveles superiores al 120% del PIB y lo que todavía no sabemos, aunque empezamos a intuir, es lo que pasará con los empleos de todo ese dinero.

Digitalizar está bien. Llevar internet a los municipios rurales ayudará a evitar la desertificación de muchos pueblos españoles. Montar centros de investigación en materia digital también puede ser bueno para el desarrollo de 'start-ups' españolas y para el empleo de calidad. Y seguro que encontramos otras muchas ventajas, aunque algunas, como disminuir el número de funcionarios, no creo que las veamos nunca, ya que cuanto más se ha robotizado la Administración Pública, más funcionarios se han contratado, y estamos en máximos históricos.

Pero hay algo que se podría hacer de forma inmediata, y es reducir la factura de la 'vuelta al cole' de muchos millones de hogares españoles. Esa sí sería una medida social. Uno de los problemas con el que llevamos conviviendo desde hace décadas es el del material escolar; los padres se hartan de decir que los libros de un niño no valen para su hermano menor, porque siempre cambian los contenidos. Este es un negocio importante para los profesores que redactan los contenidos, y que supongo que constituirán una élite elegida por las editoriales, similar a la de los catedráticos de la Universidad a Distancia, que reciben varias veces su sueldo sólo por haber escrito los libros de texto con los que tienen necesariamente que estudiar los alumnos 'on-line'.

Pero también es un negocio mayúsculo para las editoriales de libros de la ESO y de Secundaria, ya que todos los años tienen que imprimir millones de libros que tienen que ser comprados religiosamente por los padres, puesto que así se lo exige el colegio, y que, resignadamente, se van a las librerías o los grandes almacenes y muestran sus tarjetas de crédito en la dolorosa vuelta al cole. Es un negocio redondo, y profesores, editoriales, librerías y grandes almacenes se frotan las manos cuando llega septiembre, defendiendo además que es una función que comporta muchos puestos de trabajo.

Pues bien, un puesto de trabajo lo primero que tiene que ser es necesario. Si queremos digitalizar España, empecemos por ahí, que es muy fácil. Situemos los contenidos en la “nube”, y que todos los alumnos españoles tengan acceso a ellos. No más libros, no más consumo innecesario de papel, no más gastos para los padres de familia, y control de los contenidos a nivel institucional. De esta forma, no se podrá imprimir aquel manual de Historia de un profesor catalán, que hablaba de la “Corona Catalano Aragonesa” en la Edad Media, y que por supuesto fue aprobado por la Generalitat de Catalunya.

Y como están los contenidos en la “nube”, si hay que cambiar algo, se hace 'on-line' para el inicio del curso siguiente, y sigue siendo innecesario imprimir los libros de texto. Estoy seguro de que, a partir de ese momento, habría muchos menos cambios, entre otras cosas porque el Teorema de Pitágoras siempre será el Teorema de Pitágoras, y porque una sinécdoque siempre será una sinécdoque. Los temas básicos de Matemáticas y Lengua apenas tienen cambios, y menos al nivel de Secundaria. Es posible que, en Ciencias Sociales, y en particular en Historia y Economía, haya que hacer algunas modificaciones a lo largo del tiempo, pero seguro que no hay que hacerlas todos los años.

Si el acceso a la “nube” no es generalizado, no hay problema, se distribuyen e-books a los alumnos en los pueblos en los que internet precise de ese gran plan de digitalización, y que todavía no tengan esa facilidad. Los contenidos se cargan a principio de curso en los e-books de los niños, y solucionado el problema.

Si se asumiera este modelo, que llegaría para quedarse, se produciría un ahorro superior a los mil millones de euros en las exiguas rentas disponibles de las familias españolas, y ya se sabe que, si aumenta la renta disponible, aumenta el consumo en bienes necesarios y mejora el bienestar de los ciudadanos. Todo ello a costa de un segmento empresarial que ya ha dejado de tener utilidad, y que supongo que pondrá el grito en el cielo por el contenido de este artículo. Pero supongo que este grito será el mismo que pusieron los palafreneros hace más de cien años, cuando irrumpieron masivamente los automóviles con motor de combustión, y se quedaron sin trabajo, tanto ellos como sus caballos.

El mundo evoluciona, y cada vez lo hace más rápidamente. Negarlo es ponerle puertas al campo. Cuanto más tarde se haga, más caro y peor. Si realmente va a haber un gran plan de digitalización en España, comencemos por lo más fácil y lo más rentable para los ciudadanos, quitarles costes a las familias, a fin de que no tengan que adquirir unos libros que, pasado el tiempo, acaban en el cubo de la basura, y de paso, eliminar esa añagaza de que hay cambiar los contenidos periódicamente, a fin de que los libros antiguos no valgan, y poder volver a editar libros nuevos.

Por supuesto, que habrá que pagar derechos de autor, establecer contratos de mantenimiento para los contenidos de la “nube”, y demás, pero serán cantidades infinitamente menores que las que se pagan ahora por los ciudadanos. Además, el establecer un marco adecuado de control digital de contenidos de las Comunidades Autónomas, especialmente en temas de Historia, puede ser un avance importante para consolidar un modelo educativo común para todos los españoles, que falta nos hace.

Tranquilos, libreros. El Gobierno no me hará caso.

Miguel Córdoba es profesor de Economía Financiera de la Universidad CEU-San Pablo desde hace 33 años y ha sido director financiero de varias empresas del sector privado.