Trabajó en Australia y posteriormente en Reino Unido, pero acabó regresando a casa, el País Vasco, porque echaba en falta los lazos familiares y de amigos. La arquitecta Beatriz Lumbreras, del estudio Arcue Arquitectura e Interiorismo, cuenta que lo que más feliz le hace son las reformas y rehabilitaciones de viviendas. De hecho, la suya ocupa el espacio de una antigua imprenta.
¿Por qué estudió Arquitectura?
La verdad es que fue un poco casual. Se me daba bien matemáticas, física... Me gustaba el arte y dije bueno, vamos a probar arquitectura y al final lo acabé disfrutando un montón, fue un gustazo haber acertado. No era nada vocacional. Hay otros arquitectos que saben desde pequeñitos que la arquitectura es lo suyo. Lo mío fue un poco vamos a probar y la verdad que muy satisfecha de la decisión.
¿Cuándo montó el estudio?
Cuando volví de Londres. Durante la carrera estuve trabajando con algunos profesores. Terminé de estudiar y me fui a Australia y estuve trabajando allí unos tres años y medio y de allí a Londres, que estuve en un estudio de arquitectura que disfruté también un montón. Hasta 2017 que decidí volver, fue cuando empecé a ponerme por mi cuenta.
¿Y por qué volver con ese recorrido tan internacional?
En Australia tenía unas condiciones laborales maravillosas y la vida allí era una gozada porque estaba en una muy buena empresa, haciendo proyectazos, torres residenciales de lujo, arquitectura a lo grande que era lo que buscaba en ese momento. Pero siempre sentía que estaba muy lejos de casa y que el componente familiar y de amigos estaba muy lejos. Al final dije voy a acercarme a Londres, donde las condiciones laborales van a seguir siendo muy buenas. Seguí haciendo torres residenciales de lujo. Y al final resultó que no, que ni estando a una hora y media de San Sebastián me valía: tienes muchos lazos familiares, amistades y como aquí no he vivido en ningún lado, así que decidí dejar todo y me vine.
¿Su estudio está especializado en algún sector?
En reforma interior, rehabilitación en vivienda. Es lo que más disfruto, lo que mejor me lo paso, transformando espacios destinado a vivirlos. No es una solución estándar y lo trabajo muy de cerca con ellos.
¿Qué es lo que más le gusta de su oficio?
Bueno, al principio entras en una obra, tienes un nuevo proyecto y todo es un reto, conseguir todas estas cosas, el espacio lo tienes que moldear. Lo que más me gusta es ver el final, ver que ha quedado bonito. Que es un espacio que cumple con las expectativas. Eso para mí es la mayor satisfacción.
¿Y lo que más le cuesta?
Justificar toda la normativa, todo el papeleo que tenemos que hacer, las trabas burocráticas entiendo por qué se hacen, pero a veces es enterrarte en tanto papeleo.
Háblenos de esta casa que era una antigua imprenta…
Era un local, así lo vimos anunciado, una antigua imprenta que llevaba muchísimo tiempo a la venta. Vinimos a visitarlo y vi que era un espacio con muchísimo potencial, con buenos ventanales, la entrada de luz, la altura de techos, etcétera. Nos enamoramos de él. Yo siempre creí que tenía cambio de uso, hicimos unas consultas muy mínimas al Ayuntamiento, dieron un okey preliminar y nos lanzamos a comprarlo con la idea de hacer un cambio de uso y venderlo o hacer algo que no iba a ser para nosotros. Pero al final, según iba desarrollando el proyecto, me iba enamorando más del espacio. Así que al final sí que acabamos diseñándolo para nosotros.
¿Qué superficie tiene?
160 metros construidos de los cuales ahora interiores útiles son unos 120. Hemos reducido bastante la superficie porque se ha hecho como una especie de cajita aislada para que no perdamos calor, tanto en las paredes perimetrales como las fachadas, las ventanas, las carpinterías y demás. Buscamos mucho aislamiento para aislarnos del ruido, del frío y el calor.
¿Cómo fue la obra en la entrada de la casa? Porque antes era una persiana de un negocio…
Es la parte clave de la casa. Anteriormente era una reja, una persiana que se subía y bajaba, pero al convertirlo en vivienda tenía que cumplir un montón de requisitos: que permitiera la entrada de luz, ventilación y dotarla de seguridad, porque al final estamos a pie de calle. Al final acabó siendo un cierre de lamas orientadas de tal manera que se viera solo las paredes laterales, permitiendo que todo el interior quedara completamente fuera de la vista, tanto es así que no tenemos ningún tipo de persiana para que toda la luz y la luminosidad entre por la puerta.
Antes contaba lo del cambio de uso, ¿este tema no fue especialmente complicado?
Ante un cambio de uso lo único que puedo decir es paciencia, paciencia, paciencia con el Ayuntamiento. Es verdad que tienes que cumplir muchos requisitos y tienes que justificar muy bien la normativa y este caso no fue una excepción. Hubo que leerse muy bien la normativa y justificar cada uno de los puntos.
Ese armario que puede verse detrás ha sido un diseño particular suyo…
Acabamos diseñándolo a partir de módulos estandarizados, haciendo un despiece. Lo he dibujado 50 millones de veces para conseguir que el resultado fuera el que es. Y la sorpresa fue que cuando lo montamos cuadraba todo. Mi tío es carpintero y me ayudó a hacer el despiece y a pensar cómo construirlo.
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