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Cantería Jaurrieta: cómo es trabajar la piedra en restauraciones de edificios históricos

Autores: @Lucía Martín (colaborador de idealista news), @luis manzano

Cuando Valeriano Jaurrieta se apuntó a aquel curso que un cantero jubilado ofrecía en Olite pensó que era un curso para cantar, confiesa su mujer, Agustina Rodríguez, en un frío y lluvioso día de noviembre en la nave donde se alojan sus creaciones. Pero aquello no iba de rimas ni de entonaciones, sino de picar piedra. Y, además, desarrollan bíceps, no crean que en esta pyme navarrica tiran mucho de máquinas.

Aquí, el trabajo es artesano, tanto que en una ocasión un colega le consultó cómo conseguía determinadas formas en la piedra y cuando le llevó a su taller, se quedó de piedra, valga la redundancia: esperaba un procedimiento mecanizado y aquí, salvo el corte de los inmensos moles de piedra, que suelen pesar entre 8 y 10 toneladas, todo lo demás se hace a mano, con cincel y martillo.

Pero volvamos a los inicios de esta cantería. Sin que el curso de formación en cantería hubiese finalizado, la diputación de Navarra sacó una oposición para canteros que acabaría sacándose Valeriano: estuvo trabajando para el gobierno de Navarra desde 1991 hasta 2001, cuando decidió, junto con su mujer, Agustina Rodríguez, ponerse por su cuenta. “Y lo hizo, yo creo, por trabajar aún más”, explica ella.

“Un 90% de nuestros encargos son restauraciones, años atrás estábamos al 50%: la mitad de nuestros trabajos eran encargos de particulares, obra nueva, casas de piedra. Antes se hacían de dos a tres casas al año, pero la última la hicimos en 2013”, explica Jaurrieta.

La crisis, y que la piedra es un material caro (amén de que hay otros materiales que la imitan) hicieron que fueran volcándose más hacia las restauraciones de obra antigua y cuentan con numerosas en su haber: “Hemos hecho muchas aquí en Olite, como el castillo, la iglesia de San Pedro, la iglesia de Santa María, también la catedral de Pamplona, hórreos, la catedral de Tudela, Roncesvalles…”, explica Rodríguez.

¿De dónde viene la piedra? En su mayoría, de Burgos: “Tenemos un consumo de piedra muy bajo, comparados con otros negocios, pero necesitamos unas piedras muy específicas”, explica Jaurrieta.

Para conseguirla podrían abrir cantera (aunque fuese para obtener muy poca cantidad de piedra) pero es un procedimiento tan farragoso que suelen acudir a canteras abiertas: “Se te exige lo mismo para extraer una cantidad pequeña de piedra que para una mina a cielo abierto, de gran impacto medioambiental. Es la misma Ley de Minas. Entiendo que se exija mucha documentación y papeleo, pero lo que nosotros necesitamos para las restauraciones muchas veces lo encuentras en las orillas de las carreteras pero la ley no te permite cogerlo. Para hacerlo necesitas autorización y eso supone mucho papeleo en muchos departamentos. Además, tienes que contratar un Ingeniero de Minas, dejar un aval bancario, pagar tasas… Y los plazos del papeleo pueden llevar años. No merece la pena, al final es imposible, así que tiramos de canteras ya abiertas, abrir una cantera para restauraciones es inviable”, cuenta Jaurrieta.

En una nave adyacente al taller se almacenan los bloques que primero pasan por una máquina de hilo de diamante. Después, a una cortadora para, posteriormente ir a otra máquina donde se cortan los despieces. Y ya, al banco de trabajo: “Donde está el cincel, el martillo y unos maletines que parecen de dentista”, bromea Rodríguez. Su consumo de piedra depende mucho del trabajo que les entre.

“No nos interesa producir por producir, no queremos producir metros y metros cúbicos de piedra. Nosotros somos como el traje a medida de la cantería”, dice con orgullo Rodríguez.

Esta apasionada de su trabajo es también, una mente inquieta: en el taller actualmente son 4 personas pero aún recuerda cuando en 2013 solo estaban ella y su marido porque se quedaron sin obras de particulares y el gobierno de Navarra dejó de restaurar. “Ser emprendedor es muy duro, trabajas muchísimo”, dice. No obstante, ella aprovechó ese parón forzado para poner en marcha otra idea que nada tiene que ver con la piedra: patentó un gadget de cocina de nombre Protesalpic que sirve para evitar las manchas en la pared cuando estás cocinando. “Y no veas lo que nos costó llegar al prototipo final y el dinero que nos dejamos por el camino”, añade sin perder su sonrisa.

La piedra es para toda la vida, recalcan y en este taller de Olite son felices trabajándola, conscientes de que quedan muy pocos artesanos por España que trabajen la piedra de la misma forma.

Artículo escrito por la periodista Lucía Martín