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Gestión de residuos o abono natural: así es El Boalo, uno de los pueblos más sostenibles de España

Autor: Cuántico Visual (colaborador de idealista news)

Son las 11:00 de la mañana y es tiempo de recreo. En el colegio público San Sebastián de El Boalo no solo se escuchan a los chavales gritar detrás de la pelota. Al fondo del patio, el cacareo de las gallinas atrae a los más pequeños que miran el pequeño corral adosado al centro escolar. Llaman a las gallinas con más gracia que suerte. Más de una docena campan a su aire. Detrás, está la pequeña huerta. Acelgas, patatas, ajos, guisantes y habas tienen su hueco.

A un lado tienen tres cubas enormes donde se realiza el biocompostaje. Una parte de los desechos del comedor del colegio acaba allí y se convertirá en futuro abono. La otra, alimenta a las gallinas. Los chavales son los que se encargan de llevar los restos al avicompostero y los padres se turnan para cuidar los animales y las hortalizas.

“Introducimos proyectos como este por su factor educativo. Creemos que es en los colegios donde podemos hacer más palanca de cambio para cambiar el concepto de sostenibilidad y la gestión de residuos. Aquí se establece además un diálogo entre profesores, familias y alumnos para mejorar las cosas”, asegura a Idealista/News el alcalde del municipio, Javier de los Nietos.

De los Nietos es un convencido de conceptos que marcan las políticas urbanas actuales: sostenibilidad, eficiencia, economía circular, gestión eficiente de residuos, etc. 

Hace dos años obtuvo una subvención del plan PIMA del Ministerio de Medio Ambiente.  Con la financiación se puso a trabajar la gestión de la basura.

“Los seis primeros meses tuvimos un trabajo de recogida puerta a puerta de la basura. Un  trabajo con 350 familias del que pudimos categorizar los restos. Ahí vimos que los objetivos de recogida de basura que nos pide la UE para 2035, que solo el 10% de los residuos no sean reutilizables ni tratables, ya lo cumplíamos. Así que seguimos potenciando el trabajo de gestión y la educación del proyecto. Los vecinos que no entendían esta política empezaron a verla de otra manera”.

Y llegaron los premios y las palmadas en la espalda. Primero, el reconocimiento de Red Waste Europe, luego, el premio al municipio más sostenible de España. Más tarde siguieron la visita de la ministra de Industria y Turismo o de varios responsables de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación para ver qué pasaba en este pueblo de la sierra de Madrid.

“Ahora, después de dos años de implantación del proyecto, hemos visto que ha habido un efecto llamada y las familias de entre 30 y 40 años vienen a vivir aquí. La población del municipio ha crecido más de un 4%, ahora mismo somos más de 7.500 habitantes pero como hay una sensibilización del proyecto en las familias, las toneladas de residuos han disminuido”, asegura, orgulloso, el alcalde.

En qué consiste el proyecto

Además de los avicomposteros y la recogida selectiva de residuos, el proyecto cuenta también con un rebaño de cabras guadarrameñas. Los animales realizan el desbroce natural de parcelas, reduce la posibilidad de que se produzcan incendios e incluso se produce carne y leche.  A pocos metros del corral de las cabras está la Quesería Maliciosa. Con la leche de cabra, María Jesús elabora quesos frescos, especiados y un tipo de queso curado. “Tras 16 años trabajando en una multinacional tecnológica, tuve la oportunidad en 2015 de desarrollar un nuevo proyecto en el mundo rural. Esto, para mí, más que un trabajo es una forma de vida”, asegura María Jesús.

Otro proyecto del municipio es Buenacompra, un portal gestionado por la asociación de Mujeres Punto de Luz. Veinte mujeres emprendedoras que promueven el comercio de proximidad y funciona como un mercado de abastos digital.

Y, además, el ayuntamiento cuenta con una fórmula para alargar la vida de enseres y utensilios. Una asociación del pueblo recoge los objetos que los vecinos no quieren, los clasifican y los etiquetan en una especie de “wallapop” municipal. “Llevamos unas cuantas toneladas de productos que podrían haberse convertido en residuos y hemos alargado su vida útil”, asegura Miguel Ángel García, técnico de medio ambiente, responsable de este proyecto.

¿Y esto en una gran capital es posible?

Esa es la gran pregunta. Educar y gestionar a 7.500 habitantes es factible pero hacerlo con una ciudad como Madrid parece misión imposible. “Para que en Madrid un proyecto como este funcione, lo que hace falta, es decisión política. Hay que quitarse los complejos. Hay ciudades como París que ya tienen rebaños desbrozando parques periurbanos; en las ciudades del norte de Italia, recogen y separan la materia orgánica según los estándares europeos y estamos hablando de ciudades de un millón y medio de habitantes. Hay que ser valientes”, asegura el alcalde de la ciudad más sostenible de España.