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El mercado avisa: el petróleo seguirá sufriendo altibajos y podría volver a precios negativos

Gtres
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El mercado está viviendo en los últimos años unas situaciones que parecían imposibles. Inversores que pagan intereses a los países por comprar su deuda, un euríbor en negativo que ha abaratado miles de cuotas hipotecarias, unos tipos de interés inexistentes en las principales potencias mundiales... y un petróleo cotizando por debajo de 0 dólares.

El pasado 20 de abril, y por primera vez en la historia, el precio de los futuros del barril de crudo West Texas (la referencia en EEUU) llegó a situarse en terreno negativo, hasta romper la barrera de los -37 dólares, mientras que el barril europeo Brent tocó mínimos por debajo de los 20 dólares.

Este dato, que ha sido catalogado por algunos analistas internacionales como “algo descabellado”, no solo es insólito, sino que además es completamente opuesto al que vimos en la anterior crisis económica.

En verano de 2008, el barril de Texas llegó a tocar máximos al acercarse a los 150 dólares por barril. En lo que llevamos de siglo, solo ha estado una vez otra vez por debajo de la barrera de los 25 dólares, coincidiendo con la famosa crisis de las puntocom. ¿Y por qué ahora se ha producido un escenario tan diferente?

Según Giorgio Semenzato, CEO de Finizens, la pandemia del coronavirus ha provocado esta situación única en la historia que viene provocada por el “dilema de cómo almacenar los barriles producidos, pero no vendidos”. Dicho de otro modo: ese día, los productores de petróleo pagaban a los compradores para que se llevaran el crudo, por el temor a que su capacidad de almacenamiento se les agotara.

Desde Link Securities sostienen que “las medidas de confinamiento y de paralización de la actividad productiva adoptadas por muchos países para combatir la propagación del coronavirus han provocado una fuerte caída de la demanda mundial de crudo (cercana al 30%)”.

Y añaden que “es evidente que el daño que ha provocado la paralización de la mayoría de las grandes economías mundiales es elevado y que la vuelta a la normalidad va a ser complicada y, quizás, más lenta de lo esperado en un principio. Además, no todos los países van a poder recuperarse al mismo tiempo, ya que antes de la crisis sanitaria, y concretamente en la eurozona, el margen fiscal de muchos de ellos era ya de por sí muy reducido. Además, la recuperación va a depender en gran medida del tiempo en el que los gobiernos hayan mantenido en “hibernación” las economías de sus países y de las medidas que adopten tras la crisis sanitaria”.

El desplome del precio del crudo se ha producido incluso a pesar de que los principales productores en el mundo han recortado la oferta. Y es que la demanda del oro negro ha caído a un ritmo todavía más rápido. Las cifras de mercado apuntan a que mientras la producción se ha reducido en torno al 10% (un recorte récord), la demanda lo ha hecho en algo más de un 30%.

Bankinter
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Con estas cifras sobre la mesa, el barril de Texas se mueve actualmente alrededor de los 25 dólares, mientras que el barril de Brent (la referencia en Europa) cotiza en torno a 31 dólares. Desde los mínimos de hace tres semanas, los precios se han recuperado con fuerza, aunque acumulan un descenso en lo que llevamos de año superior al 40% en ambos casos.

¿Recuperación o vuelta a precios negativos?

La pregunta del millón es si los precios ya han tocado suelo o si podríamos volver a ver caídas e incluso nuevos precios en negativo. Y lo cierto es que hay previsiones para todos los gustos. Todo dependerá de cómo vaya evolucionando la recuperación y el binomio oferta/demanda.

De mantenerse un equilibrio entre producción y consumo y bajo el paraguas de una pronta recuperación económica, algunos analistas creen los precios ya habrían tocado suelo y que la demanda se irá recuperando de forma gradual, por lo que el año que viene el barril Texas podría moverse entre los 50 y 60 dólares el barril, e incluso por encima de dichos niveles.

En esta tesis se mueve el banco de inversión estadounidense Goldman Sachs y también Pavel Molchanov, analista de energía de Raymond James, quien asegura a la CNN que “en algún momento el mundo volverá a tener sed de petróleo. Y aunque estamos en una crisis épica, y por difícil que sea creerlo, el siguiente paso es un boom".

Por su parte, Pedro del Pozo, director de inversiones financieras de Mutualidad de la Abogacía, sostiene que “probablemente el mercado de petróleo refleja, mejor que ningún otro, la incertidumbre asociada a la crisis del coronavirus. Y las previsiones son tan cambiantes como lo son las noticias de mejora sanitaria, a nivel global, o la de puesta en marcha progresiva de las economías”.

En todo caso, añade, “aunque la vuelta a terreno negativo sigue siendo posible, ya que las reservas se mantienen altas y la demanda es aún reducida, el mero hecho de que haya ocurrido una vez hace menos probable su repetición, ya que las posiciones de carácter especulativo son ahora más cautas".

Pero esta tesis alcista está vinculada a una fuerte recuperación de la demanda cercana a la que el mundo consumía antes de la crisis (unos 100 millones de barriles al día). Y de momento no hay garantías de que se vaya a producir este escenario; de hecho, buena parte del mercado ve más probable que la crisis se prolongue en el tiempo, lo que podría mantener el precio del crudo en unos niveles bajos. En el caso de España, al menos, ya hay expertos que retrasan a 2023 la recuperación plena del ‘shock’ económico provocado por el coronavirus.

Así, el gigante financiero japónes Mizuho no descarta un nuevo colapso y que el barril llegue a situarse cerca de los -100 dólares. Y no es el único que se muestra escéptico

Giorgio Semenzato, CEO de Finizens, también atisba más volatilidad y ve posible que volvamos a asistir a un escenario de precios del crudo por debajo de 0. “El precio del petróleo seguirá cayendo e incluso volver a alcanzar el signo negativo si no se reactiva la economía a muy corto plazo y si la OPEP no implementa una nueva estrategia de ajustes de extracción”, puntualiza.

La firma de gestión de inversiones privada estadounidense Neuberger se suma a las dudas y alerta de que "uno de los mayores riesgos para el mercado petrolero es un falso reinicio de la economía”.

Bankinter también se muestra pesimista sobre el comportamiento a corto plazo. “El confinamiento de la población provoca caída de consumo de gasolina, menor actividad industrial y paralización de vuelos. Además, una vez superada la pandemia, la desaceleración global anticipa demanda débil. EEUU será determinante en la demanda, porque es el primer consumidor mundial, y preocupa el alza del desempleo y una temporada de verano (‘driving session’) marcada por reducción de desplazamientos”, explica un informe del equipo de análisis de la entidad.

La firma de análisis independiente estadounidense CFRA Research, por su parte, insiste en que “la reversión histórica en los precios fue un recordatorio de las tensiones que enfrenta el mercado petrolero” y advierte de que los precios de junio podrían volver a caer. "Realmente no soy optimista sobre las perspectivas de las compañías petroleras o los precios del petróleo", ha asegurado a la BBC Stewart Glickman, analista especializado en el sector energético de la compañía.

Riesgo de quiebras empresariales

Al margen de las discrepancias que hay en el mercado sobre el futuro del precio, de lo que parece no haber dudas es del impacto que tendrá para las empresas petroleras que el precio se mantenga en unos niveles bajos durante un periodo de tiempo prolongado. El consenso alerta de cancelaciones en los planes de perforación, del cierre de pozos activos y del riesgo de que se produzca una oleada de quiebras, principalmente de empresas estadounidenses.

Y es que hay una sitúan en la barrera de los 40 dólares por barril el nivel más bajo en el que podrían seguir operando y obteniendo rentabilidad.

Según la firma especializada en el sector Rystad Energy, “en un entorno de 20 dólares, más de medio millar de compañías estadounidenses de exploración y producción petrolera se declararán en bancarrota a fines de 2021. Incluso en un entorno de 30 dólares, más de 200 productores estadounidenses irán a la quiebra”. Además, el lobby del sector petrolero en Reino Unido (OGUK) alerta de que las consecuencias no solo serán para las empresas del otro lado del Atlántico, sino que también tendrán repercusión en Europa.

En opinión de Bankinter, “el ‘momentum’ del petróleo es muy negativo”, por lo que recomienda a los inversores deshacer posiciones en el sector. “La volatilidad será muy elevada y consideramos probable de nuevo el futuro del West Texas en negativo, de manera puntual. El sector sufre una de las mayores crisis de su historia y la visibilidad en su recuperación es todavía reducida, con demanda débil por desaceleración económica, auge de energías limpias y tensión geopolítica”.

Por otro lado, Link Securities destaca que "lo acontecido con el precio del crudo ha servido de toque de atención a muchos inversores, y les ha hecho reflexionar sobre la complejidad del escenario socioeconómico que deberán afrontar las cotizadas a partir de ahora”.

Finizens, por su parte, sostiene que, si el precio del crudo no se estabiliza en un tiempo razonable, posiblemente “asistiremos a una serie de 'defaults' de los bonos emitidos por las empresas petroleras”, lo que supondrá un “alto riesgo de contagio hacia aquellos bonos menos líquidos y con peor calidad crediticia emitidos por empresas de otros sectores”.

Además, detalla que nos encontramos ante “un punto de inflexión para una nueva realidad de la industria petrolífera”, ya que las caídas que está registrado el precio del crudo en lo que llevamos de año se suman a la “pérdida de relevancia como principal fuente de energía a nivel mundial” que viene arrastrando desde hace años “debido al auge de las fuentes renovables. Por lo que “todo apunta a un declive inevitable de la industria del petróleo en el medio y largo plazo”.

En esa misma línea, el director de inversiones financieras de Mutualidad de la Abogacía habla de un impacto generalizado en el sector y explica que “los resultados de las compañías petroleras o de servicios del petróleo se van a ver naturalmente muy afectados por la evolución del precio del crudo. Esto incluye también al fracking americano. Sencillamente, a precios muy bajos, no merece la pena producir según cómo y según dónde. Debemos decir en todo caso que lo que hemos vivió es un shock de enormes proporciones, pero que irá remitiendo, a medida que la actividad normalice. En ese sentido, es de esperar que el consumo de energía en general y petróleo en particular vuelva a niveles parecidos a los de hace tan solo tres meses”.

Por ello, concluye que “si bien los beneficios de estas empresas para el año en curso van a reflejar el impacto, la cuestión es cómo van a evolucionar esos beneficios a futuro, lo cual, una vez más, nos devuelve a la pregunta esencial: cuánto tardarán las economías en volver a ponerse a velocidad de crucero”.