Información sobre vivienda y economía

Las arcas públicas se rinden al encanto del IBI: su recaudación se dispara un 118% en una década

Autor: Redacción

Las arcas públicas se rinden a los encantos del famoso Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI), que se ha convertido en el tributo con mejor evolución recaudatoria de la última década.

En concreto, esta figura local ‘levantó’ en 2014 13.145 millones de euros (2004 la recaudación se quedó en 6.029 millones), una cantidad que supera en un 118% a la registrada solo 10 años antes y que sitúa a España entre los países europeos que más recaudan con este tributo.

Esto significa que los ingresos que reciben los municipios se han duplicado en apenas una década. Un crecimiento que no tiene parangón entre los principales impuestos nacionales.

En el caso del Impuesto de Sociedades, la recaudación se ha reducido un 28% (si en 2004 se situó en unos 26.000 millones en 2014 se quedó alrededor de los 18.700), mientras que en el caso del Impuesto de Patrimonio y Actos Jurídicos Documentados (AJD) la caída ha sido aún más pronunciada al alcanzar el 48% (ahora se recaudan poco más de 6.500 millones, frente a los más de 12.700 de hace una década).

El resto de figuras tributarias también han registrado una evolución positiva, aunque ésta ha sido mucho más moderada que la del IBI. La recaudación de los Impuestos Especiales entre 2004 y 2014 ha aumentado un 9% (ahora supera los 19.100 millones), mientras que la del IVA ha crecido un 26% (se acerca a 56.200 millones) y la del IRPF se ha incrementado un 52% (en 2014 rebasó los 72.600 millones).

Gracias al fuerte incremento de la recaudación del IBI, los municipios pueden presumir de ser la única administración que tiene superávit fiscal, es decir, que tienen más ingresos que gastos. Sin embargo, el Estado, las autonomías y la Seguridad Social siguen arrastrando un déficit que les impide tener las cuentas saneadas.

El alza del IBI está en consonancia con el despertar del sector inmobiliario, que viene acompañado de un crecimiento de las compraventas de viviendas, la concesión de hipotecas y, en gran parte de España, de los precios de los inmuebles. Pero hay otra razón que explica la brecha entre este impuesto y los demás: muchos Ayuntamientos han evitado revisar el valor catastral de las viviendas a pesar de que los precios cayeron en picado tras el estallido de la burbuja. Con esta maniobra lograron estabilizar la recaudación del IBI mientras hacía las demás figuras tributarias hacían aguas.