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La deuda inmobiliaria de las familias sigue cayendo: así ha evolucionado en los últimos años

Los hogares siguen reduciendo sus deudas, sobre todo en lo que a la vivienda se refiere. Según los últimos datos del Banco de España, el endeudamiento inmobiliario de las familias cerró el mes de febrero en 525.736 millones de euros.

A pesar de que ese más de medio billón de euros es una cantidad muy elevada, lo cierto es que la deuda ligada a la vivienda en nuestro país sigue cayendo con fuerza. Solo en los dos primeros meses del año, el volumen se ha reducido en 2.779 millones de euros, lo que se traduce en una caída media de 47 millones de euros al día.

En los 12 últimos meses (de febrero de 2017 a febrero de 2018, último dato disponible), el desendeudamiento de hipotecas, créditos personales y líneas de crédito para la compra de casas se eleva hasta los 15.303 millones de euros, mientras que alcanza los 16.570 en los últimos 14 meses (desde diciembre de 2016 a febrero de 2018).

Y si comparamos el dato actual con el máximo de la crisis (entre mayo y julio de 2010 el apalancamiento superó los 680.000 millones de euros), descubrimos que la reducción es 10 veces más alta al rondar los 155.000 millones de euros. Así, la deuda ligada a la vivienda de los hogares se mantiene en mínimos desde 2005.

El hecho de que el volumen acumule varios años de caídas está estrechamente relacionado con las restricciones al crédito que se produjo durante la crisis y al hecho de que, a pesar de que el sector financiero cada vez está más volcado de conceder préstamos para la compra de vivienda, todavía los préstamos que se cancelan superan a los nuevos que se contratan. Desde 2012, y de acuerdo con los datos del INE, la cancelación de hipotecas ha superado prácticamente todos los meses a la formalización de nuevos préstamos.

Además, hay que tener en cuenta que, con unos tipos de interés en mínimos históricos, los hogares están consiguiendo amortizar mucho capital de sus préstamos.

“El ritmo de repago de deuda y de cancelaciones anticipadas sigue siendo superior al de la contratación de nuevas hipotecas, lo que significa que continúa la sangría de los saldos acumulados de la banca. Sin embargo, el sector está compensando esta caída con la fuerte apuesta del crédito al consumo, donde el saldo vivo sí está creciendo y además se están concediendo con unos márgenes mucho más elevados”, sostiene Juan Villén, responsable de idealista hipotecas.

Prueba de ello es que, si a cierre de 2016 el saldo de créditos de consumo duradero rondaba los 36.280 millones de euros, el pasado diciembre se acercaba ya a 43.900 millones. Una subida que está contrarrestando en el balance de los bancos el desapalancamiento ligado a la vivienda que sigue imponiéndose entre las familias.