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Madrid, más allá del centro: La Iglesia Rota renace en Orcasitas como centro medioambiental

Autor: Cuántico Visual (colaborador de idealista news)

Esta es una historia de barrio. De extrarradio. De símbolos y de detalles que insuflan un orgullo de pertenencia. Una esencia difícil de captar en un centro de ciudad gentrificado, fotocopia en muchos detalles de las otras grandes capitales del mundo.

Madrid es algo más que Cibeles, Gran Vía, Plaza de España y Atocha. La rehabilitación de Maris Estella, la Iglesia Rota, es el mejor ejemplo de ello.

La historia comienza antes de la guerra civil. En el barrio de Usera, en la zona sur de la capital, la familia Orcasitas tenía decenas de hectáreas de terreno. Ahí fue donde se asentaron los primeros trabajadores procedentes de Castilla La Macha y Extremadura que huían de la miseria buscando una oportunidad en la capital. Aparecieron entonces chabolas de forma espontánea y anárquica. Las condiciones de habitabilidad eran nefastas y parece que los dueños del terreno mandaron construir una ermita aunque no hay documentación que lo acredite. Era la Iglesia de Maris Estella, Estrella del Mar.

“Este templo fue el foco de los colegios religiosos que atendían a los niños de los poblados chabolistas ubicados en esta zona”, relata Mavis Sánchez, arquitecta municipal. “Durante el asedio a Madrid, en la última fase de la Guerra Civil, esta zona sufrió muchos bombardeos. En uno de ellos, la iglesia fue alcanzada. Un proyectil atravesó la cúpula y quedó solo la estructura. Por eso se le conoce como la Iglesia Rota”, afirma la arquitecta.

Tras la victoria de los militares insurgentes, la zona multiplicó las chabolas y el poblado creció. La iglesia sirvió como templo, comedor, dispensario de salud y escuela para niños de familias trabajadoras. Ya en la década de los 60, crece en el barrio un movimiento social. Nacen las asociaciones de vecinos y se multiplican las quejas por falta de agua, alcantarillado, luz, etc.  El movimiento se intensifica y consiguen que las autoridades aborden el problema de la vivienda. El proceso de construcción del barrio fue tan participado que los vecinos decidieron en asambleas hasta el color de los ladrillos de sus futuras casas.

Gracias a su movilización, los vecinos de Orcasitas consiguieron un barrio bien dotado, con grandes avenidas y múltiples espacios verdes que, ya en los 80, conformaron el parque de Pradolongo, de los más grandes de la capital.

Dentro quedó ubicada la iglesia de Maris Estella.  A pesar de que fue abandonada por esa época, se mantuvo como símbolo del origen del barrio. “La Iglesia es el único bien patrimonial del barrio. Está incluido en el catálogo de Edificios Protegidos de la Ciudad. Durante muchos años no hubo dinero para su rehabilitación, pero para los vecinos era importante recuperarla y poner en valor su patrimonio, así que han peleado por ello durante años”, asegura a Idealista/news la concejala de distrito, Rommy Arce.

En 2016 se realizó un proceso participativo con vecinos de la zona. Centenares de personas participaron en talleres para diseñar entre todos la nueva iglesia y dotarle de una nueva función. La mayoría del barrio que participó votaron porque se convirtiera en un centro de interpretación medioambiental dentro del parque de Pradolongo donde se pudieran organizar exposiciones, conciertos, talleres de empleo, etc.

El 23 de noviembre de 2017, la Junta de Gobierno aprobó una partida presupuestaria para que la EMVS (Empresa Municipal de Vivienda y suelo) rehabilitara el edificio. “Cuando nos encargaron el proyecto, me llamó la atención que en las primeras visitas que realizaba al distrito para informarme, ya fuera tanto en despachos como en casas particulares, siempre había una pintura, una fotografía, una acuarela de diferentes puntos de vista de la iglesia. Maris Estella y el lago del parque de Pradolongo son el símbolo del barrio. Así que la responsabilidad que tenía el equipo era tremenda. Hay mucha gente que tiene memoria y va a observar nuestro trabajo”, relata la arquitecta.

El presupuesto final del proyecto llega a los 3.350.000 euros. La intervención principal será la recuperación de la iglesia. “Ha sufrido muchos avatares y, aunque los materiales originales eran buenos, tiene múltiples problemas. Tenemos que eliminar las intervenciones que han degradado este edificio. Aunque no se trata solo de recuperarlo. En el exterior vamos a intentar poner de manifiesto la traza de la iglesia, bajamos la altura de las naves anexas de manera que quede la cruz latina que es junto la cúpula, el símbolo del barrio”, relata Sánchez a Idealista/news. Además, la iglesia contará con una iluminación ornamental que resalta su silueta dentro del parque. El resto de intervenciones serán aulas de interpretación, una zona para piragüistas y una cafetería con vistas al lago para complementar el uso cotidiano del parque.

La arquitecta asegura que para verano ya estará terminada la iglesia, que es la primera parte del proyecto. “Aunque insisto en que esto son 600 metros de los 1.600 que se van a construir. Eso, más los 5.000 metros de parcela que lleva un proceso de urbanización, creación de plaza y de espacios ajardinados. Pido a los vecinos que sean pacientes porque es un proceso bastante complejo. Yo creo que para el verano del 2020, si todo va bien, estará todo el proyecto terminado”, calcula la arquitecta.

“Va a ser un centro medioambiental pionero y un centro comunitario innovador. La Iglesia Rota se convertirá así en un punto atractivo para conocer y salir del centro de Madrid”, sentencia la concejal de distrito.

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