La ciudad colombiana de Medellín ha recibido el galardón de “Ciudad más transformadora del año”. Se llama premio Bravo. Lo otorgan los países latinoamericanos y es como ganar la Champions en el mundo metropolitano. Aunque en los últimos años ha recibido hasta 22 premios urbanísticos, hace no mucho era el cuartel general del narco Pablo Escobar.
Si uno echa la vista atrás y recuerda que en 1992 Escobar era el dueño y señor de esta ciudad colombiana, que asesinaba políticos y militares, y hasta que dirigía desde la cárcel su imperio de la droga, entiende a qué se refiere con ‘ciudad transformadora’. La verdad es que la ciudad se ha transformado.
Con 2,5 millones de habitantes y ubicada en un valle de los Andes dentro de la provincia de Antioquia, Medellín era a finales de los 80 y principios de los 90 el cuartel general del cartel de Medellín. El narcotraficante Pablo Escobar se había convertido en uno de los hombres más ricos de mundo con la exportación de cocaína, y su fortuna, según Forbes, oscilaba entre los 20.000 y los 30.000 millones de dólares.
Escobar había comenzado como contrabandista a final de los sesenta. En los 70 pasó a distribuir marihuana y cocaína, y muy pronto llegó a monopolizar este negocio. Con el dinero, compró influencias y llegó a ser nombrado representante en el Congreso. Para lavar su imagen, promovió diversas obras sociales en Medellín, edificaciones y espacios para la gente pobre, todo lo cual le granjeó un enorme cariño entre las clases más desfavorecidas.
Pero todo ello era fruto del tráfico de cocaína. El gobierno colombiano inició una persecución, y Escobar reclutó un ejército de sicarios que asesinaron políticos, militares, policías, jueces y periodistas. Se calcula que asesinó a 657 policías entre 1989 y 1993.
Al final, entró en prisión, pero desde allí dirigió sus negocios. Cuando el gobierno colombiano decidió quitarle ese poder, Escobar escapó tranquilamente. Fue abatido a finales de 1993 en Medellín.
Por eso, la ciudad ha estado marcada con este diabólico estigma durante décadas. Pero los ‘paisas’ que es como se conoce a los habitantes de Medellín, son extremadamente emprendedores.
Primero, desarrollaron un sistema de inclusión social de los miembros de las bandas de delincuentes. La alcaldía, sucesivamente, ha puesto en marcha programas de bibliotecas, centros educativos y parques. Además, es la única ciudad de Colombia que construyó un Metro, lo cual combina con sistemas de superficie de tranvía y autobús, y así se ganó en 2012 el premio de Transporte Sostenible.
Los espacios públicos fueron embellecidos con nuevos alumbrados, y se promovieron recintos para la celebración de congresos científicos, académicos y empresariales. También se crearon nuevos diseños urbanos sostenibles que le valieron un premio de la Universidad de Harvard. Según National Geographic, es una de las diez mejores ciudades del mundo para recibir la Navidad.
Desde entonces no ha dejado de recibir premios. The Wall Street Journal y Citigroup la denominaron “la ciudad más innovadora del mundo”. De ser una de las ciudades más inseguras de Colombia, hoy es una de las más seguras del país. Esa transformación ha servido para atraer inversiones y convertirse ahora en la más activa desde el punto de vista económico.
Con una temperatura de 22 grados, se la llama la Ciudad de la Eterna Primavera. Es el segundo centro económico de Colombia, después de Bogotá, pero los paisas esperan superar a la capital, porque consideran que son más emprendedores y organizados.
Todavía quedan muchas cosas pendientes como el elevado índice de pobreza, y la existencia de zonas urbanas de alta densidad, con pocas equipaciones. Pero la alcaldía espera continuar su política social, y disminuir esos índices para que no se conviertan en un estigma.
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