Información sobre vivienda y economía

Cómo consigue un arquitecto que las casas te entren por el oído

Wikimedia commons
Wikimedia commons
Autor: Hoja de Router (colaborador de idealista news)

A la hora de visitar una vivienda para su compra o alquiler, los futuros inquilinos deben fijarse en todos los detalles. ¿Es luminosa? ¿Qué tipo de suelo tienen la mayoría de las habitaciones? ¿Está en buen estado el parqué? ¿Cómo está equipada la cocina? ¿El baño es suficientemente amplio? Pero, al contrario de lo que podríamos pensar, no toda la información que recabamos entra a través de nuestros ojos. El oído también juega un papel clave.

Puede parecer irrelevante, pero la acústica de nuestros pasos en las distintas estancias de la casa resulta fundamental a la hora de tomar la decisión. Aunque a priori no nos percatemos, algo tan nimio como el sonido de la puerta al cerrarse puede influir en nuestra concepción de esa estancia.

No es lo mismo entrar a un edificio y escuchar tras nosotros el estruendo de una puerta de madera maciza que escuchar el impacto contra el marco de otra de menor calidad. El efecto sonoro de una y otra nos transmitirá mayor o menor seguridad al estar alojados en ese lugar.

Por esto mismo, los arquitectos deben tener en cuenta ciertos detalles acústicos. No se trata de algo baladí, pues el sonido ambiente -el ruido- repercute de forma directa en nuestra salud, nuestro comportamiento y en nuestra productividad.

Por esto mismo, tener en cuenta el oído no quiere decir que todas las construcciones tengan que tener una sonoridad similar. Ni siquiera todas las habitaciones de una misma casa. El arquitecto debe diseñar y construir los edificios atendiendo a la sensación auditiva que los inquilinos experimentarán en cada entorno y en cada sala.

No es lo mismo edificar una vivienda en el campo, donde una familia quiere compartir su tiempo de ocio, que en un bloque de oficinas en pleno centro de la Gran Vía de Madrid, por ejemplo. En este último caso, aislar las salas de reuniones y los despachos del terrible estruendo de las calles debe ser la principal preocupación del arquitecto, para así lograr que los trabajadores puedan desempeñar de la mejor forma posible sus quehaceres.

Durante mucho tiempo, salvo aquellos que debían diseñar estancias destinadas a acoger actuaciones musicales, los arquitectos han dejado totalmente desplazados sus oídos al planificar sus construcciones. Por regla general, tan solo prestaban atención a aquellos elementos que la vista de los visitantes iba a percibir y analizar. Habían olvidado que sonido y forma van unidos, que son dos factores inseparables al diseñar una obra arquitectónica. 

Las características del espacio en el que tiene lugar una conversación son claves para que la comunicación entre las personas implicadas sea óptima o ineficaz. Como señala el experto en sonido Julian Treasure, la acústica de las clases de un colegio es fundamental para que los alumnos puedan seguir correctamente las explicaciones de los profesores. Si la reverberación o el eco de un aula es demasiado alto (Treasure habla de 1,2 segundos), los niños situados en las últimas filas no podrán escuchar con nitidez aquello que dicen sus maestros.

En el caso de una escuela de música, la atención que requiere la acústica se multiplica. De ahí que los profesionales del estudio GAZ Arquitectos, encargados de diseñar y planificar la construcción del Centro Superior de Música del País Vasco, hayan necesitado hasta nueve años para que la distribución del sonido sea óptima tanto entre las estancias del interior del edificio, logrando que cada sala sea una “burbuja acústica independiente”, como a la hora de respetar el exterior para no molestar al vecindario.

Como explica Treasure, no solo se trata de que los alumnos puedan progresar o no adecuadamente en su educación, sino también de lo pernicioso que resulta para un profesor un aula con una mala acústica. Cuando en clase el profesor se ve obligado a alzar su voz, las pulsaciones de su corazón aumentan y las probabilidades de un infarto también. Otro ejemplo que menciona Treasure son los hospitales. Si el descanso es vital para la pronta recuperación de los pacientes, ¿por qué hay tanto ruido en las habitaciones?

Para hacernos una idea, basta con ver la simulación realizada por el estudio Adrian James Acoustics, con sede en Londres, cuyo cometido no es otro que ser los oídos de los arquitectos para asesorar a la hora de acondicionar la acústica de los edificios, para adaptarlos a aquello para lo que han sido concebidos. En sus simulaciones, nos muestran cómo el sonido se modifica al movernos por una estancia y cómo este puede mejorar para que, independientemente de nuestra ubicación, escuchemos el discurso con la misma calidad. 


De ahí la importancia de diseñar espacios no solo para la vista, sino también para el oído. Como explica el arquitecto británico Richard Mazuch, se trata de aplicar la “arquitectura invisible”. Consiste en algo tan sencillo como diseñar espacios que se escuchen tan bien como se ven. “El diseño de la experiencia, no de la apariencia” podría ser la máxima que sustenta esta teoría. Con eso mejoraremos nuestra salud, nuestro bienestar, la productividad y, por supuesto, nuestro comportamiento con quienes nos rodean. 

Los arquitectos tienen que asumir que las casas deben entrar por el oído. Que más allá del color de las paredes, de la amplitud de las ventanas, de la luminosidad, de que los techos sean más altos o más bajos o de la situación de la vivienda, resulta fundamental que la acústica de las construcciones contribuya al bienestar de quienes pasarán allí gran parte de su tiempo.