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Esta impresionante casa rusa recoge el legado del movimiento metabolista

Niko Architect
Niko Architect
Autor: Vicent Selva (colaborador de idealista news)

El siglo XX ha sido prolijo en movimientos artísticos, entre ellos el ámbito de la arquitectura. Uno de ellos es el que recibió el nombre de ‘metabolismo’, que se desarrolló en la década de 1960. Este término remite a un proceso de cambios químicos y biológicos que se producen continuamente en las células vivas de un organismo. Los jóvenes arquitectos japoneses que los llevaron a cabo trataron de reproducir, en cierta forma, el proceso metabólico aplicado a los edificios, como si se tratasen de seres vivos. Entre sus objetivos estaba el de desafiar las viejas ideas europeas sobre el urbanismo estático. El punto de partida lo marcó un manifiesto titulado Metabolismo 1960: Las propuestas para un nuevo urbanismo.

El movimiento como tal solo sobrevivió poco más de una década. “La Exposición Internacional de 1970 en Osaka, Japón, fue el último esfuerzo colectivo de los arquitectos metabolistas”, afirma Jackie Crave. Y añade que “después de eso, los arquitectos individuales del movimiento se volvieron autónomos y más independientes en sus carreras”. Sin embargo, si bien el movimiento dejó de existir como tal, muchos otros arquitectos han tomado alguno de sus principios para desarrollar sus proyectos, entre ellos la voluntad de crear edificios más sostenibles.

Una muestra de ese legado lo encontramos en la Casa en el paisaje, un proyecto diseñado por la firma rusa Niko Architect. Se trata de una residencia orgánica y futurista integrada en un paisaje artificial cerca de Moscú. Uno de los retos fue sacar partido de las limitaciones del contacto visual con el entorno externo. Para ello, el proyecto contempló la construcción de una zona privada con un paisaje, una terraza formada y un cuerpo de agua adyacente. La vivienda se desarrolla a partir de un concepto que se construye desde el exterior hacia el interior. Con esa fórmula se logra que casa se encuentre interconectada con el espacio exterior, formando una continuidad de flujo mutuo del paisaje hacia el edificio, y el edificio hacia el paisaje, realzado por un techo verde, en el que un jardín con plantas leñosas y herbáceas está organizado.

“La conexión del ambiente con el ambiente interno del hombre. La base del concepto. Las formas biónicas se ajustan orgánicamente a la percepción de una persona y afectan favorablemente el estado emocional interno. Humanismo en relación con el hombre”, explica el estudio en su página web.

La privacidad del espacio interior de la parcela se forma adicionalmente en el plano del edificio, debido a las alas diseñadas y la organización de las terrazas entre ellas. El estanque enfrente de la casa permite que se celebre un diálogo adicional entre el espacio interno y el entorno, la naturaleza fluye hacia el interior. Además, mejora la sensación de uniformidad de contacto de los materiales de acabado de la fachada y paredes interiores.

El edificio posee una superficie de 300 m2, que se distribuyen en una sala de estar, un comedor, un área de descanso y relax, tres dormitorios y una oficina ubicada en el segundo piso. El gabinete tiene un balcón con vistas al estanque y una piscina de desbordamiento ubicada en el lado opuesto del edificio.

El estudio ha trabajado para organizar el interior según el principio de integrar la galería de entrada en el espacio habitable, utilizando el marco del edificio como telón de fondo para la decoración y el arte, con esculturas y elementos decorativos con temas japoneses ocultos y formas simbólicas. En esta línea, cada mueble se interpreta como una obra de arte, mientras que los objetos de arte actúan también como elementos de zona de espacios residenciales y no residenciales, a partir de los cuales se articula el espacio.

Al ser concebido como en un organismo vivo, cada elemento dentro del proyecto está bien equilibrado y conectado con el todo, como el espacio externo, que se entrelaza con la sala de estar, el dormitorio y otras habitaciones de la casa. Se logra una conexión adicional con el entorno exterior con una serie de tragaluces circulares dentro del edificio, que están orientados al movimiento del sol y aportan abundante aire natural y luz al interior.