La arquitectura escultórica se ha consolidado como una de las grandes tendencias de la arquitectura contemporánea. Se trata de una tendencia que se enfrenta a los volúmenes ortogonales tradicionales con proyectos que buscan crear formas orgánicas, curvas y gestos que convierten el edificio en una pieza casi artística.
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Estas obras buscan generar identidad y destacar sobre el resto de edificios de sus alrededores. Este camino era el que buscaban arquitectos como Gaudí, u otros más recientes como Ghery o Hejduk.
Pero esta arquitectura no solo se debe a grandes nombres ni obras faraónicas, pequeñas viviendas también buscan esta diferenciación. En el norte de Londres, por ejemplo, se encuentra Runda, una vivienda unifamiliar que aprovecha su parcela irregular para construir una pieza de fuerte carácter formal que transforma una esquina urbana anodina en un elemento arquitectónico distintivo.
Un terreno curvo
Como hemos dicho, el punto de partida del proyecto es la geometría del solar, situado en el borde de una antigua fábrica de ladrillos. En él, el estudio Nikjoo en colaboración con la promotora Flawk, decidió amplificar las condiciones existentes. Así, afirman que “el terreno existente y su contexto han influido enormemente en el diseño. El terreno tiene una forma suavemente curvada en su borde, que se ha incorporado a la vivienda”.
A partir de esta premisa, la casa adopta una volumetría híbrida: un cuerpo principal rectilíneo que se alinea con la vivienda contigua y un volumen curvo más bajo que sobresale hacia la esquina, marcando la entrada. Este gesto genera una transición suave entre las tipologías vecinas y dota al edificio de una identidad propia.
La curva se convierte, así, en un tema recurrente en todo el proyecto. Para el estudio, “esta curva se integra aún más en el diseño de la vivienda a través de divertidas ventanas tipo ojo de buey, tabiques y techos suavemente curvados, lo que le confiere a la vivienda una forma escultórica única”.
La fachada se construye con una estructura de madera revestida de ladrillo en dos tonos, una elección que permite insertar la casa en el contexto urbano existente sin renunciar a su singularidad. De esta manera, su diseño conecta las casas vecinas de una manera significativa y con un propósito que resuelve el paisaje urbano, “algo retorcido”.
Espacios interiores fluidos
En el interior, la casa se organiza en torno a un eje central iluminado por una claraboya. Este pasillo distribuye las estancias principales y conduce a una zona de planta abierta que integra cocina, comedor y sala de estar. Una gran apertura conecta este espacio con el patio delantero, reforzando la relación entre interior y exterior.
La continuidad espacial se acentúa mediante el uso de materiales coherentes entre sí. Los suelos de madera y paredes de yeso unifican los ambientes, mientras que los elementos diseñados a medida aportan carácter. La cocina, por ejemplo, combina madera de pino, roble y cerezo con superficies de acero inoxidable y una barra de hormigón en la esquina.
Uno de los elementos más destacados es la escalera que conecta las tres plantas de la vivienda. Esta pieza, fabricada en roble curvado y acero inoxidable, refuerza el lenguaje orgánico del proyecto y se acompaña de una ventana circular que introduce luz natural.
En la primera planta se sitúan dos dormitorios y un baño, con acabados en yeso pulido y madera clara que aportan luminosidad. El dormitorio principal ocupa la planta superior, donde una claraboya circular y un gran acristalamiento de altura completa permiten la entrada de luz y el acceso a una terraza exterior.
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