Situada en el noreste de la República Checa, Ostrava es la tercera ciudad más grande del país. Aunque sus orígenes se remontan a la Edad Media, su verdadero desarrollo ocurrió en el siglo XIX con el auge de la minería de carbón y la metalurgia. En la actualidad, Ostrava está viviendo una transformación posindustrial significativa para convertirse en un potente centro cultural. Dentro de este contexto, la Plato Contemporary Art Gallery se erige como uno de los elementos más importantes de un complejo museístico en los antiguos terrenos industriales rehabilitados de Dolní Vítkovice.
El nuevo espacio expositivo está ubicado en un antiguo matadero del siglo XIX. Este edificio mantuvo esta función hasta la década de 1960, y posteriormente se utilizó como almacén y garaje. A lo largo de los años, el complejo histórico ha sufrido numerosos cambios arquitectónicos, entre los que destacan la apertura de grandes ventanales en sus muros exteriores. Incluso llegó a colapsar parcialmente. En la década de 1990, la ruina industrial fue finalmente incluida en la lista de monumentos protegidos del país. En 2017, las autoridades locales lanzaron un concurso internacional de diseño para modernizar el complejo, y el estudio polaco KWK Promes fue seleccionado para llevar a cabo el proyecto.
Un icono que renace de las cenizas
Robert Konieczny, fundador de KWK Promes, y su equipo decidieron resaltar, en lugar de ocultar, las huellas del turbulento pasado del complejo. “Las paredes del matadero estaban deterioradas y en muchos lugares tenían enormes agujeros. Los ladrillos llenos de hollín eran testigos de la historia industrial de la ciudad. Tomamos estas deficiencias al pie de la letra y añadimos otra capa a la historia del edificio, que se encuentra bajo protección para la conservación”, señalan.
En el proceso de rehabilitación, se puso especial énfasis en la preservación del carácter original del ladrillo y las ventanas del edificio, rellenando los huecos con materiales contemporáneos, mientras se mantenía la ornamentación histórica de las paredes de ladrillo. Para reconstruir las secciones del matadero que no sobrevivieron se empleó microhormigón.
El diseño del proyecto se enfocó en conservar la funcionalidad de las aberturas, permitiendo que los nuevos rellenos pudieran rotar y abrir las salas de exposiciones hacia el exterior. Esta flexibilidad ofrece a los artistas y comisarios nuevas oportunidades para interactuar con el entorno, haciendo que el arte pueda "salir" al espacio circundante. La movilidad de estas aberturas contribuye a que la cultura sea más democrática y accesible a un público más amplio.
Además, la conservación de la ornamentación resultó ser una solución práctica, permitiendo que las puertas se ajustaran al espesor variable de los muros de ladrillo. A pesar de su tamaño, las puertas proporcionan un sellado completo cuando están cerradas, y el mantenimiento de los mecanismos ocultos bajo el suelo es sencillo y solo requiere intervención anual. La torre, originalmente destinada a instalaciones del matadero, se conservó para que los elementos de instalación no interfieran con las fachadas históricas y los techos, manteniendo su función original sin afectar el diseño histórico del edificio.
Sobriedad en el interior y exuberancia exterior
El diseño interior mantiene una paleta de colores sobria, principalmente en tonos de blanco y gris, y utiliza materiales como cemento, concreto y ladrillo. Nada en el espacio se percibe como superfluo ni ornamental. Además de las salas de exposición, el antiguo matadero alberga espacios educativos, espacios para invitados, oficinas administrativas y una pequeña granja hidropónica. Los planes en curso para el área incluyen la creación de un pequeño parque verde y sostenible que reemplazará una gran plaza abierta existente.
Pero no solo el interior es interesante. El exterior es otra muestra de recuperación de un antiguo espacio adaptado a nuevos usos, para sensibilizar sobre cuestiones ambientales y de inclusividad, algo en lo que el estudio colaboró. “Al principio, imaginamos una superficie pavimentada para actividades artísticas, pero, a medida que conocimos mejor Ostrava, nos dimos cuenta de que el lugar necesitaba más espacios verdes atractivos para los residentes. La disposición de la vegetación hace referencia a la ubicación de los edificios que antaño sostenían el matadero y a los cultivos comestibles dentro de la galería”.
La galería Plato, diseñada por KWK Promes, constituye una forma original y audaz para promover la conservación y adaptación del patrimonio industrial. El complejo logra reconciliar pasado y presente, interior y exterior, arte y arquitectura, para convertirse en un nuevo referente para Ostrava, atrayendo tanto a locales como a turistas. “Al rescatar un edificio histórico y convertirlo en galería de arte, presentamos una solución que hace que el arte sea más democrático”, proclaman.
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