Anna Puigdevall, directora general de Som Habitatge - Unió de Propietaris de Catalunya - cuestiona con contundencia el rumbo de la política de vivienda y alerta de sus consecuencias en el mercado. “No es en absoluto coherente decir ‘necesito la inversión privada’ y, por otra parte, tratarla como culpable de todos los males”, sostiene.
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A su juicio, el foco se ha puesto en “soluciones a corto plazo que no están funcionando”, mientras el problema de fondo, que define como “estructural”, sigue sin abordarse. Puigdevall advierte de que medidas como el tope del alquiler “han fracasado” y “lo que han conseguido es cargarse la oferta”, al tiempo que denuncia que “el pequeño propietario tiene miedo” y está saliendo del mercado.
Frente a ello, defiende recuperar la seguridad jurídica y dejar de “buscar culpables” para empezar a trabajar en una estrategia real que permita aumentar la oferta de vivienda.
En su última entrevista defendía que “la mayoría de fondos rehabilitan pisos y aportan valor”. En pleno debate político sobre limitar su papel, ¿cree que se está demonizando injustamente a la inversión inmobiliaria?
Pues yo creo que sí, que realmente se está haciendo. Es más, por un tema de ideología política lo que se está haciendo es demonizar a todo lo que sería la inversión, pero que es una inversión absolutamente necesaria. Si las administraciones no están poniendo los recursos necesarios para generar y para rehabilitar todo el parque inmobiliario que nosotros tenemos o el que necesitamos, pues evidentemente lo va a tener que hacer la inversión privada. No es en absoluto coherente decir “necesito la inversión privada” por una parte, pero por otra tratarla culpabilizándola de todos los males o llamándola especuladora. Se necesita la inversión privada, sin ningún tipo de duda.
Usted apunta que el problema de fondo es la falta de oferta. ¿Por qué cree que el debate político sigue centrado en intervenir precios en lugar de facilitar la construcción de vivienda?
Lo que está clarísimo es que el problema de vivienda es un problema estructural, a largo plazo. No es un problema que se pueda solucionar de forma rápida. ¿Qué pasa? Que esas soluciones a largo plazo están costando muchísimo porque los gobiernos no están haciendo las políticas correctas para tener ese parque de viviendas. Entonces, como no se están haciendo esos deberes, lo que se está haciendo es presionar con soluciones a corto plazo que no están funcionando, pero que sirven para enmascarar el hecho de que no se está haciendo lo que se tiene que hacer. Son soluciones que sirven para decirle a la ciudadanía “sí estamos haciendo cosas”, pero no van en la dirección correcta.
Cataluña necesita decenas de miles de viviendas nuevas al año y no se están construyendo. ¿Qué está fallando exactamente: falta de suelo, burocracia o decisión política?
Suelo hay. Otra cosa es que esté donde lo necesitamos. Es clave el tema de las infraestructuras y el transporte público, porque hay suelos mal comunicados que hacen inviable su uso y todos queremos vivir en el mismo sitio. Tenemos que entender que necesitamos un país más distribuido.
Luego está la burocracia, que en estos momentos es absolutamente insoportable. Hace que todo sea muy lento y encarece el precio final. Si tienes que esperar uno o dos años para una licencia, eso es dinero que acaba repercutiendo en el precio del inmueble.
Y después está la voluntad política. No puede ser que por una parte digamos que necesitamos millones de personas más y por otra que no queremos construir. Son discursos incompatibles.
Ha sido muy crítica con el tope del alquiler. Con los datos actuales sobre caída de oferta, ¿diría que ya se puede afirmar que la medida ha fracasado?
Yo creo que ha fracasado y es evidente por varios motivos. Puede haber una pequeña parte de la población que esté más o menos contenta, la que ya tenía un alquiler y no le ha subido. Pero cualquiera que intente acceder ahora es prácticamente imposible porque no hay oferta.
Lo primero que han conseguido es cargarse la oferta del mercado. Y además, cuando hablamos de medias, hay que entenderlas bien: lo que estaba por debajo de la media ha subido hasta la media, encareciendo la oferta más barata sin mejorar su calidad. Y lo que estaba por encima ha salido del mercado hacia la compraventa.
El resultado es que la gente con más poder adquisitivo dedica menos porcentaje de su renta al alquiler (en torno al 19%), mientras que la gente con menos recursos está pagando alrededor de un 49%. Es decir, se ha encarecido precisamente la oferta más económica.
En el discurso público se habla mucho de “grandes tenedores”. Usted sostiene que la mayoría son pequeños propietarios. ¿Se está construyendo un relato político que no se ajusta a la realidad del mercado?
Cuando hablamos de gran tenedor, en realidad deberíamos hablar de quien tiene capacidad de manipular el mercado. Eso solo ocurre cuando tienes muchísimos inmuebles. En España hay muy pocos casos así.
Como no existen tantos grandes tenedores reales, se ha ido bajando el número para definirlos: de cientos a decenas, incluso menos. Eso demuestra que la mayoría de propietarios tienen pocas propiedades.
Se ha construido ese relato porque es más fácil cargar la culpa sobre el propietario que asumir que no se han hecho los deberes en política de vivienda.
¿Están notando ya de forma clara que los propietarios salen del mercado del alquiler por la inseguridad jurídica desde Som Habitatge?
Sin duda. El pequeño propietario tiene miedo: a la inseguridad jurídica y ahora también a las sanciones. Incluso para los que trabajamos en esto es difícil interpretar la normativa actual.
Para un pequeño propietario, cometer un error sin mala fe puede tener consecuencias importantes. Eso genera miedo, y la gente lo que no quiere es problemas. Al final muchos dicen: “lo vendo y ya veré qué hago”.
Usted ha señalado que muchas medidas responden más a “titulares” que a estrategia. ¿Qué decisiones concretas recientes le parecen más electoralistas que efectivas?
El tema del tope del alquiler. Es una medida que debería ser coyuntural y se está alargando continuamente. Se le da una vuelta más, otra más, aunque no sea la solución correcta, para generar titulares y dar la sensación de que se hace algo.
Deberíamos estar discutiendo dónde se construye, cómo se construye y quién gestiona el parque público. Pero estamos en otros debates.
Si dependiera de usted, ¿cuáles serían las tres medidas urgentes que deberían aplicarse mañana mismo para mejorar el acceso a la vivienda sin ahuyentar inversión?
Lo primero es trabajar la seguridad jurídica. Asusta tanto al gran inversor como al pequeño.
Segundo, dejar de demonizar al propietario. Es parte de la solución, no el problema. Hay que trabajar con él, no contra él.
Y tercero, dejar de buscar culpables y empezar a trabajar estratégicamente en una política de vivienda real. Parece que haya un colapso en la política de vivienda, igual que lo ha habido en sanidad o educación.
Mirando a medio plazo, ¿le preocupa que el actual marco regulatorio reduzca aún más la oferta y cronifique el problema? ¿Estamos en un punto de no retorno?
Yo espero que no estemos en un punto de no retorno, sino en un punto de retorno. Pero hay que empezar a hacer las cosas bien ya.
Tenemos que escuchar a todos: a quienes necesitan vivienda, a quienes la ofrecen, a los promotores… a todos los actores. Y trabajar juntos para solucionar el problema, en lugar de buscar a quién culpar.
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