El Corte Inglés ya no vive solo de vender: sus centros facturan 95 millones como activos inmobiliarios

Es la categoría que más crece de todo el grupo, por encima del retail tradicional, de los viajes y de los negocios financieros
El Corte Inglés ya no vive solo de vender: sus centros facturan 95 millones como activos inmobiliarios
Imagen generada con IA

El Corte Inglés cerró con un beneficio neto de 628 millones de euros, un 22,8% más que el año anterior, y unos ingresos globales de 17.247 millones. Pero más allá de los grandes titulares financieros, la presentación de resultados que el grupo ha difundido revela una transformación silenciosa en el modelo de negocio: sus centros comerciales están dejando de ser únicamente escaparates de moda y electrónica para convertirse en plataformas urbanas de servicios con lógica inmobiliaria propia.

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La línea que mejor refleja este cambio es la de comercialización de espacios, que creció un 14,4% en el ejercicio hasta alcanzar los 95 millones de euros de facturación. Es la categoría que más crece de todo el grupo, por encima del retail tradicional, de los viajes y de los negocios financieros, y lo hace a una velocidad que empieza a llamar la atención. El crecimiento se apoya en dos pilares: el rendimiento de los activos en tienda, donde destacan el aparcamiento y la infraestructura de recarga de vehículos eléctricos, y la contribución de los activos independientes, entre los que figura KUMO, el negocio de centros de datos del grupo que ya cuenta con una nueva instalación en Paterna, Valencia.

La lógica detrás de esta estrategia es clara. El Corte Inglés es uno de los mayores propietarios de suelo urbano prime de España, con establecimientos en las principales arterias comerciales de las ciudades más pobladas del país. Durante décadas, esa posición privilegiada se tradujo principalmente en ventas directas al consumidor. Ahora, el grupo empieza a explotar el potencial de esos metros cuadrados de una manera distinta: cediendo espacio a terceros, instalando infraestructuras de movilidad, alojando servidores. En esencia, comportándose como lo que también es: un operador inmobiliario de primer nivel.

La apuesta por rentabilizar el metro cuadrado más allá del retail puro no es anecdótica. El Corte Inglés destinó 567 millones de euros en inversión durante el ejercicio, con la mayor parte dirigida a activos comerciales, logística e infraestructura tecnológica. Ese esfuerzo se verá superado este año: el grupo prevé invertir 650 millones, un 14,6% más, según anunció en enero la presidenta Cristina Álvarez. La presentación desglosa esa inversión entre partidas de activos comerciales y logísticos, por un lado, y tecnología, por otro, lo que confirma que la transformación del espacio físico y la digitalización avanzan en paralelo.

Al mismo tiempo, el ratio de ‘loan-to-value’ de la cartera inmobiliaria mejoró del 11,4% al 10,5%, lo que indica que el valor de los activos crece más deprisa que la deuda. El grupo acumula una deuda financiera neta de 1.648 millones de euros, la más baja en casi dos décadas, con un apalancamiento de 1,3 veces el Ebitda. Esa posición de fortaleza es la que permite a la compañía afrontar inversiones de calado sin comprometer su solvencia, que tanto Fitch como S&P califican con BBB con perspectiva positiva.

El negocio tradicional, por su parte, sigue funcionando. El área de Moda y Belleza, que incluye joyería, relojes, deporte y cosmética, creció un 3,1% hasta los 5.882 millones de euros y se consolida como el motor del retail. Alimentación y Hostelería avanzó un 1,5%, con el Club del Gourmet como elemento destacado. Hogar y Electrónica aguantó con un crecimiento marginal del 0,3%, lastrado por la debilidad de la electrónica de consumo. Y Viajes El Corte Inglés sumó un 3,1% adicional, impulsado por el segmento vacacional y por el negocio de touroperación propio bajo las marcas Tourmundial y Club de Vacaciones.

El canal online registró más de 1.007 millones de visitas a las webs y apps del grupo, frente a los 891,7 millones del ejercicio anterior, con 16,3 millones de clientes registrados. La aceleración digital no ha restado protagonismo a la tienda física, sino que convive con ella en un modelo que el grupo describe como de eficiencia operativa en tienda reforzada, especialmente visible en el segundo semestre del año, cuando las ventas crecieron un 2,2% en términos comparables tras un primer semestre lastrado por condiciones meteorológicas adversas.

El cuadro que emerge de los resultados es el de una empresa que ha saneado su balance, acelerado sus inversiones y encontrado en la explotación de sus activos físicos una vía de crecimiento complementaria al negocio de venta minorista. La pregunta que queda en el aire es hasta dónde puede llegar esa línea de comercialización de espacios, hoy todavía modesta en términos absolutos pero con una trayectoria que apunta a convertirse en uno de los ejes estratégicos del grupo en los próximos ejercicios.

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