San Francisco ha recuperado el título de la ciudad con los alquileres medios más caros de Estados Unidos. Tras años de relativa calma, incluyendo caídas de los precios durante la pandemia, el mercado del alquiler en la bahía californiana ha vuelto a desatarse, impulsado esta vez por un actor nuevo y poderoso: la industria de la inteligencia artificial.
En menos de dos años, el precio medio en el área metropolitana de San Francisco ha subido un 18%, hasta los 3.728 dólares mensuales, según datos de la firma inmobiliaria CoStar. La cifra supera por primera vez desde 2019 a la del área metropolitana de Nueva York, históricamente su gran rival en el mercado de arrendamiento de la primera economía mundial. En los barrios más cotizados, los precios se duplican, y la ‘guerra de pujas’ están llevando algunos alquileres a cinco cifras.
Durante la pandemia, los precios bajaron más de un 7% en 2020 ante la huida de residentes hacia espacios más amplios y el auge del teletrabajo. Varias empresas aprovecharon para relocalizar sus sedes de forma permanente. Pero el fin de la era del trabajo remoto y el explosivo crecimiento de las compañías de inteligencia artificial con base en San Francisco han dado la vuelta a la tortilla.
Barrios como Mission Bay -zona costera donde OpenAI tiene sus oficinas- o SoMa, el antiguo distrito de almacenes donde se encuentra Anthropic, registran los mayores incrementos. La tasa de viviendas vacías en el área metropolitana cayó al 3,7% en el segundo trimestre del año, frente al 4,9% del mismo periodo del año anterior, el nivel más bajo de cualquier gran área metropolitana del país salvo Nueva York y San José. El resultado es un mercado en ebullición donde los anuncios desaparecen en cuestión de horas y los propietarios suben el precio en cientos de dólares de un día para otro.
Detrás de toda esta presión subyace un problema estructural: en San Francisco se construye muy poco. La nueva oferta residencial va muy por detrás de la de otras grandes ciudades costeras como Seattle o Nueva York. Los movimientos para impulsar la construcción en California han avanzado con lentitud, y cada proyecto importante despierta resistencia vecinal. En el barrio de Marina, una torre residencial de 800 unidades tiene a los vecinos divididos.
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