Hay objetos que nunca tienen sitio fijo. Se mueven de mesa a silla, de silla a encimera, en un ciclo infinito de indecisión. El problema no es que estén desordenados, sino que no tienen un lugar definido. Son los objetos sin sitio, que entran en casa sin que tú hayas tomado una decisión sobre ellos. Y mientras no la cierres, seguirán migrando de superficie en superficie. El orden se reduce a tres decisiones: tirarlos a la basura o ponerlo en un sitio más intuitivo para ti.