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El encanto de la España vacía - <p>A los sitios bonitos cuesta llegar, porque si no, iría cualquiera… Por eso, en nuestro periplo por dar fe de los seis pueblos más bonitos de España, según la revista The Times, hemos tenido que coger trenes, aviones, coches…: Tazones, en Asturias; San Martín de Trevejo, en Cáceres; Setenil de las Bodegas, en Cádiz; Níjar, en Almería; Bonilla de la Sierra, en Ávila y Roda de Isábena, en Huesca. Cada uno de ellos tiene sus particularidades, su propio encanto, su magia, pero todos, absolutamente todos, tienen algo que los hace únicos. Se acerca el verano, tiempo de vacaciones, de viajes, de relax, de descubrimiento. Pasen, vean y disfruten.</p>

El encanto de la España Vacía: Tazones, el pueblo asturiano con 16 restaurantes para 240 habitantes

Autores: @Lucía Martín (colaborador de idealista news), @Jone

Fue puerto ballenero en la Edad Media: hoy vive del turismo (hay 16 restaurantes para una población de 240 personas) y de lo que el mar sigue ofreciendo en forma de exquisitos pescados y mariscos.

“Ya sabíamos que era uno de los pueblos más bonitos de España, pero ahora ya lo  hicieron oficial”. Quien habla es Luis Batalla, orgulloso delegado territorial del municipio asturiano de Tazones.

Si alguna vez visitó Asturias con toda seguridad se dejó caer por este precioso pueblo enclavado entre dos montes: es uno de los imprescindibles en la ruta por esta provincia, tan pintoresco y auténtico, como si no hubiese pasado el tiempo por él. Por eso el periódico ‘The Times” lo eligió para su lista de los seis pueblos más bonitos de nuestro país.

“Son varias cosas las que atraen al visitante: esto es un puerto pesquero, todavía activo, y sigue como estaba en sus inicios. Eso limita a los vecinos, que no pueden cambiar la fisionomía de las casas (el pueblo es Conjunto Histórico Artístico), pero sin duda es uno de los atractivos para el turista. También, por supuesto, la gastronomía”, explica Batalla, que también ejerce como vicepresidente de la asociación de vecinos.

Del buen comer saben muy bien aquí porque por algo hay 16 restaurantes en la localidad (hablamos de un pueblo de unos 240 habitantes): el que viene a visitar Tazones no solo visita, sino que, inevitablemente, se queda a comer y eso a veces no es fácil, sobre todo si hablamos de temporada alta, durante el verano, porque los establecimientos no dan abasto como tampoco lo da el parking municipal, situado en lo alto del pueblo, donde se exige dejar el vehículo: “Aunque muchos no lo hacen y esto genera luego problemas aquí en el puerto”, explica Batalla.

Como localidad volcada al mar, que es de lo que siempre ha vivido Tazones (junto con el turismo en las últimas décadas), el pescado y el marisco son reyes de la mesa: centollos, andariques (nécoras), chopa (sargo), pixín (rape), mejillones, rodaballo, lubina, salmonetes… Por supuesto, regados con una buena sidra, que no sidriña, que no estamos en Galicia: “Se dice sidra o sidrina, y ojo con beberla como hacéis los madrileños, como si fuera vino”, bromea el alcalde.

Tazones fue, en la edad media, un importante puerto ballenero, lo cual favoreció el desarrollo económico y comercial de la zona: en el pueblo de hecho, hubo varias fábricas conserveras que cerraron hace tiempo. Hoy, como hemos dicho, vive básicamente del turismo y de lo que se pesca en el mar: “Hay ahora mismo siete lanchas pescadoras, con pescadores jóvenes”, aclara Batalla. Quién más, quién menos tiene un nexo directo con el Cantábrico: él mismo, por ejemplo, fue hijo y nieto de pescadores. “Mi tatarabuelo también lo fue. Yo hice la mili en un barco y cuando era joven salía a pescar chipirones, con lo que sacaba por ello me pagaba los gastos del cine y otros caprichos”, cuenta.

Batalla nos cuenta todo esto en uno de los lugares más emblemáticos del pueblo: la plaza del Riveru, que es donde se sacaban antaño los barcos cuando llegaban de faenar. Ahora llegan sobre las 12 horas y los hosteleros se acercan raudos a ver qué trae la captura. Los hay incluso que siguen poniendo a secar los pescados al sol, como el dueño del restaurante Rompeolas, situado en el puerto.

Tazones también es conocido por ser el lugar donde desembarcó Carlos V en septiembre de 1517, fecha en la que finalizó el viaje que emprendió para hacerse con el trono de España. Es por eso que el último sábado del mes de agosto de cada año se recrea el desembarco del monarca. Además, hay otras fiestas dignas de mención como la fiesta del Carmen, patrona de los marineros (primer domingo tras el 16 de julio); o las fiestas de San Roque, patrón de la localidad, que tienen lugar el 16 y 17 de agosto. Éstas últimas son las fiestas grandes del pueblo.

Si bien, nuestra recomendación y también la de nuestro interlocutor es venir en otras fechas con menos jaleo: “La mejor época para venir es primavera y también, los meses de septiembre y octubre”, aconseja.

El pueblo sigue teniendo escuela en activo, con ocho niños: el habitante más longevo es José Manuel, alias Vaporín, con 98 años. El más jovencito nació a principios de este año. No tienen centro de salud, y es una de las quejas de los tazoneros. Hay cuatro tiendas pero ya no quedan panaderías.

Una de las preocupaciones de Batalla es el cambio climático que está provocando la subida del nivel del mar: “Ya hemos visto alguna foto de una ola pasando por encima del restaurante La Playa”, comenta. No es de extrañar, considerando que este local tiene una terraza en la que prácticamente estás comiendo encima del Cantábrico.

Pero no nos vamos sin retomar el tema de la sidra, la bebida por excelencia de esta tierra: pero, ¿qué hacemos mal al beberla los madrileños? “Se bebe de golpe, así que lo mejor es pedir culines cortos. No hay que dejarla en el vaso: la sidra, al escanciarla se abre, y todos esos aromas se van sino te la bebes de golpe. Y es mejor tomarla de pie que sentado, porque tiene peligro”.

Damos fe, pero, ¡qué rica!

Artículo escrito por Lucía Martín, colaboradora de idealista/news

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