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La desescalada reabre el debate sobre la necesidad de rediseñar las ciudades

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Autor: @Lucía Martín (colaborador de idealista news)

Lola sale a pasear a las 20 horas de la tarde en el barrio de Ventas en Madrid y constata que la avenida al lado de su casa está como si hubiese una carrera popular. Leo, a la misma hora, sale a pasear en la localidad de La Guardia, en Pontevedra: en su trayecto se encuentra a tres personas. Está claro que no hemos inventado la pólvora: en las zonas rurales hay menos densidad de población y, por tanto, te encontrarás menos gente que en la ciudad.

Pero esto no solo tiene que ver con la densidad de población: desde que ha empezado la desescalada tras casi dos meses de confinamiento por el coronavirus, muchas voces sacan a relucir el diseño de las ciudades, que está pensado para la producción y los vehículos y no tanto para el esparcimiento de los ciudadanos ni para su tiempo libre.

Quizás, como afirmaba Leon Krier en esta entrevista, para hacer ciudades sostenibles hay que arrancar desde cero, hacerlas nuevas, porque sería demasiado costoso modificar las existentes.

En todo caso, la desescalada del confinamiento por el coronavirus ha puesto el problema sobre la mesa: ¿no pueden ser nuestras ciudades más acogedoras con las personas?

“La ciudad del siglo XX fue dimensionada a medida del coche. Las dimensiones de sus viales, las manzanas que las forman…, todo está pensado para optimizar el tráfico. En las últimas décadas, sin embargo, la corriente principal fue la de oposición al “urban sprawl”. La expansión de las ciudades en busca de áreas de menor densidad, donde los habitantes pudieran disponer de espacios abiertos, ha generado problemas difíciles y muy caros de gestionar (aumento de tráfico, necesidad de importantes infraestructuras, pérdida de superficies verdes, invasión de entornos ocupados por especies animales ahora en peligro, aumento de la contaminación y tiempo destinado al “conmute”, etc)”, explica Ignacio de Rojas, arquitecto y con un máster en Urbanismo y Proyecto Avanzado de Ciudad (MUPAC) de la Universidad de Alcalá de Henares (UAH).

Esto nos ha llevado a la tendencia actual, que es precisamente la inversa: “Concentrar la actividad y la vivienda en centros urbanos densos, tratando de minimizar los desplazamientos diarios (una vez más el teletrabajo se muestra fundamental) y optimizando las infraestructuras urbanas para servir a un mayor número de unidades (inmuebles). Se construye en altura para minimizar la superficie colonizada. Se proyectan edificios que pueden considerarse barrios, concentrando en ellos diversos usos (residencial, oficinas y espacios de ocio). Los niveles inferiores se diseñan para el esparcimiento, el contacto con el exterior y la práctica de ejercicio físico, proyectando viales que favorecen los desplazamientos peatonales, en bicicleta y, en caso de distancias mayores, transporte público”, añade.

El arquitecto continúa: “Casi el 55% de la población mundial vive en ciudades existentes (se espera que alcance en 60% antes de 2030) así que implementar zonas con mayores espacios exteriores libres, calles más anchas, mayor número de parques…es algo poco viable por los motivos explicados y, aunque lo fuera, representaría algo insignificante en el total de la superficie construida mundial. Ese no es el camino”.

Pero y entonces, ¿cuál es el camino? “La experiencia demuestra que la ciudad es algo vivo, aquellas altamente planificadas mantienen su orden establecido durante un tiempo pero posteriormente se van “descontrolando” a medida que son ocupadas por corrientes migratorias…, así que probablemente la adaptación no pase por cambiar la ciudad existente, sino por cambiar la forma de utilizar los espacios disponibles, especialmente flexibilizando los horarios de la actividad laboral y comercial, acabando con la rígida distribución tradicional de días y horarios laborales/fines de semana de ocio, y sustituyéndola por una forma de vida en la cual cada uno trabaje/descanse/consuma según sus necesidades o apetencias disponiendo en todo momento de todo lo necesario para ello”, finaliza.

Y más allá de las ciudades, los pesos pesados del mundo de la arquitectura en España también ven necesario repensar las viviendas, potenciando los espacios abiertos y flexible y adaptándose a la nueva forma de vida tras la pandemia del covid-19.