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Autores: Lucía Martín (colaborador de idealista news), @Jone

De sol saben mucho en este tejar artesano situado en Horcajo Medianero, un pueblecito de Salamanca, porque lo soportan con estoicismo a lo largo del verano, época en la que están fabricando tejas, ladrillos, baldosas… (están activos desde marzo/abril hasta finales de septiembre). Hace unos años colocaron una sombrilla para que los rayos del astro rey no fueran tan implacables, pero aún así, el moreno que lucen los hermanos al frente del negocio evidencia que en según qué momentos, y más si el horno que cuece las tejas está encendido, este trabajo puede ser duro de verdad.

Carlos José Martín y su hermano están al frente de este tejar que inauguró su padre hace 45 años. El progenitor, que hoy cuenta con 83 años, todavía se pasa por allí para echar una mano a sus hijos de cuando en cuando. Es el único tejar de la zona y probablemente, sea el único de España en seguir haciendo tejas artesanas y secándolas al sol, como paso previo a meterlas en el horno. Y quien dice tejas, dice ladrillo macizo, baldosas… todos realizados con arcillas que ellos mismos excavan en unos terrenos de su propiedad y que transportan hasta el tejar, donde las amasa durante un par de horas el caballo Cuco.

Pero empecemos por el principio: Carlos José aprendió el oficio de su padre. Y éste, del abuelo. Y éste, de su progenitor también, un oficio que ha pasado de generación en generación aunque quizás él y su hermano sean los últimos en hacerlo: los sobrinos parecen no estar interesados. Mucho trabajo artesano para unas tejas que pueden venderse por unos 32/33 céntimos de euro.

La arcilla llega al tejar y se mezcla con agua, utilizan un caballo para amasarla durante horas y no es por nostalgia: en una hormigonera no conseguirían la misma mezcla. “El cemento suelta pero esto se hace una bola como de plastilina”, aclara Carlos José. Una vez amasada, se tapa con un plástico y se va sacando según necesidades de producción: se necesitan unos 2,5 kilos de arcilla por teja. ¿Cuántas pueden hacer al día? “Unas 700/800 tejas”, comenta.

Todo es artesano como demuestran las manos de nuestro anfitrión, de piel bien suave porque estos baños de lodo son estupendos para la epidermis: en una mesa coloca la mezcla, en el molde, encima de una cama de arcilla seca para evitar que se pegue. Acto seguido la va amasando con un palo mojado, como si de una base de tarta se tratase, para que la arcilla quede uniforme. Una vez extendida, su hermano la recoge en un molde de madera denominado galápago.

Y van al sol, formando hileras: en verano se secan en un día. Los ladrillos, rústicos, llevan un molde diferente. Una vez se han secado, pasarán a un horno, donde se cuecen durante 12/13 horas: el horno tiene una capacidad para 10.000 piezas. “Tenemos que esperar después unos 5/6 días para sacarlas. Pasan a los palés y para vender”, explican.

Siguen utilizando las técnicas de siempre con apenas intervención de maquinaria, salvo la máquina que carga los palés o los camiones que cargan la arcilla: “Es la única innovación, antes se hacía todo con los brazos”, añade José, el patriarca, quien comenta que hay que conocer bien la materia prima para que la teja salga bien: “Y también cómo mantener el fuego, que no sea mucho ni muy poco. Alguna vez pasó, pero pocas, aclaran, que la producción se estropeó por un fuego muy fuerte. “Hay que controlar bien el fuego para conseguir una buena teja y que no quede recio”, afirma Jose. Porque si no, a la intemperie, acaba estropeándose. Si una teja no está bien cocida, con el hielo y la lluvia acaba partiéndose.

Sus tejas se han repartido por toda la geografía española, para particulares, obras nuevas, restauraciones, instituciones: por ejemplo, algunas han ido al pozo de las Nieves en Salamanca, a la muralla de León y a muchas iglesias y edificios de la zona.

Carlos nunca fue a la playa, dice. Tampoco parece importarle: él es feliz con este oficio, aunque tenga que hacer tejas con un sol abrasador a las 15:30 de la tarde, en pleno agosto. ¿Repetiría en el oficio si pudiese volver a elegir? “Sin duda”, afirma.

Próximo episodio: Puri la vidriera

Artículo escrito por Lucía Martín, periodista y colaboradora de idealista/news