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Autores: Lucía Martín (colaborador de idealista news), @Jone

Nadie diría que esta anodina nave de Atarfe, cerca de Granada, esconde ese saber hacer con la madera: un saber hacer que no es nuevo, sino que cuenta con años de historia. Es propiedad de la empresa Los Tres Juanes, formada por carpinteros especializados en el arte nazarí y mudéjar, un arte que cuenta con mucha tradición en esta ciudad andaluza. Basta pasear por sus calles para darse cuenta de ello.

La pyme, cuyos inicios tuvieron lugar en una escuela taller que se creó con el objetivo de rehabilitar la ermita de Los Tres Juanes, en el mismo municipio de Atarfe, cuenta con una trayectoria de más de 20 años y están especializados en la carpintería de armar: armaduras de cubierta y alfarjes, estructurales o decorativos, con cualquier diseño de lacería, tallas o mocárabes. Se fundó como cooperativa y actualmente sus socios son Fernando Alanis, Juan de Dios García y Luciano Ramírez. “A lo largo de los años hemos ido añadiendo otros oficios que íbamos necesitando, como tallistas o pintores”, explica Luciano Ramírez.

“El oficio de la carpintería mudéjar se había perdido, fueron los maestros de la escuela-taller quienes nos despertaron este gusanillo. Nos metimos en esto cuando descubrimos el abandono que había de esta modalidad de trabajo. Lo primero que hicimos fue buscar documentación, no creas que había mucho. Conseguimos hacernos con varios libros de arte mudéjar y conseguimos trabajar con especialistas en la materia como el arquitecto Enrique Nuere Matauco, que también ha traducido algunas de esas obras”, explica Ramírez.

También han trabajado con otros arquitectos como Rafael Manzano, realizando obras para particulares (como las rehabilitaciones de cármenes en el Albaicín) o restauraciones en el museo Picasso y Thyssen de Málaga, el Monasterio de San Pelayo en Cevico Navero, la iglesia de Santa María de los Reales Alcázares en Úbeda, el Palacio del Condestable en Pamplona, etc. Los trabajos en el museo Picasso, por ejemplo, les llevaron año y medio. También han desarrollado proyectos en Los Ángeles, Argelia y Bahréin.

¿Qué madera es la que utilizan en sus trabajos? Cualquiera, pero sobre todo la que más usan es una reutilizada que proviene de USA y que cuenta con más de 300/400 años de antigüedad: se la denomina “movila” y es de pino: “Que es la que se utilizaba antaño en todas estas obras, se tiraba de madera de pino”, aclara. El artesano explica que el pino es una madera relativamente blanda, que el cedro y el iroko, por ejemplo, son mucho más duras.

A ellos les gusta recuperar antiguas maderas y cada vez que pueden, lo hacen: por ejemplo, en un rincón se amontonan vigas antiguas que fueron muros de carga en una fábrica de tabaco en Usa: “Hay gente que se dedica a localizarlas y te las vende, como los que trabajan con la chatarra pero en este caso hablamos de madera”.

En la nave, por la que pasea a su antojo Odín, un hermoso pastor alemán manso como un corderito, convive la maquinaria de última generación con las herramientas tradicionales de siempre porque, como afirma Ramírez, “la máquina no te hace el artesanado mudéjar”. Por ejemplo, la gubia, con la que uno de los artesanos de la empresa (son 14 en total) se afana en una roseta de madera. Y es que algunas de las piezas que elaboran son realmente complejas: “Una de las más dificultosas son los mocardes, se trata de una terminación de un artesanado que le da un aspecto de racimo a la madera. Hoy es muy fácil dibujar con los medios de los que se dispone pero cuando ves cómo lo hacían antes, es sorprendente lo que conseguían hacer”, explica el artesano.

Un artesanado tipo, sin que sea muy complejo, les supone unos dos meses de trabajo: las restauraciones las suelen hacer in situ y actualmente por ejemplo, están rehabilitando el convento de Santa Clara en Loja y un palacio en Alicante.

¿Cuánto suelen costar al cliente estos exquisitos trabajos? “Entre 800 y 2.000 euros el metro cuadrado”, dice.

El año pasado recibieron el premio Richard Driehaus de las artes de la construcción, que premian cada año a los más destacados maestros de los distintos oficios de la construcción tradicional, y que son convocados por el International Network for Traditional Building Architecture and Urbanism. “Llevábamos mucho tiempo detrás de él y ha sido un orgullo que nos lo den”, finaliza el carpintero.